Literatura en el Bravo: Entre el miedo y la esperanza
José Ángel Leyva
Es la primera vez que cruzo la frontera con Estados Unidos, la primera que visito territorio gringo. Desde joven cultivé mi desinterés por el coloso del norte a donde van a vivir los que nada tienen qué perder porque se los han arrebatado todo en su patria, los que no saben leer, los que han perdido la esperanza o los que teniendo un bienestar sufren los embates de la violencia y la inseguridad y no sienten ya confianza para caminar sin sobresaltos en sus calles, o los que llenan sus arcas con la rapacidad y el saqueo para luego refugiarse en la certidumbre que ofrece la sociedad estadounidense. Es la primera vez que más allá de mis prejuicios surgen preguntas que me duelen.

Un festival cultural y un encuentro de escritores en el marco de una serie de acontecimientos que nos estremecen aunque no nos sorprenden. Lo que significa que no hemos llegado aún al punto de reconocer que nos hemos acostumbrado o insensibilizado ante la muerte, la mentira, la tragedia, la burla y la estupidez. Recortes presupuestales a la educación y a la cultura del tamaño, como diría un funcionario, directamente proporcional al despilfarro de quienes nos representan, los gastos de campaña de partidos políticos sin escrúpulos y sin principios, pero con familias amplias, de la corrupción de quienes gobiernan y administran en permanente campaña. Iniciativas de impuestos para todos, terrorismo fiscal contra la clase media, terrorismo áereo anunciado un día antes a manos de un pastor boliviano, tormentas en la Ciudad de México que paralizan no sólo el aeropuerto internacional sino la vida de sus habitantes, tormentas que dejan en claro que esta es una urbe que ya no puede más, que ha rebasado sus límites desde hace tiempo, pero sigue creciendo. Violencia, muerte, catástrofes, desorden, caos nos congelan la sonrisa fácil.

Lêdo Ivo (de Brasil), Silvestre Clancier ( de Francia), Ada Castells (de Cataluña) y yo, asistimos a un programa de radio. Llegamos un poco tarde y nos antecedió una entrevista con una mujer de nombre Lucinda que dijo representar a una organización llamada: Pacto en acción. Anunciaba una conferencia a cargo de Sergio Fajardo Valderrama, ex alcalde de Medellín, Colombia, a quien conocí en su último año de gestión política porque dio un discurso breve y hasta literario en la inauguración del Festival de Poesía de Medellín, en el 2007. Un hombre joven que comenzó a cambiarle el rostro a una ciudad asolada por la violencia, una ciudad que ahora ofrece como recorrido turístico un paseo por sus bibliotecas. La conferencia se ofrecía en lo que Lucinda calificaba como una situación de extrema violencia en Chihuahua… y parece que en todo el país. El título de la conferencia: “Del miedo a la esperanza”. Porque la entrevistada confesaba, somos presa ya del terror, nos tiene paralizados el miedo y necesitamos romper esta inercia que nos arrebata el espacio público, que nos obliga a encerrarnos en las casas, que nos despoja de la confianza en nosotros mismos, que nos borra como ciudadanos. Necesitamos, decía, actuar, participar, exigir. Sobre todo esto último, exigir que nos devuelvan el país, las instituciones, la confianza y la dignidad ciudadana, el orgullo de ser. Creció la pobreza y se desvaneció la esperanza, creció la corrupción y desapareció la tranquilidad. No podemos dejarnos arrastrar por la resignación y el miedo, no podemos huir, debemos atajar el miedo, insistía Lucinda al locutor con aplomo y elocuencia.

¿Cuál ganará esta batalla?
Irene y Martha, chicanas, nos invitaron a comer a casa de la madre de la primera. Comentaron mientras nos llevaban a un mirador. A ellas les gusta pasar a Ciudad Juárez porque se baila, se canta, se divierten, pero reconocen que es una aventura riesgosa porque desde que pasas la policía no aplica la ley, sino el desorden. “Allá he tenido que pagarle a las autoridades por haber cometido o no una infracción, me han detenido para pedirme mordida”, dice entre risas Irene. “Acá la policía no es lo mismo, si intentas sobornarla te llevan a la cárcel, si cometes una infracción pagas multas muy elevadas; aquí la ley es la ley”, remata Irene con su español fronterizo.

Mi lectura en Ysleta High School me dejó un buen sabor de boca. Los alumnos decoraron el salón con versos de mis poemas, con líneas de mi biografía, con fotos, con frases de bienvenida. Todos latinos angloparlantes. “¿Son bilingües?” pregunté al encargado de mi traslado, un chicano de ascendencia chihuahuense: “bilingües no, algunos hablan un español entrecortado y corrompido porque en sus casas aún hablan restos de español, pero ésta es una nación que exige el inglés como lengua única, nos quiere hacer monolingües, nosotros nos resistimos, por eso es muy importante que los escritores en español vengan a platicar con los niños y los jóvenes, vengan a leerles sus obras en esa lengua que medio hablan sus padres.” La experiencia es conmovedora. Adolescentes de 14, 15, máximo 16 años de edad, piden poemas de amor, de amistad, de la naturaleza. Se notan contentos, agradecidos. Dos lecturas más en una universidad y en una biblioteca. Los públicos atentos, ávidos de preguntar e incluso de adquirir los libros de los escritores invitados. Por la noche el retorno a Ciudad Juárez.
Cruzamos la frontera y me dejó estupefacto una escena que contrastaba con la de la mañana cuando, como a esa misma hora, las 23 hs, aún permanecía una larguísima fila de coches que abandonaban México para internarse en Estados Unidos. Nadie nos pidió pasaporte, ni siquiera identificación para internanos de nuevo en Ciudad Juárez. Cualquiera puede entrar a México, nuestra frontera está abierta a todo lo que venga de allá, sin requisitos, sin registro; estamos abiertos y expuestos a lo que entre del otro lado, donde, como dice Irene: “La ley es la ley”. Pueden entrar armas, delincuentes, toda la basura humana y ni siquiera acusamo recibo. ¿Cómo entender un país que cierra su frontera a los países del sur con la misma o mayor exigencia (virulencia) que la que impone su vecino del norte a los ciudadanos mexicanos?
Aún me quedó otra inquietud sembrada por la curiosidad de Ada Castells por la mañana: “México sorprende por su cultura, por una clase intelectual muy culta ¿cómo os dejais secuestrar por la ignorancia?” No obstante, hoy es 15 de septiembre, y el pueblo dará el grito de independencia con un espíritu patriotero que hará olvidar por unos instantes la vergüenza, el miedo, la zozobra.
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