El poeta veracruzano, quien se ve a sí mismo como tiempero de sincronicidades nos habla del escritor ruso y afirma que Singer es el Rulfo judío, el narrador de lo fantasmal en Yiddish.

La Sincronicidad e Isaac Bashevis Singer. Víctor Toledo

Domingo 8 de julio del 2012. En un callejón solitario del puerto laberíntico de Cádiz por el que me perdí, al detenerme y preguntarme cómo hacen para que no se derrumben los viejos edificios que se inclinan peligrosamente sobre el empedrado, aparece, de pronto, a mi espalda, el arquitecto Luis Bosch y me dice: “sé lo que está usted pensando, precisamente yo soy el encargado de enderezar esos edificios, lo hacemos con una técnica de tensores pues ya tienen varios siglos”. Al inquirir cómo salir de ese caracol (que es el centro de esta fabulosa ciudad andaluza y del que no está lejos La arboleda perdida del otro marinero en tierra como yo, Rafael Alberti) para regresar a mi hotel, me acompañó hasta la plaza siguiente donde me podría orientar mientras me contaba lo raro de su apellido –después de presentarnos– de posible origen holandés.

Al despedirnos, al inicio de una bifurcación, a lado izquierdo, vi una casa con libros usados a la venta, entré y lo primero que vi fue Un día de placer de Isaac Bashevis Singer (relatos de su infancia) en traducción de Andrés Bosch, el tío escritor del arquitecto del cual me había hablado cuando supo que yo era poeta. La obra de Singer en esta era del vacío (también en las librerías dominadas por la mercadotecnia) es casi imposible de encontrar. Acababa de leer El esclavo el único libro que circula en librerías (excepto sus cuentos maravillosos para niños como El alrevesado emperador de China (perfecto retrato de nuestro mundo invertido y pervertido, donde lo feo es bello y los malos buenos y viceversa), Mazel y Shlimazel  y Gólem, el coloso de barro difíciles también de hallar).

La caza de Sincronicidades se hace en general en solitario, sin pensar en ellas, surgen espontáneamente. Creo que soy no sólo un “Portador de serpientes”, como me explicaron los astrólogos rusos de mi signo (que cae el 22 de noviembre), sino que –por esto quizá- soy un tiempero1 de Sincronicidades (dicho con humildad convencida del texto –tejido cósmico- y su contexto sagrado). Carl Jung explica que en los mejores momentos de iluminación hay un fino equilibrio entre la locura y la revelación: la magia.

        Singer es uno de los más grandes escritores del siglo XX, uno de mis favoritos, retrató las últimas comunidades judías de Europa del Este, especialmente la de Polonia (Varsovia y los pueblos perdidos en el bosque en los límites con Rusia y Moldavia), dominadas por los rusos o alemanes y viviendo en una atmósfera hostil con los polacos y exterminadas por los nazis en el holocausto.

Los rabinatos donde se dialogaba por última vez con Dios –siguiendo sus auténticas y milenarias tradiciones- desaparecieron para siempre y los judíos no volvieron a ser los mismos en sus contados sobrevivientes neoyorquinos u de otras partes del nuevo éxodo. 

           Israel Yehoshua Singer, el hermano rebelde,  con La Familia Karnowsky, da un marco socio histórico apropiado para entender aún más a Isaac en este contexto -momentos antes del holocausto de la segunda guerra mundial-, entre Polonia, Alemania (sobre todo) y la huida de los sobrevivientes (pudientes, en general) a Nueva York.

        Si bien uno está más preocupado por lo histórico e ideológico (Israel) y el otro más por el misterio y la mística de la gran tradición judía (Isaac), los dos retratan profundamente las disputas filosóficas, metafísicas, místicas, regionales y tradicionalistas del vasto pensamiento cabalístico –inserto en la modernidad- entre las distintas corrientes, pueblos y sabios judíos. Su infinita erudición y su neurosis por dialogar con Dios y demostrarlo, o negarlo, en ocasiones, en enfermiza apostasía (de aquí se origina mucho de la fantasía e ironía borgiana).

Polonia sería el centro de la judería teniendo como gran opositor su versión alemana, abarcando Austria, Hungría, los países bálticos y Rusia en esta gran saga deslumbrante del florecimiento del pensamiento hebreo antes de su terrible gehenna: la casi total destrucción por el nazismo.

               Pasó un buen tiempo hasta que en un golpe de suerte, en una librería de viejo en el viejo centro de la Ciudad de México, encontré otros dos textos acompañado de una de mis hijas: En el tribunal de mi padre2 y la obra maestra de relatos: Un amigo de Kafka. El novio de mi hija, nieto de un famoso escritor, obsesionado con mi afición, no paró de buscar hasta encontrar en esas maravillosas librerías de viejo otros dos: Shosha: magnífica novela apasionante acerca de la infancia, la juventud y el primer amor –quizá- del escritor, donde también retrata a su hermano mayor, el otro gran escritor, revolucionario y apóstata: Israel3.

En otra librería del viejo centro –todos ejemplares únicos- hallé otro increíble libro de relatos: Una boda en Brownsville. Los temas son los mismos: la búsqueda de Dios, el diálogo y la discusión con Él, las milenarias tradiciones judías de su cultura, comida, y religión, la discusión de los misterios divinos, de lo sagrado y del Ser a través de la obsesiva práctica religiosa, los grandes filósofos, o la apostasía erudita de este maravilloso pueblo.

        Singer es el Rulfo judío, en muchos de sus cuentos los muertos están más vivos que los personajes con vida, nuestro mundo es el reino de la muerte donde purgamos nuestras condenas. El realismo maravilloso, su correlato mágico,  fue antes en Singer que en el Boom latinoamericano. Nació en Radzymin, cerca de Varsovia, en 1904, recibió el Nobel en 1978 “el escritor más importante en lengua yiddish [todos sus cuentos o relatos son generalmente biográficos y  traducidos de esta lengua] y quien mejor ha sabido testimoniar los avatares de las comunidades judías sometidas a cambios sustanciales cuando no a una nueva y dolorosa diáspora […] el crepúsculo de un mundo en trance de desaparición, tanto como las tradiciones seculares y los viejos ritos y costumbres de la vida del ghetto de Varsovia, constituyen para él fuente de inspiración siempre renovada” dice la contraportada de Un día de placer.

El frankismo4 (del pensador judío Frank del s. XVIII) no me cabe duda, es una influencia fundamental no sólo en la comunidad del modernismo judío europeo sino en varios relatos de Singer como en la novela Shosha. El pueblo hebreo ha tomado erróneamente el camino de Jacob y no el de Esaú, es decir, ha tomado, engañado por éste, el camino del demonio, no estamos en el reino de Dios puesto que el reino del Señor es el de la vida, el de la vida eterna, y no el de la muerte, por lo tanto el franquismo prescribe ubicar la religión, la sociedad y sus leyes al revés: el anarquismo y la libertad social o la perversión sexual, las orgías, son buenos porque van en contra del engaño del demonio para tener al pueblo enajenado y esclavizado. “Pero los seguidores de este movimiento eran auténticos creyentes que en las promesas de una utopía terrenal y anarquista encontraron la solución que el judaísmo rabínico les negaba […] Asumir una falsa apariencia y adaptarse a todas las religiones del mundo, sea cual fuere su nombre, y así engañar al mundo, manteniendo oculta en su corazón su fe y esperando de Dios escondidamente la  bienaventuranza” (Sholem). El franquismo fue un Gólem religioso (defensivo y libertario como el monstruo).

En otro relato Jachid y Jechidah, de Una boda en Brownsville, los personajes describen claramente que la Tierra está habitada por muertos y que sólo en el cielo está la vida. La mística española, como la de San Juan de la Cruz, se nutre de esta idea que tiene sus raíces en la Cábala. La muerte es una expiación, una depuración que sufren en la tierra los espíritus degradados y lanzados como castigo a este mundo inferior. En su Lenguajes y Cábala, Gershom Scholem, el gran erudito judío -tan admirado por Jorge Luis Borges (quien, deciámos, tiene una gran influencia de la literatura hebrea)- profundiza en el “camino al abismo” de la rebelión franquista de la subversión y destrucción “de todos los valores judíos que predicaba el nihilismo de los franquistas, se combina la experiencia histórica del judío polaco con una irrefrenable nostalgia del mundo que le había sido negado” (p. 186), no obstante “debe su fuerza a la inspiración gnóstica y a la utopía mesiánica” (p. 192). El descenso al abismo para hallar ahí la vida recuerda la filosofía del Ser de Heidegger y la poética del ángel abierto al vuelo del abismo de Rilke, a Singer entre el milagro y la fe, entre la Sincronicidad o la duda (de sus personajes)5. Es la rebelión y revelación judía contra el Mundo. Es el abismo existencial que se abre entre las dos guerras mundiales que son una sola en realidad.

        La religión judía está basada en la interpretación (y reinterpretación ad infinitum) perfeccionista de sus libros sagrados, un rabino es un intérprete que ejerce una alta poética, y la escritura donde se encuentra Dios y que crea al mundo puede crear un Gólem, un monstruo (que muestra) si tiene una mínima falla en la escritura ejercida por el demiurgo, como en el famoso poema de Borges.

        “En la Cábala los pensamientos son objetos. La más leve imperfección puede dar resultados totalmente opuestos a los pretendidos […] Los errores en las letras son asunto grave. Un error en una letra, en el acento de una vocal, basta para destruir la Tierra.”. (Un amigo de Kafka, p.67).

 “De regreso, pasamos ante una vieja sinagoga, y Kafka comenzó a hablar del golem. Kafka creía en el golem e incluso estaba convencido de que el futuro nos depararía otro golem. Forzosamente tenía que haber palabras mágicas capaces de convertir un montón de arcilla en un ser vivo. ¿Acaso Dios, según nos dice la Cábala, no creó el mundo por el medio de pronunciar sagradas palabras? Al principio era el Logos. Sí, todo no es más que un inmenso juego de ajedrez. Siempre temí a la muerte, pero ahora que estoy que estoy con un pie en la tumba he dejado de temerla. No cabe duda de que mi adversario planea jugar lentamente. Seguirá con su táctica de quitarme todas mis piezas, una a una. Primero, me quitó mi arte de actor, luego me convirtió en pseudoescritor. Y tan pronto hizo esto último, me dio esa parálisis que afecta a algunos artistas de la pluma, incapaces de escribir media palabra”. (p.16)

“Con la excepción de Dios y las piedras, todo es locura”. (p. 69)  La narratología de Singer acentúa que la carencia de fe puede conducir a la locura, por lo que la fe que salva, de la demencia o la paranoia, es el diálogo con lo divino que libra de ésta, la columna lúcida (de luz) que nos sostiene.

“¿Y quién mantiene el mundo en pie sino la Palabra del Todopoderoso? Si retira su Palabra la creación volverá al caos primigenio”. (Singer, p.65)

La Sincronicidad (la coincidencia “acausal” con un mensaje de renacimiento) en la obra de Singer es notable.

        Jacobo Grinberg, innovador científico mexicano,  sicólogo, investigador de la UNAM, desaparecido extrañamente en los setentas estudiaba el shamanismo mexicano y la dermoóptica, la lectura con la yema de los dedos con no invidentes, algo que aparece idénticamente en un relato de Singer6.

         “Entonces a nuestro pueblo llegó un viejo. Había nacido en Babilonia y había recorrido todo el mundo, obrando milagros. Si alguien le cogía la mano y le ponía los dedos sobre un escrito, este viejo leía con los dedos. Decía que las letras se le aparecían en la Visión. También curaba a los enfermos. (Un amigo de Kafka, p.66) [como Jacobo Grinberg con la shamana Pachita] Nunca he conocido a hombre tan sabio. Me confesó que era la reencarnación del Rey Salomón.” (p. 67)7.

        La Sincronicidad muestra que el tiempo ni la muerte existen, con nítido reflejo ello se vislumbra en la gran obra mística de Singer, donde “la muerte en la Tierra es temporal e ilusoria, un judío y un medio de purificación”:

        “No hay palabras que puedan expresar cómo era aquel cántico de los ancianos. Con roncas voces entonaban variaciones de un solo tema. Cada suspiro, cada acento transportaba a las más altas esferas. Los cuerpos no pueden cantar así. Era un murmullo de almas dirigido al Señor del Universo […] Miré hacia la puerta y vi que el rabino entraba. Tan pasmado quedé que ni miedo tuve. Le reconocí: la misma imagen, la misma forma, la misma barba. Como flotando se dirigió a la silla vacía y se sentó en ella. Durante largo tiempo reinó un terrible silencio, Un silencio como nunca había experimentado y como nunca he experimentado desde aquel día. Entonces volvieron a elevarse los cánticos, primero en tono bajo y luego más alto. Era tal como está escrito: “Todos mis huesos hablarán.” Había en el cántico una alegría capaz de dar muerte al alma. Quienes no hayan oído aquel canto jamás sabrán cómo son los judíos, ni qué es el espíritu […] ¿Y qué hay de insólito en lo que acabas de contar? Lo mismo ocurrió en el caso del rabino Jehudah. Después de morir volvía a su casa todos los viernes por la noche para bendecir el vino. El Talmud lo dice. (Singer, Un amigo de Kafka, 1985, p.p. 63-64-65)

“El señor sigue siendo el mismo. Para Él no hay cambios. Y si ahora ocurren menos milagros, nosotros tenemos la culpa, y no Él”. (p.64)

         “La muerte no existe. ¿Cómo puede existir la muerte cuando todo forma parte de la Cabeza de Dios? El alma nunca muere y el cuerpo nunca está realmente vivo. Pero algo hay entre ambos, algo que no es totalmente materia, ni es totalmente forma. (p.65)

“La esperanza es, en sí misma, la demostración de que la muerte no existe”. (p. 76)

La Sincronicidad es una “coincidencia” significativa con un mensaje trascendente, es el diálogo con lo sagrado que destruye al tiempo y su linealidad, es la esencia del mito, de la poesía, de la estructura narrativa de los grandes narradores. Coincide con la catábasis, su Anábasis y el mensaje del Sentido profundo del Ser -y por ende de la vida- que nos otorgan.

ALGUNAS CITAS SINCRÓNICAS DE SINGER

De Un amigo de Kafka

 “En otros tiempos me hubiera desesperado, pero en esta ocasión dije a mi adversario: ‘Si quieres que coja una pulmonía, te diré que no tengo nada que objetar.’ Me alejé de casa y me fui a la estación de Viena. El viento casi me llevó en volandas. Fui a pie porque, a aquella hora de la noche, hubiera tenido que esperar tres cuartos de hora para coger el tranvía. Al pasar ante la asociación de actores vi luz en una ventana. Cuando subí los peldaños, la punta de mi pie tropezó con algo que produjo un sonido metálico. Me incliné y vi que era una llave. ¡Mi llave! Las probabilidades de que encontrará la llave de mi casa en aquella oscura escalera eran una entre mil millones, pero, al parecer, mi adversario temía que rindiera el alma antes de que él estuviera dispuesto a recibirla. ¿Fatalismo?”. (p.17)

“Bessie vio una blanca mariposa en el aire. Estuvo posada unos instantes sobre un automóvil aparcado y luego reemprendió el vuelo. Bessie sabía que aquella mariposa era el alma de un niño recién nacido, ya que las verdaderas mariposas no vuelan de noche. En otra ocasión Bessie despertó y vio una bola de fuego, como una iluminada burbuja de jabón, que saltó de un tejado a otro luego se hundió detrás de un edificio. Y Bessie comprendió  que se trataba del espíritu de alguien que acababa de morir. (p.44)

“Tengo tres álbumes llenos de fotos suyas. Sí, es lo único que me queda.  

¿Le ocurrió algo?

No, no, y que el Señor no lo permita. No le ocurrió nada de lo que usted piensa. Vive y goza de buena salud. Como decimos en yiddish, así sobreviva a mis pobres huesos. Hizo lo mismo que su padre. Me dejó. Mientras me necesitó, fui su querida “mamá”, su “mamita”, su darling. Pero en cuanto obtuvo la licenciatura en la Universidad de Smith, y conoció a un muchacho rico salido de Harvard, comenzó a encontrarme defectos. Lo preví todo, supe inmediatamente cómo acabaría con la misma seguridad con que sé que hoy cenaremos aquí, tomaremos café y nos iremos a casita. Desde luego, no sé cómo y por qué medios lo supe, pero lo supe. Hay gente que dice que soy vidente. A veces pienso en alguien a quien no he visto en años y de repente se abre la puerta y aparece el alguien en cuestión. (p.222)

“¿Y qué es un sino?

La trampa que uno se tiende a sí mismo. (p.227)

“Un buen día me levanté y pensé que en la casa en que vivíamos alguien se caería de una ventana aquel mismo día. Vivíamos en Varsovia, en la calle Twarda. La idea de que alguien se cayera de la ventana a la calle no me gustó ni pizca, en realidad me dio miedo. Bueno, el caso es que salí de casa para ir a la escuela, entonces estudiaba cheder, y cuando volví encontré el patio atestado de gente […] Me pasaban con tanta frecuencia que era absurdo pensar en simples coincidencias. Cosa rara, pensé que lo mejor era que ocultara estos poderes  como si fueran una fea mancha de nacimiento en la piel. Y al pensar así estaba en lo cierto, ya que tener esta clase de poderes es una desdicha. (p.230)

“Yo entré, miré y vi que sobre la cabeza de Zelda brillaba una luz, igual que si llevara una lámpara como las que se encienden en la Hanukka. (p.231)

Desde entonces he visto brillar la misma luz sobre la cabeza de muchos que debían morir poco después”. (p.232)

“En todo gran amor concurre un elemento de telepatía.

La muchacha en la que tanto pensaba venía a mí”. (p.232)

“Una vez en que al regresar a casa totalmente agotado tenía que encontrarme con Manya, pensé: sería maravilloso que Mana tuviera la regla y que no me viera obligado a pasar la noche con ella. La llame y me dijo: “Me ha ocurrido algo rarísimo, me han venido las vacaciones –así llamaba ella a la regla- en mitad de mes […] Únicamente cuando hechos como el que le acabo de contar se repitieron innumerables veces comprendí que gozaba del poder de dar órdenes al cuerpo de Manya […] Después le di mentalmente la orden de no volver a pensar jamás en el suicidio”. (p.235)

En el tribunal de mi padre

“Cuando un macho y una hembra se desean mutuamente, sus pensamientos se encuentran y cada cual puede prever lo que hará el otro. (p.38)

“Muchas veces deseé que ocurrieran cosas imposibles, y de repente ocurrían. Pero mis deseos se cumplían de manera tan caótica que era como si los poderes ocultos intentaran demostrarme que yo no entendía mis propias necesidades”. (p.55)

De La Casa de Jampol

“El día anterior al de su fallecimiento, Andrey había hablado de la muerte. ¿Qué había dicho? Que, en caso de morir, no quería que nadie llorase por él, ya que una persona muerta es como una persona que no haya nacido. Lo dijo medio en broma. (p. 433.)

“Zipkin volvió a pensar: aquí ha ocurrido algo. Mientras se dirigía a casa de la familia Damzinger, Zipkin había tenido el presentimiento de que iba a tropezar con dificultades”. (p. 343.)

“Dirigió a Ezriel una mirada de burlona familiaridad, diciéndole:

 -Que extraña coincidencia, ¿verdad?, yo le escribo una carta, y mi padre le encuentra en el parque. También conocí por pura casualidad a su cuñada, la condesa. Luego le contaré los detalles de este encuentro” (pp. 216, 217)

         O granicero. Para un buen entendimiento de esta tradición shamánica mexicana alrededor del volcán Popocatépetl, donde el tocado por el rayo –que ha salido ileso pero se ha convertido en un elegido- puede llamar la lluvia o alejar el granizo entre otras misiones, consúltese, por ejemplo, la obra del antropólogo Julio Glockner (donde los volcanes son dioses, espíritus que se comunican con los pueblos de sus faldas): Los volcanes sagrados, mitos y rituales en Popocatépetl y la Iztaccíhuatl, México, Grijalbo, 1996.

        Frank era el primer judío que iniciaba en Europa esa línea, que ha jugado un importante papel en la psicología de muchas comunidades judías en tiempo de persecución, y hasta hoy mismo. Esaῡ representa lo no teológico, lo elemental y terreno, lo no profano y degradado por lo espiritual, mediante mentiras y engaños, como en las solemnes soluciones aportadas por todas las religiones (p. 190.)

         Tengo planes de publicar una selección de Grinberg, como director de una colección de la editorial Leviatán en Buenos Aires, justamente y sin conocerlo, uno de los asesores de esta casa, el poeta ecologista Miguel Grinberg presentador de un libro mío, encontró en una librería de viejo de allá – después de que se los mencioné- un libro del mexicano -del mismo apellido-, que él no conocía. Jacobo se adelanta en décadas al reciente libro del célebre científico Rupert Sheldrake que comprueba metodológicamente la realidad de la telepatía.

         Recientemente me reencontré –casual: acausalmente- con un amigo pintor, en la presentación de mi libro Permutaciones compuesto por poemas metatextuales y palindrómicos, de influencia cabalística -teníamos casi 20 años que nos habíamos perdido-, me contó que se venía encontrando con amigos mutuos desde hace un mes, y con nuestros amigos íntimos una semana antes, también me contó que Jacobo Grinberg –no habíamos hablado antes de él- era uno de sus shamanes-científicos favoritos y que lo había ido buscar a su despacho en la UNAM, antes de su misteriosa desaparición.

  1.         NOTAS ↩
  2.          Que contiene varios relatos de Un día de placer. El rabino que describe Singer en Polonia, era una especie de juez y consejero de su barrio o comunidad, la casa del rabino donde también ejercía su oficio religioso, el Beth Din, al decir de Singer: “era suerte de combinación de tribunal civil, sinagoga, casa de estudios, y si se quiere, consultorio psicoanalítico donde los espíritus atormentados podían venir a descargarse…” Singer tomó y aprendió mucho de los personajes que acudieron en su infancia y adolescencia a consultar a su padre. ↩
  3.          Agradezco a Jorge Márquez Murad el regalo de la celebrada novela de Israel Yehoshua, La familia Karnowsky. Junto al de Shosha, y el Golem, regalos de Fernando del Paso (nieto), por motivo de mi cumpleaños. ↩
  4.          “El ‘camino al abismo’ que Frank tan incansablemente predicaba, era un anticlímax, la emancipación de una  espiritualidad exagerada. (Scholem, G., 2006, Lenguajes y Cábala. Madrid: Biblioteca de ensayo Siruela, p. 191.) ↩
  5.          “Los franquistas representan la forma más radical de una herejía popular judía en la que la crisis social y espiritual del judaísmo en sus formas antiguas alcanza su más vehemente expresión […] como un intento de incorporar al judaísmo al modo europeo de vivir el más acá , renunciando a su contenido específico, pero sin renunciar a su vocación”.  (Sholem, p.p. 202-203.) ↩
  6. ↩
  7. ↩