Arlette Luévano (Aguascalientes, 1976), Gerardo Miranda (Estado de México, 1989), Mayola Cruz Flores (Zacatecas, 1989) y Alberto Paz (Baja California, 1987) son los jóvenes poetas que nos muestran su obra a través de la acción exploradora de Jair Cortés.
DIVERSAS GEOGRAFÍAS XI
Jair Cortés
Después del desastre, y a pesar de él, la Poesía sigue nombrando las cosas que a veces ya no están o aquellas que habrán de existir después. El poema como canto y como queja, como resistencia y como rendición en la siempre generosa casa de la Revista La Otra. Arlette Luévano (Aguascalientes, 1976) comienza por nombrar lo que nombra, la herida que deja la guerra en el lenguaje y en el espíritu: “Nadie se atrevió a pensar que la guerra nunca acaba,/ que el polvo, inevitablemente, lo cubriría todo:/ la piel, los pensamientos, el destino”. Su poesía, melancólica, busca encontrar en el decir la última esperanza. Para Gerardo Miranda (Estado de México, 1989) el poema es un surtidor de fuerza y rabia, su musicalidad es un galope, un estallido cuyas esquirlas alcanzan a fragmentar la realidad y su envés: la literatura: “allí donde la inmortalidad/ caminaba a sus anchas/ nuestras sombras ateridas/ se diluían con el sudor y la saliva de las horas…” Poeta que busca en la palabra un diálogo con personas convertidas en personajes, Miranda explora las diferentes emociones que el ser humano experimenta. Para Mayola Cruz Flores (Zacatecas, 1989) El poema es un rito funerario, la palabra busca no sólo retratar la muerte en el ser querido sino trascender esta tenebrosa experiencia y cruzar más allá de la vida y la enfermedad para encontrar el sentido de la existencia: “este dolor se me desgrana como gusano/ quítame del cuerpo estos picos/ y las espinas de tuna en los huesos/ no más morfina ni zopilotes”. Mayola Cruz Flores vela, por medio de la palabra, los restos de lo vivo y erige un monumento íntimo para los que se han ido. Por último, Alberto Paz (Baja California, 1987) busca explicar, incesantemente, por medio de la palabra poética el vertiginoso mundo que le ha tocado vivir, un universo de referencialidades espirituales y mediáticas: “Así cuando menos lo esperemos, la virgen nos dirá que podemos besarnos, Buda nos dirá que podemos besarnos, Jesucristo Superestrella nos dirá que podemos besarnos, Mahoma nos dirá que podemos besarnos, Evita Perón nos dirá que podemos besarnos y Copi montará un efímero sobre nuestras cursilerías”. Su poesía es síntoma del trastorno de los tiempos modernos.
ARLETTE LUÉVANO
HERIDAS
*
Qué solitario el propio nombre
que ocupa una habitación sin colmarla
que apenas si perturba el aire
que de un hilo se pende a la memoria.
El nombre impuesto, el heredado
el ensayado por la voz sin fuerza
que sale al combate como un muerto anticipado
y tendremos que arrastrar
con el poquito amor que le tuvimos.
Qué frágil.
*
Nacimos, los más hermosos, en medio de la guerra.
Nuestra luz fue la dorada llama de la esperanza.
El aire llevó nuestros nombres como al asombro,
con el enigma de la lengua extranjera
y la dulce certeza del amor.
Nadie se atrevió a pensar que la guerra nunca acaba,
que el polvo, inevitablemente, lo cubriría todo:
la piel, los pensamientos, el destino.
Ni siquiera el dolor dura tanto como la guerra,
ya no digamos flor y canto.
Yo no sé cómo fue que llegamos hasta aquí
tan acabados, tan grises, tan hundidos en la amargura.
Sí, dejamos que otros pasen y libren las batallas que nosotros perdimos,
porque no estorbando es la forma en que podemos ayudar.
Y nos arrinconamos, nosotros, todavía con una belleza triste
y sin remedio,
preguntando, como locos, olvidados
¿Qué hicimos?
¿Quiénes somos?
*
Cuando la paloma abrió sus alas
el instante se colmó de luz.
Mi respiración, contenida en la blancura,
se liberó en el soplo consecuente.
La paloma ya nunca estará aquí,
pero su arrebato inundó mi rostro.
Así el agudo prodigio:
la semilla de un vuelo
que resplandece.
*
Ahora sé que hubo un río. Recuerdo lo helado de sus aguas.
Recuerdo la oscuridad y el abandono.
Levanto la mirada y encuentro mi cara en el espejo.
No siempre puedo reconocerla.
Aún hay algo de miedo ahí, de nostalgia.
Qué fácil sería dejarse ir corriente abajo.
Qué grande la tentación, a veces.
Pero si miro hacia arriba
emerjo en el arrobo del sol
en la vastedad de su iridiscencia.
Una promesa de paz infinita.
Elijo.
*
La memoria del día se guarda bajo los párpados:
un velo de rojas transparencias como escudo contra la noche.
Así es que puede sobrevivirse a la oscuridad
mas no al vacío que rodea al cuerpo,
no a las promesas rotas,
al vértigo de la soledad.
Arlette Luévano (Aguascalientes, 1976) Ha publicado los poemarios Casi verde, Tercera persona, Informe sobre trenes que llegan y desaparecen, Apostillas negras, Casa en ruinas, No basta con nombrar al llanto llanto y La maldición y la sangre. Publica microficciones en Twitter como @luda76 y ha sido incluida en las antologías Cuerpos rotos, Latinoamérica en breve, Aquí comienza la sangre y El fulgor de la estrella negra.
GERARDO MIRANDA
la incesante desaparición de eli wallach
¿quién ha muerto?
acá no se muere nadie viejas putas
y así desde siempre
como el canto de los pájaros que no lo son
con olor a pólvora
a cuero de chaparreras y la sogas
desde las espuelas a las botas y el paliacate al cuello
que corta la circulación de la sangre y el sol en los costados
las pestañas
la frente surcada por el maquillaje
y la tierra que no es de utilería sino un mapa zigzagueante
yo soy eli y eso es todo
y salieron entonces las voces de otros tiempos
el alud
el deseo
y la ira
porque somos infelices por ejemplo
y es inútil cualquier cuestionamiento
no se dice
no se pregunta
pero tampoco se calla
y se llegan así los recuerdos antediluvianos y las muertas huidizas
por en medio de los ciudadanos simples
con su risita esplendente temiblemente blanca
municiones
con esas balas ¿qué?
hasta que la gran caballa nos arrastre entre pesuñas
y recorramos palmo a palmo
las pardas tierras desconocidas que nos dieron la espalda
antes que vieran desvanecerse
al best cowboy del set sin maquillaje
heme pues sin sombrero y sin talega
con la luz de luna cubriéndome los poros
y las partes pudendas ceñidas fuertes a la grupa de un caballo de resina
hijo de lobo lobito
hijo de caballa
galopa y relincha antes de la media noche e intermedios
visto mameluco y calzo pantuflas de cuero
las espuelas ya no son necesarias bajo el manto del set
todo luces
todo luces
muchacha punk revisitada
a Maky Vázquez
mencionaste algo aquella noche sobre cabalgar con valentía hacia el vacío
algo sobre las nubes y la vida en sentido estricto
algo sobre el espacio de sobra
la fiebre
la materia
cuando tu voz y tu cuerpo eran separados
a distancia considerable de lo físicamente posible
algo parecido a la división de la materia y el cuerpo
la polución y el aire
se trataba entonces de disimular las palabras y los gestos
las acciones
y la mirada
se trataba siempre de llevar el mismo cuerpo
sin ningún cambio en los detalles
sin cambio en las medidas
sin ninguna alteración al orden programado de las células
o el sudor de las manos al estrechar los bordes
para romper el hielo sólo nos miramos las entrañas
pasamos de la timidez del primer encuentro
a la confianza de los que se conocen más allá de los sentidos
y lo que antes creíamos detalles o bellos defectos de un cuerpo cohesionado
no eran
no eran tampoco las miradas
los pliegues
ni las luces
no eran tampoco los idiomas inteligibles de una lengua
que no atendía órdenes del cerebro alterado por sustancias
hacer preguntas en este instante carecía de sentido
así los pensamientos se desgajan uno a uno
y el horror
y el miedo
que pasa a segundo plano
cediendo el lugar a la rabia y la locura
tejen los cuerpos con la piel
el cabello y los sentidos
la simulación del movimiento
se convierte en el reposo de los entes
mientras celebrábamos la caída
la última pluma volátil del ángel guardián perdido a plena luz de ocaso
el llanto continuo
húmedo a la luz de las lámparas de aluminio
donde la lluvia caía sólo de manera horizontal
caminando
celebrando el peso de tu cuerpo desplomado
en un almohadón que resecaba la piel entera
la sangre
la saliva que iluminaba los cuerpos cenizos
tras las puertas incendiadas y los puntos cardinales sin origen
las discusiones nocturnas
sobre las proporciones posibles de un cuerpo perfecto
mientras la noche y la nicotina
volvían amarillos nuestros dedos
ambos celebramos
y ambos sabíamos que estábamos locos
nos lo habían dicho desde siempre
están locos y se van al infierno nos decían
y nos íbamos
marchando con gusto
y esa sonrisita pegada al rostro
mientras nuestro ángel de la guarda
olvidaba su última pluma en un hotel de paso
anticipando la rendición de una lengua que se cantaba a si misma
el empequeñecimiento de las almas
que no por breves menos sustanciosas
el correr desnudo de una muchedumbre pasmosa
que nos despreciaba sin mirarnos a los ojos
pero nos miraba desde lejos
y mirándonos descubrían lo lejos que siempre habíamos estado
lo remoto de nuestras voces
lo voraz de nuestros cuerpos
la inmortalidad de nuestro estado
y lo distante de nuestras almas
somos mala hierba
contaminamos a los otros decían
dañamos a los otros nos decían desde que los otros son distintos
desde que nosotros fuimos los otros
nuestra figura descuidada
vuelta al revés por el paso de los días vistos muy deprisa
allí donde la inmortalidad caminaba a sus anchas
nuestras sombras ateridas
se diluían con el sudor y la saliva de las horas
entonces más longevas que la representación continua de la noche
a manos del destino disolvimos nuestro pensamiento entero
a expensas de la noche
lo que a nuestros poros escapaba
regresaba a nuestra mente
éramos una simple fórmula con los ojos desviados
el soplo divino convertido en el suspiro de dios ante su propia imagen
la nostalgia nos era negada
nos despreciamos el rostro y las miradas
la prisión constante de un cuerpo ya incompleto
donde encontramos la infancia dañada
y los ojos fijos en los recuerdos anteriores
la imposición de una lengua que se enredaba por tu cuello
que nos envolvía el cuerpo entero
y nos desviaba la mirada
X
Ves las letras de tu nombre escritas con un arma imaginaria y saludas de repente el escaso pudor que te produce el trazo inexacto de una hora fijada de antemano.
En el altar mediano donde los niños se hacen polvo, existen dos opciones: despertar de improviso o tachar todos los días del calendario que no se adecuan a tu discurso, examinar los símbolos impresos en tus manos o acometer con furia sobre las entrañas del día, de la noche, del instante y los segundos. Y súbitamente, venido de improviso, el estallido de los pulmones o el cerebro y la niebla que se cuela por sobacos y entrepiernas, inconsciente se desuella de lengua a rabo haciendo de nosotros su arma predilecta.
Son nobles verdades, y la nobleza por más que se insista, contiene en su semilla una endeble carga de pudor que no deja de ser marchita.
Adentro, más adentro de la carne donde las palabras se revelan.
Adentro, más adentro de los nervios y tendones donde las ideas se revelan.
Adentro, más adentro donde el centro de un rostro se revela en el centro de un cuerpo entero de plástico todo, de resina todo; la carne, el alma y cualquier orificio carece de sentido, pero se revela.
Ves tu piel y carne hecha girones dispuesta para frituras que alimenten las barrigas más insanas, mientras la propaganda anuncia remedios contra la angina de pecho.
Por el limbo que ya no existe, el purgatorio que ya no existe, el cielo que ya no existe,
el infierno no consciente y la memoria que no existe, pero tus labios ya no hablan desde que el mundo fue otro, sin darte cuenta que el mundo siempre fue otro ante tu mirada ajena y la gris altura invertida de un cuerpo colapsado en un abrir y cerrar de piernas (no de labios) que se pierden entre semen y palabras.
XXIII
Entonces sueñas con una piedra de extraña figura que termina por no parecer una piedra, y que confirma que tu figura no es del todo parecida a una piedra, y sin embargo, confirma de igual modo que eres pequeño, pequeño, como esa piedra que no lo parece, y pequeño como la concepción primera que de la piedra te formaste cuando eras pequeño y obtuso y no parecías aquella figura rara y aparatosa.
Y supiste que el fuego es casi inútil contra las piedras, que no las deshace o que tarda mucho en fundirlas, entonces quisiste ser una piedra a toda costa, una piedra salubre, digna al tacto y a la mirada, una piedra de forma definida y delimitada, una piedra digna de ser arrojada al fuego sin temor alguno, una piedra con forma de niño, cruenta y aparatosa sin fisura, con mil perfiles y mil destellos todos diferentes a los destellos de las piedras. Sentiste el peso que llevan las piedras, el peso del aire, el peso de las miradas, y el peso de tener un contorno. Y supiste de igual manera que las piedras también sienten temor a la oscuridad más allá de la forma que ésta adopta frente a sus destellos. Entonces sueñas con una piedra de extraña figura que termina por no parecer una piedra y que confirma que tu figura no es del todo parecida y, sin embargo, confirma de igual modo que eres pequeño, pequeño, como esa piedra que no lo parece y pequeño como la concepción primera que de la piedra te formaste.
Mishima I
no sé por qué razón él estaba afanado en mostrarme un orificio en el costado de su cuello Yukio me pregunta si la falta de cabeza merma su apariencia me comenta que él ha visto muchos cuerpos sin cabeza o muchos cuerpos que sólo la tienen como ornato Yukio se pone al revés el rostro para que yo le mire su pensar desde afuera pero se cubre el vientre marcado y recoge con esmero sus adentros y no sabe si yo eché un vistazo a su interior o no quiere darse cuenta cuando la altura de nuestro cuerpo se ve reducida exponencialmente digamos la distancia equivalente a la altura de una cabeza nos es imposible percibir las primeras gotas de lluvia al mismo tiempo que los demás eso impide que nuestras lágrimas se confundan con la lluvia ejemplo de todo ello es la sangre que corre por la espalda evitando un descalabro antes del medio siglo no sé por qué razón él estaba afanado en mostrarme un orificio en el costado de su cabeza Yukio balbucía frases cortas casi inentendibles sobre la proporción adecuada de un cuerpo sobre el hombre de vitrubio y el canon de las proporciones humanas sobre el filo de la oda nobunaga el destripador de caballos y el yoroidoshi qué experiencia tan grandiosa ha de ser morirse aunque sea sólo por una vez aunque sea sólo por una vez decía Yukio me dicta por la noche algo sobre los rituales donde muerte y belleza se conjugan donde el chasquido de los labios y un parpadeo opacan el sonido de un rostro chocando contra el suelo donde los ruiseñores descienden antes de entonar el último himno de los hombres y las bestias unidas por la piel donde sangre y hueso se conjugan unidos por pensamiento y acción crees que en la otra vida uno resucite con el cuerpo joven crees que en la otra vida uno resucite con el cuerpo entero crees que en la otra vida a uno terminen queriéndolo igual me preguntaba perdiste la cabeza Yukio tu cabeza que ya no hace sombra perdiste la cabeza y te sudan las entrañas el vértigo se minimiza a menor altura la altura se reduce sin cabeza y el tronco se confunde con el aire que nos envuelve y no es que hayas desaparecido es el sonido de la daga que reverbera en tus entrañas miramos tu cuerpo tendido sobre el suelo cambiando de temperatura cada minuto cambiando de tonalidad cada cinco minutos cambiando de tamaño en un periodo de tiempo prolongado nos convencimos que la noche se desgarra como la piel que cubre la columna nos convencimos que el silencio es más frágil que una colección de huesos y memoria nos convencimos que otra vez el río otra vez la sangre otra vez tu silueta en el tatami otra vez tu cabeza que no hace sombra
¡plum! cae la cabeza
¡plop! la sangre gotea
¡crac! se quiebra la mandíbula y el piso se raya
ahora Yukio dice grita desde un podio imaginario mientras sostiene su cabeza entre las manos menciona algo sobre el emperador algo sobre la muerte y los honores algo sobre la noche la muerte y la belleza las saetas rotas de san sebastián y se nos llena de rojo la mirada un mandala cambiante que se crea y se recrea a sí mismo desde su centro que olvida la carcasa el pellejo que nos cubre y se desprende que olvida el cartílago y los gestos de una máscara olvida la neurosis y el hastío porque la carne es sólo carne como otra vez el río como otra vez la sangre como tu silueta instalada en el tatami cuando ceda el grosor de nuestro cuello y la gravedad nos sorprenda de repente nos desharemos de igual forma de las piedras y murallas que circundan nuestros miembros percibiremos entonces la diferencia en el trino de los pájaros que pasan por sobre nuestro cuello y el diferente color de las nubes que por el momento cubren nuestro rostro venido de lejos el murmullo de unos labios fríos acaparado de pronto el suspiro congelado después de la caída el opaco brillo de unos ojos vencidos por los párpados y la sumisa piel flexible protectora de tus músculos quietos que disuelve el instante falaz rebanado de pronto por el aire más filoso que la noche la nerviosa sangre y el latido que se extiende por la carne pidiendo salida salpicando estalla la desarticulada columna vacila como serpiente de agua en el desierto y anticipa los cauces que estrían la piel completa un día antes te soñaste de espaldas y tu cuerpo no atendía la órdenes de tu mente como otra vez el río como otra vez la sangre como tu silueta instalada en el tatami como impulsado por una voz que no se percibe por la noche me susurras al oído mientras cortas el aire con el filo de tu katana y dices hasta que veas tu propio cuerpo quebrándose rompiéndose y la totalidad de la brisa corte por completo tu mirada colocando un nombre nuevo bautizando otra vez los cuerpos y las cosas cantando en silencio la ventura de los muertos será entonces el golpe de la tiernísima daga y filamentos el paso constante de los hombres por el ojo de los vivos
Gerardo Miranda (Estado de México, 1984) Poeta y ensayista, Licenciado en ciencias humanas con diplomado en filosofía por el Centro Universitario de integración Humanística. Egresado de la maestría en Literatura Latinoamericana Contemporánea. Textos suyos aparecen en varias revistas literarias de México y el extranjero, así como en diversas antologías y libros colectivos. Es organizador del ciclo de mesas sobre crítica y debate sobre la poesía y los poetas en México y miembro organizador del festival anual “Vértice en el tiempo”. Actualmente funge como editor de contenido en la Revista literaria el Golem. Obra suya se encuentra traducida al portugués y abarca Venus y las Moscas, (Ediciones el Golem 2010) y Odilón (Rocinante Ediciones 2012). Mantiene varios libros inéditos.
MAYOLA CRUZ FLORES
Dentro de un ataúd eres otra:
sonrisa hiperbólica
olorosa a frío.
un puerco se ha comido tus pechos, tu alma, las ganas.
Entonces hago un dibujo de ti
encima de ti
y saco la cubeta de mi infancia del agua de tus ojos.
Este dulce, aunque viejo, nos pertenece
y no a la envoltura de tu sábana bendita.
Porque perteneces a los vivos
no a la oscuridad de los roperos
sombras de rata te velan.
El pabilo de una vela en desgreño
anuncia algo negro y mojado.
Vomitas un monstruo por los ojos que te reinventa
y cómo cuidarte, cómo defenderte
oh monstruo bendito,
chupadme a mí también,
la lluvia de las venas
¡Viejo!
este dolor se me desgrana como gusano
quítame del cuerpo estos picos
y las espinas de tuna en los huesos
no más morfina ni zopilotes
ni estas heridas de cuchillo en los zapatos
cuelga una palabra de amor en mis pezones
ya cobíjame
lávame los dientes
ponme mis cabellos de puta
y
la blusa nueva
te encendí cuatro velas
Para que no te metiera
la noche por el sexo.
Puse tu mueca sobre un adobe
Y te amarré las manos con el tendedero.
El ataúd llegó,
Él también
Estaba muerto.
Sus pies están llenos de este mundo
como si hubieran pisado la mierda de algún callejón promiscuo.
los ojos se le fueron llenando de agua grenetina.
con ella,
le lavé el sexo.
A veces vuelve,
no sabe
que el sol ya sangra algo más triste que nosotros,
que ya es lo Otro
porque ella ya no es de cartílago y sangre
es tinta
es noche.
¡Señor Dios, Jesucristo!
No tengas miedo de volverte carne putrefacta,
de volverte hueso,
de volverte polvo.
Te lo pedimos por ella,
por mí,
por el temeroso de que le crezcan alas.
Señor,
al menos dile que ya no vuelva
ni por linfomas de no Hodkin olvidados bajo la cama.
Lo que no ha pasado
se lo ha llevado el río.
El frío y el temblor plantados en sus macetas
son resistentes a todo tipo de sal.
Mayola Cruz Flores (Zacatecas, México, 1989) Es licenciada en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Algunos de sus poemas han sido publicados en revistas locales como Reitia y La cartonera. Fue miembro del Taller de Creación Literaria coordinado por el poeta zacatecano Juan José Macías. Actualmente está por titularse de la Maestría en Investigaciones Humanísticas y Educativas con orientación a Literatura Hispanoamericana y es miembro del Taller de Creación de Poema y Microtexto, coordinado por el poeta Zacatecano Javier Acosta.
ALBERTO PAZ
SEMÁFORO
Nacer semáforo
Nacer con luces intermitentes en el pecho
Nacer acurrucado sobre los poros de cualquier cuerpo
Mi nombre es Alberto Paz y nací al revés en la era de los árboles digitales
En la era de las casitas suicidio
En la era de los asesinatos por segundo
En la era del “time is money”, “human is money”, “life is money”
Nací marica
Más al revés que un zombie zurdo
Me dieron a luz desnudo y quizás así deba quedarme
A veces, también me desbarato, y no, no es la fragilidad la que se nombra
Es la floración de aquestas partículas incendiarias en el cuerpo
Arder ahora y estar más al revés de lo que jamás se ha estado
Desviado
Desorientado
Desfragmentadísimo
¡ABOMINABLE!
¡Izquierdo!
¡Izquierdo!
¡Izquierdo!
Espectacularmente retorcido
Y mi cabeza con flores rojas
Mi lengua con flores rojas porque primero he muerto
Porque lo pienso tremendamente bien y dejo lo de nacer para otro día
Cuando no haya tiempo
Ni hombres
Ni internet
Ni cáncer
Ni desaparecidos
Ni muertes súbitas
Dejaré lo de nacer para cuando los semáforos estén vueltos locos
Para cuando existan más de cien mil significados por palabra
Y la esquizofrenia sea un ejercicio hermoso de respiración plena
Que me convierta en el Edgardo más lindo de los campos digitales
Y no me llame Alberto sino como todos los maricas a los que tanto he amado.
AQUÍ TODO SEGUIRÁ BRILLANTE
Uno se deja arrastrar por la turbulencia
¿Para qué dejar la diversión a los demás?
Uno se va dejando envolver por las manos inmensas de un niño de papel oscuro
Y de su infinidad de cosas oscuras para devorarle ahora
Sus manos son la noche y me estampo en ellas como basura cósmica
Soy un barco sin temor a perderse en el abismo
Siento agitarse a todos los mares en mis dedos
Y son girasoles violentos atravesando el cuerpo
O la hierba que crece y crece y no para de crecer sobre mi verga
Mariconcito marinero a la deriva
Mariconcito postnorteño sin miedo
Uno no es el hombre
Uno es toda la vida en la multiplicidad de sus barcos agitados
Y por eso amo la verga de Whitman
Y la de Ginsberg
Y la de Abigael
Y la de Néstor Perlongher
Porque uno entra a la casa de los niños de papel
Para buscar en sus Aguas aéreas
Para descubrir los tres pies al gato
O encontrarles el amor enterrado en los poemas
Uno zarpa y descubre que los niños se vuelven soles ardorosos con sólo verse
Con sólo versos en la punta tersa de la lengua
Con sólo vergas iracundas para deshacerse los miedos
Para descargarse y saberse transparentes de nuevo
O para brotar como un sueño resplandeciente en la calle
Mi cuerpo es el desierto y el mar
Cuadro de madera para que la oscuridad baile sus manos
Las agite, las oxide, las despedace, las revuelva, las olvide
Luces, olas en las luces, luces en las olas y en las estrellas
¡Todo es brillante en esta turbulencia!
¿Por qué dejarles la diversión a los otros?
Prefiero estamparme y romperme en el cielo oscuro
Prefiero oscurecerme como basura cósmica
Y que afuera todo continúe brillante.
Oh, anoche me sentí enfermo, enfermo hasta la médula,
pues existe también un cuerpo del alma, lo mismo que un cuerpo del cuerpo,
y este cuerpo del alma me dolía, todo este cuerpo luminoso.
Ray Bradbury
VUELTA EN NEGRO
Mi dedo índice despierta tras el movimiento
Mi cuerpo entero se colorea con crayolas
O con ballenas psicotrópicas al amanecer
Abro un ojo, luego el otro
La verdad es que el ojo de mi frente no está abierto
Yo nunca he sido un ser iluminado
Tan sólo he parpadeado un nano segundo
Soy una luciérnaga intermitente
con flores de miedo en las entrañas
La locura la bebo embotellada en jardines de cemento
Pero aquí todos son cuerdos
Y en mi casa diminuta no hay espacio para las palabras
Abro un ojo
En verdad he abierto todos los ojos de mi cuerpo
En verdad cada poro de mi cuerpo es un ojo
Y todo yo soy un cíclope
Y todos los rayos de otra galaxia
se han filtrado por el cíclope de mi cuerpo
O por el cuerpo de mi cíclope
Soy una vuelta
Giro sobre mí mismo
Una mosca está dando vueltas
Sabes que es el punto negro de donde venimos
El lugar de donde parten los cíclopes del cosmos in-finito
El dedo gordo de mi pie ha muerto
Las córneas de los ojos de mi cuerpo han muerto
Mi ombligo ha muerto
Mi cíclope ha muerto
Ya es otro día y seguimos siendo el punto de donde se parte
o las vueltas infinitamente negras de donde se regresa.
Aunque me pongas los ojos de amor
Y me asegures que soy el más lindo de esta ciudad…
(me llamo) Sebastián
Querido Osito, es de noche y escribiré los poemas más horrorosos que jamás se han escrito sobre tu ombligo, dibujaré garabatos de tres líneas en la cama, mientras que trazarás, como siempre, peces con estrellas en los ojos o en el pecho y de pronto correremos a fumar al baño para seguir viendo lucecitas o para no hacer sonar la alarma de humo del lugar. Así cuando menos lo esperemos, la virgen nos dirá que podemos besarnos, Buda nos dirá que podemos besarnos, Jesucristo Superestrella nos dirá que podemos besarnos, Mahoma nos dirá que podemos besarnos, Evita Perón nos dirá que podemos besarnos y Copi montará un efímero sobre nuestras cursilerías, pero lo hará en serio. Susan Boyle nos cantará una canción tan cursi que a tu novio no le quedará más remedio que decir que podemos besarnos. Madonna en cambio, nos dirá que nos vemos tan mal pero que no le importa y nos reiremos de nosotros, de esta belleza tan vasta de nuestros cuerpos sin forma, de este no sé qué acumulado en nuestros corazones de felpa.
POEMA PARA NO MORIR O PARA INTENTAR RESPONDERLE A PIZARNIK QUÉ PEDO CON LA NOCHE
No Yo no conozco la noche Yo más bien la desconozco Alguien la hizo explotar y la reventó con furia en algún punto del sol En algún punto del mar En algún punto suspendido En algún punto lleno de puntos infinitos EN LA PUNTA DE LA ROCA NO HAY NOCHE La desconozco en algún lugar bastante cercano o En la lejanía de los colores con que hablarás Con que hablabas Con que me sigues hablando Y reputamente desconozco a la noche con tu cara de papalote Cara de estrella Cuerpo constelación Y yo te rechazo noche desde la profundidad del día Yo te rechazo noche en el esplendor de tu belleza Porque Quién podrá hacer suya la noche si no es en el coito de dos pájaros que recién mueren Y ya no te conozco desde el instante en que de tan noche ya no es noche Y DE TAN DÍA una explosión de lágrimas que tiro en la jícara Donde tiré al cielo Donde arrojé a las estrellas en que ibas montado y Quién querrá saber de esa noche De esta noche De aquella noche en que el sol se deshacía en los cuerpos de dos maricas Que no querían silencio para el poema.
Alberto Paz (Baja California, 1987). Poeta y gestor cultural radicado en Tijuana, cuenta con formación en Lengua y Literatura de Hispanoamérica (UABC). Coordinó el proyecto del Ágora Hipermedia para la 35 Feria del Libro de Tijuana (FLT, 2017). Ha sido uno de los ganadores del IV Slam Nacional de Poesía 2012 (REDNELL) y participó en el documental Hecho en México. Su trabajo se encuentra reunido en diversas revistas impresas y digitales y en las antologías San Diego Poetry Annual (Garden Oak Press, San Diego 2013-15), Haikai desde Tijuana: 24 autores de Baja California. Antología de géneros breves de poesía japonesa (México, Colección Editorial CECUT 2013) Mi país es un Zombi, Antología de poesía (México, Editorial 2.0.1.2 y Casamanita Cartonera), Somos poetas y qué (México, Honda Nómada Ediciones, 2011) y Tijuana es su centro: Antología de poesía y narrativa joven en Tijuana (México, Kodama Cartonera, 2011). Actualmente es Coordinador de la Sala de Lectura del Centro Cultural Tijuana.