Una curiosa conversación guiada por preguntas que los propios interlocutores se exponen para desentrañar sus pasiones y sus versos, sus rutinas y sus búsquedas, sus tiempos en segmentos distantes de su historia. Myra Jara y Carlo Bordini: Lima y Roma.
Diálogo de Myra Jara y Carlo Bordini. Vías de fuga
Son una pareja de poetas particular y en un cierto sentido, al menos literariamente, tienen una suerte de doble nacionalidad: están en contacto con dos mundos poéticos diversos: aquel italiano (y tal vez en parte europeo) y aquel latinoamericano. ¿Cómo viven esta suerte de doble pertenencia humana y literaria?
Myra: Para mí ha definido no sólo mi poesía, sino principalmente quién soy. No hablo sólo de mi tiempo en Roma, que comienza en 2013. Dejé el Perú en 2007 y pasé un año en Nueva York, y tres años entre Bremen y Hamburgo. Me cambió completamente la vida ser una chica que pasaba mucho tiempo sola, en trenes, en otras lenguas, conociendo extraños en las universidades o en los bares. Cambió mi vida ir a bailar en esas ciudades por la noche, aprender un poco de alemán y ahora hablar italiano. Todo esto mezclándose con mis raíces, soy limeña. Mi poesía habla siempre de mí, y de lo que veo. Está enriquecida por lo que yo viva, y si algún día me apago, ella también se apagará en cierta medida. Eso sería como una muerte.
Carlo: Yo he sido enriquecido de esta doble nacionalidad. He entrado en contacto con un mundo más vital, creo, de aquel que provengo. No mejor pero más vital, o vitalístico. Quizá también mejor literariamente. En particular, me siento atraído del modo directo con que viene enfrentada la poesía, y del hecho de que en América Latina la poesía tiene todavía su importancia y puede suscitar grandes entusiasmos. Y me fascina también el hecho de que venimos de tradiciones literarias diversas.
¿Cuáles son los poetas que aman más, y sobre todo, en qué medida han influído en ustedes? ¿Pero cuánta parte tiene la influencia de otros poetas en su poesía? ¿O cuánta parte es en cambio su elaboración original? O, en otras palabras, ¿cómo sienten el aire de los tiempos?
Myra: Yo amo mucho a Celan, Ajmátova, Rosselli, Plath, en cierta medida a Pizarnik. Amo profundamente a Dante. Amo la belleza de Celan, su dolor suave y elegante. Los gritos de Pizarnik. Amo a Dante pasando por el Infierno, el Purgatorio, el Paraíso, y volviendo a nuestra vida. No podría responder cuánto están en mi poesía, pero sé que lo están. ¿El aire de los tiempos? La verdad me alejo un poco de los poetas que me acompañan en el presente, me alejo porque siento un pudor y un rechazo inconsciente de adentrarme demasiado, los leo, sólo los leo y a veces me asombran, me producen admiración. Soy su lectora y nada más.
Carlo: Yo admiro muchísimo una cantidad de poetas, pero el poeta a quien me siento más cercanos, y que en un cierto sentido me ha embrujado, es Apollinaire. Amo aquella mezcla suya de racionalidad y pasión, de refinamiento e instinto. Ya sea Myra o yo, nos mantenemos lejanos de las corrientes literarias y, aún teniendo nuestros ídolos y nuestros enamoramientos, construímos desde dentro nuestra poesía. El aire de los tiempos la respiramos sin pertenecer a escuelas.
¿En qué modo se han influenciado uno al otro (quizá sin habérselo propuesto programáticamente)? ¿O no ha sucedido?
Myra: Yo veo a Carlo sentado en su escritorio revisando sus textos por horas, pasa horas en el estudio. Yo salgo más, sola o en compañia. La disciplina de Carlo es algo que no tengo y no necesito, así como Carlo no necesita salir como yo lo hago. Una cosa que a todos sorprende es que yo no he leído todo lo que Carlo ha escrito. No quiero hacerlo porque es más fácil amarlo y llevarlo a mi cama y besarlo. Hay miedo de descubrir todo de alguien que amas tanto. Yo misma no le muestro todo lo que escribo. Algún día, cuando él no esté, lo leeré en su totalidad, ahora no. Lo que puedo decir es que he escrito más poemas para Carlo de los que he escrito para nadie. Lo veo y quiero escribir sobre él.
Carlo: Lo bello de nuestra relación es que no nos hemos conocido como poetas, sino como personas. El conocimiento recíproco de nuestra poesía llegó después. Si Myra escribiera cosas diversas de aquellas que escribe ahora, la amaría igual. Esto puede parecer extraño, pero no lo es: amo mucho la poesía de Myra, pero amo aún más la persona que la produce. En el fondo el arte podría ser concebido como una prolungación imperfecta de nosotros mismos.
La relación con Myra me ha influenciado porque, respecto a antes, he escrito más poemas de amor. Y también porque me ha inducido a revisitar una serie de poemas del pasado, poemas de amor, que había subestimado; y esto me ha empujado a tratar de construir un volumen en donde viejos y nuevos poemas vivan juntos una nueva vida, con su equipaje inevitable de felicidad y de infelicidad, de luz y de oscuridad.
¿Qué sentido tiene para ustedes escribir? ¿comunicar? ¿convencer? ¿amar? ¿estimular una reflexión? ¿ayudar a soñar? ¿u otra cosa?
Myra: Escribir para mí no es un plan, no puedo evitar hacerlo. No quiero parecer fanática, pero cuando escribo, tengo que escribir, ¿tiene sentido? A mí me hace amar, amar el mundo y amarme a mí misma. Pero también escribo desde la desesperanza, el mundo es un lugar oscuro, me ayuda a soportarlo. El mundo es un lugar que a veces se ama, y a veces se odia. ¿Lo que quiero provocar en los que me lean? Supongo que me gustaría que amen y sobre todo que sueñen.
Carlo: Otro y todo aquello junto. Creo que quien escribe poesía no sepa que cosa provoca en quien la lee. La mente es un misterio, rico de vías de fuga. Todos tienen su modo de vivir algo, siempre que sea real.
Myra Jara. Poemas
Camino sin ropa frente a Carlo
Abre la puerta y me encuentra sin ropa en la cocina
Y bailo a su alrededor
Canto en inglés frente a él
Y miro en sus ojos que soy joven
Soy bonita
Tengo el pelo suelto
Cogemos dos duraznos que nos gusta tocar
Los tocamos como terciopelos en la cama
Juego a decirle
Que es un piloto
Perdido en el cielo
Él quiere que me pierda y apaga la luz
Voltea y me mira
Quiere hacer el amor
Le sonrío
Imagino las gaviotas blancas sobre nuestro edificio
Hacer el amor es sexo
Y duraznos transparentes en mi boca y mi piel
Carlo me acompaña
A ver el mundo transparente
Mientras me acaricia
Y yo le muestro el ombligo
En la cima del rascacielo
Mamá, papá, algún día estaremos los tres en el cielo
Imagina, mami, la paz
Imagina, papi, la vida en el cielo
También tendremos a un perro, pequeño y bueno que dormirá con nosotros
La Peti estará en su cielo
Rodeada de otros perros de vidrio
No me puedo imaginar todavía cómo es el cielo
Quiero a veces morir
Pero sé que la muerte es distinta a mi sensación
La muerte va a llegar como cuando mi mamá quedó embarazada
Como cuando yo me casé
Nos va a pasar como cuando nos fuimos de viaje
Vimos un río pasando
Comimos dentro del carro
Fuimos a un hotel a dormir
Nadie nos va a despertar de ese sueño
Cuando estaba en Alemania
Entraba en los buses
Iban vacíos de madrugada
Estaba sola joven delgada
Los buses débiles, blancos, ténues
Dentro de los buses
Una voz pequeña
Muy pequeña
El problema de la belleza de la voz
Los buses hermosos
Iluminaban mi falda
Con su luz artificial
Mi falda se movía
Alrededor de mis sensaciones
Sensuales y vacías
La luz artificial sobre mi falda.
Cuando salía de noche
Quería llegar a la parada del río
Y ver el río frente a mí
Caminaba a lo largo del río viendo mi falda
Me sentía bella
Y esta sensación para mí era vital
La falda se movía contra mis piernas en el viento
Los hombres pasaban
Me miraban con amor
Siempre devolvía sus miradas, no importa cómo fueran
Los miraba con suavidad
Todos en la noche queríamos mirarnos
En el día, recordaba eso de mí
Y quería las noches
Pensaba
Son más eternas
Tienen un perfume
Inusual y melancólico.
Para Fabian Wigand
Fabian es un hombre suave de Alemania
Que me bañaba y lavaba mi rostro,
Me llevaba cada semana adormecida al hospital
En taxis largos que avanzaban con los árboles
Mientras el olor de las plantas frías
Llegaba a mí, nublada y soñante
Cuando estaba con él, a veces escondía un pedazo de pan
Para después comerlo y vomitarlo
Me limpiaba sola en su baño, haciendo poco ruido
Y me miraba en el espejo
Fabian era un ángel que caminaba descalzo por las habitaciones
Alto pálido delgado,
El hombre más bueno,
Bebía cervezas mientras preparaba las frutas
La carne, el agua
Yo caminaba por el corredor del departamento de sus padres
Mientras en la terraza él cuidaba las plantas,
Veía siempre el pequeño cuadro de Beuys
La foto de su madre joven y desnuda
Pensaba en la sofisticación de su familia
En la feminidad de su hermano menor
Ellos cuidaban las cosas frágiles
Miraban con pureza mi rostro
En la tarde paseaba en piyama entre las paredes blancas
Me sentaba en los sillones, frente a los libros
Recordaba a mi madre
Pensaba en el olor de mi mamá
Pero nada recordaba de ella después en el tren
Quería ir a perder algo en un bar
Beber agua
Besar a algún hombre
Dejaba a Fabian preocupado en su casa
Incapaz de masturbarse
Lo dejaba pensando en mí,
Mientras las horas pasaban
Él miraba mi cama
Y tenía miedo
Por eso regresaba a recostarme en sus brazos
Y él me acariciaba delicadamente
Me perdonaba las cosas con los otros hombres
Juntos, en medio de la noche, mirábamos el cielo en Hamburgo
Susurrábamos
Él me amaba y yo no
Pero mirábamos el cielo frío, precioso
Recuerdo a Fabian dormido entre mis brazos
Mientras yo miraba sus pestañas largas y rubias,
La intensidad con la que me miraba Fabian
Tenía una complicación en mi vida
Sus largas manos
Sus piernas recostadas
Recuerdo sus manos blancas acariciando mi pelo
Y en la distancia, la desahuciada sensación
De verlo recostado al lado de mi ropa
Le dije una noche, una de las últimas
Mientras él lloraba sentado en un rincón
Que no me curaría jamás por completo
Que tendría siempre dentro de mí
Una estrella roja y punzante
Algunas veces en la noche
Pienso un poco en él
Recuerdo sus ojos
Su manera de salvarme
El dolor que le causé
Fabian es un hombre suave que duerme en Alemania
Y yo amo que duerma en su cama suave, que observe el cielo y las plantas
Amo que cocine para él y coma algo en la mesa
Que lave cuidadosamente su rostro
Hay pasión en su ausencia y su silencio
Es una pasión que he encontrado dentro de mí
Cubierta de frío y de pureza
Sé lo que hay en su mirada delicada
Él está en mi vida,
Moviéndose en mis recuerdos,
Y yo estoy en la suya
Como una niña limpia saliendo de la ducha
Callando para que él se tranquilice
Y me vea por horas,
Sollozando y durmiendo.
El veintitrés de Noviembre de 2008 un hombre cuyo nombre no quiero mencionar asesinó a mi prima Melissa O. de un único golpe en la cabeza
Yo no recibí la noticia hasta mediados del siguiente mes, cuando escuché accidentalmente una conversación telefónica entre mi madre y una mujer que lamentaba la tragedia
Antes de reaccionar, fui por instinto hacia la computadora, googleé el nombre completo de Melissa, y ahí encontré su muerte
Ésta estaba registrada por varias cadenas de noticias en Estados Unidos, que documentaban hasta cierto detalle el asesinato, encontré en ellas una única foto en primer plano de su asesino
El rostro de ese hombre ocupó de manera absoluta mi mente. googleé su nombre. me mareé, vomité. era un hombre nacido en India, había vivido, como ella, en Florida
La mató en su auto
Cuando cumplí quince años Melissa y yo vivimos juntas por un tiempo. ella tenía seis años más que yo. fue un tiempo en una casa en Chaclacayo. cenábamos juntas. fumábamos en el jardín.
A las once de la noche, casi siempre salíamos a correr. ella guiaba la ruta porque era más grande y era atrevida. Melissa era una chica muy bonita que modelaba y salía en las revistas. yo la admiraba porque era temeraria e independiente, viajaba
En las tardes íbamos juntas a la cocina y preparábamos nuestra comida de dieta.
Mientras comíamos ella me hablaba de Florida. a veces estaba muy triste
Fue en esa época que yo había comenzado a vomitar lo que comía. Melissa trataba de impedir que vomitara. me prometía que no me haría daño comer su comida
Por dos años en Alemania no supe nada de ella. recibí después algunas noticias suyas por mi madre. había dejado de modelar, estaba estudiando en la universidad
Pero la última vez que la contacté fue antes, en Nueva York, cuando comencé a enfermarme de anorexia y decidí vivir en Alemania
Hice muy bien en irme lejos con la enfermedad. me habría matado estar enferma al lado de gente que conocía. me habría matado el amor excesivo de alguna gente
Nuestra última conversación fue un poco fría. un aire perdido y distraído avanzaba hacia mí
No le conté a nadie que sabía de la muerte de Melissa. mi familia no me lo dijo. yo acababa de volver al Perú a casa de mis padres. estaba muy enferma. la distancia con los dos era casi total. no soportaba estar en esa casa, pero ya no podía vivir sola, desplazarme, limpiar. estaba paralizada y en perenne pánico
Dormía en el día y en las noches salía. una vez fui al mar, me impresionó la luna sobre el agua. fue como una primera visión hacia la vida
Unos días después de saber de la muerte de Melissa, mis padres me trasladaron a una clínica psiquiátrica en Lima contra mi voluntad.
Ahí estaría hasta casi tres años después
Comencé esa etapa de mi vida desplazándome en los pasadizos de la clínica. comencé mi etapa ahí con la sensación sobre Melissa y su muerte
La sensación de su muerte era móvil, flexible, me ayudó a sobrevivir el trauma del inicio de la clínica. la fuerza de su muerte, la impresión sobre el mar. su muerte, esa fuerza, el recuerdo exacto de mi prima rubia, alta, fuego, luz
Y su muerte concreta, la transparencia. Desaparición y silencio
Me olvidé de ella en poco tiempo, pero la desplacé a mi memoria como un secreto
Fue uno de los primeros de los secretos que escondí en mi mente en ese período.
Myra Jara (Lima, 1987) Vive en Roma. Es poeta y traductora. Estudió Humanidades en la PUCP (Perú), la Jacobs University Bremen (Alemania) y La Sapienza (Italia); y practicó Danza Contemporánea en Lima y Nueva York. Poemas suyos han sido publicados en varias revistas como Le Parole e Le Cose (Italia), Nuovi Argomenti (Italia), La Otra (México), Vallejo & Co (Perú) y Ny Tid (Finlandia). Publicó su primer libro “La destrucción es blanca” (Lustra) a fines de 2015.
Poemas de Carlo Bordini
Traducción de Martha Canfield
Piedra
Esta indulgencia que se conceden los hombres con el sueño,
¿no se parece al abandono de la muerte?
una pequeña muerte un poco adelantada, un descanso breve,
este goloso adelanto de muerte,
así este zurcir pequeñas cosas trae las cosas mejores,
las más femeninas,
esas cosas femeninas
y no importa la reliquia como residuo oscuro
escribo esto para decir que la muerte y el sueño se parecen,
obvio, of course,
pero sobre todo que a ambos les tengo cariño,
y en este abandono atonal semejante a madera de violín,
antes de ser sacudido por el arco,
y la vida y junto todavía el no-nacimiento
y la muerte del feto ya viejo
ay, cuán ronco es el aliento
cuán entumecida fluye tu sangre
Luz
La luz te hiere y te hace dormir
La luz te hiere y te hace dormir,
la luz te hiere
la luz te hiere a ti que dormías y que
quisieras seguir encogiéndote legañoso
en una cama de olor humano.
Pero no es posible.
Doblemente
la luz te hiere y te hace dormir
temblando
como si tú no pudieras dormir
como si tú no pudieras encogerte sin dormir
sin que la luz te hiera,
intransigente
maternal, burocráticamente
asesina.
Árbol
Para ahorrar tiempo
– dado que tengo una impresora,
imprimo la mínima variante, aunque podría evitarlo;
calculo que en todo mi trabajo
habré empleado un árbol
en tareas inútiles, o, de todos modos, evitables.
Querido árbol, no te enojes.
Tengo poco tiempo, una vida complicada,
tantos problemas y tantas dudas.
Me duele haberte matado para facilitarme la existencia.
Sé que es feo.
De todos modos te prometo que,
cuando me maten,
no me voy a quejar tanto.
Cortejo
Se vuelven a sus casas, lúgubres,
con una ligera cojera,
el cortejo cojo,
y de verdad muy cansados,
cuando el cortejo ya se ha acabado,
con su andar real, lúgubre,
con mucha dignidad, porque
aunque el cortejo ya
se ha muerto, el andar todavía es mágico.
En el silencio y
en la soledad,
llorando,
con una leve cojera, ya en la oscuridad de la noche,
porque la dignidad se ve
cuando no hay espectadores.
Suicidio
Nada de lo que está vivo me interesará
Será como no haber nacido nunca
Que es mi sueño de siempre
No recordaré nada
Tampoco recordaré que he muerto
Jamás sabré que he vivido
Y no sabré
Que te he amado.
Los otros se sorprenderán
Se preguntaran por qué.
No entenderán.
Si seré bueno
ni me daré cuenta del pasaje.
tampoco recordaré haber escrito esta poesia
*
HE BESADO una muchacha delante del océano pacífico
decía que el mar era un grande amante
un grande dios que ama a las mujeres
decía que soy un ángel malo
que no debo estar celoso del mar.
las ventanas del hotel transmitían una luz extraña
era una muchacha frágil
como puede ser sólo en un país católico
tenía una mente febril
hemos caminado por parques
en una ciudad con muchos prados.
Todos esos poemas fueron publicados en Polvo, Lustra Editores, Lima 2015
- Nota bio-bibliográfica
Carlo Bordini, poeta y narrador, nació en Roma, en 1938, donde reside actualmente. Militante de un grupo trotskista, ha sido durante años catedrático de Historia moderna y contemporánea de la Universidad “La Sapienza” de Roma.
Ha publicado varios poemarios. En 2010 el Editorial Luca Sossella reunió todos sus poemas en el volumen I costruttori di vulcani – poesie 1975-2010. Sucesivamente: Assenza, Carteggi letterari, 2016. Como narrador ha publicado: Manuale di autodistruzione, Fazi, 1998; Gustavo, Una malattia mentale, Avagliano, 2008; Memorie di un rivoluzionario timido (novela), Luca Sossella, 2015.
En castellano apareció el poemario Polvo, Lustra Editores, Lima 2015, traducción de Martha Canfield.
www.carlobordini.com