Titulada como Fragilidad de las aguas, Marco Antonio ofrece esta antología para los lectores de La Otra. Poetas del Sureste mexicano nacidos entre los años 1980-1989. Región conformada por los estados de: Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán.
FRAGILIDAD DE LAS AGUAS
Antología poética
del sureste mexicano
1980-1989
Marco Antonio Murillo
Antología poética
del sureste mexicano
1980-1989
Selección, prólogo y notas
de Marco Antonio Murillo
Contenido
Fotografía poética de una generación………………….
Palabra y tradición……………………………………..
Más allá del discurso poético…………………………..
Extrañeza en lo cotidiano………………………………
Legados de José Carlos Becerra……………………….
Brevedades en la palabra cantada………………………
Íntima atmósfera……………………………………….
Ficha del compilador…………………………………..
Fotografía de una generación
Yo nací en el sur
donde el mundo es reciente
y el dolor antiguo.
Juan Bañuelos
Este proyecto busca dar a conocer al público lo que en este momento se está haciendo en poesía en el sureste mexicano. En el panorama actual de la literatura mexicana tienen más peso aquellas voces que provienen del centro de la República, o cuyas poéticas participan de los temas y formas que están en boga en dicha área. Ello ha causado que no se le preste la atención justa a la literatura emprendida por los autores que viven o que nacieron en provincia. El proyecto fue pensado en dos partes; la primera se trata de la antología Casi una isla (SEDECULTA, 2015) que recopila lo más importante de la obra de poetas yucatecos que nacieron en la década de los 80. La segunda, que es esta, amplía su horizonte y sitúa su campo de acción en el plano regional del sureste mexicano.
Cuando decidí nombrar este prólogo bajo el título de fotografía poética, lo hice con el fin de invitar al lector a considerar este trabajo como algo que va más allá de una mera compilación de distintos autores. Mi objetivo es que pueda mirarse como una recopilación de temas, ritmos y preferencias poéticas en común, que, situados en un lugar y tiempo específicos, presentan varios autores pertenecientes a una misma generación. Este horizonte que comienza a vislumbrarse, entonces, trata de hacer una fotografía generacional, detener el movimiento, el cambio al que nuestra poesía más reciente está sujeta, y mirar quienes son los actores de este momento literario, con el fin de hacer un breve acercamiento a sus propuestas poéticas.
En esta región sureste están contemplados 5 estados del país: Tabasco, Chiapas, Campeche, Quintana Roo y Yucatán, estados que poéticamente han ido creciendo a través de diversos talleres, facultades de letras, eventos culturales, premios, becas y encuentros literarios. Caso particular, sin embargo, son los estados de Chiapas y Tabasco, que hoy en día tienen una tradición poética reconocida en México, con personajes literarios que extienden su presencia desde los Contemporáneos hasta nuestros días. Allí están nombres como Carlos Pellicer, Ciprián Cabrera Jasso, Rosario Castellanos, Efraín Bartolomé, entre otros, para constar lo anterior. En lo que respecta al estado de Yucatán he compilado con la idea de extender “Casi una isla” en dos autores más, a los que ya se tenían: Agustín Abreu, Wildernaín Villegas, Cristian Núñez, Nadia Escalante, Karla Marrufo, Manuel Iris, Ileana Garma, Jorge Manzanilla y Marco Antonio Murillo.
En orden de aparición estos son los nombres reunidos en “Fragilidad de las aguas”: Mikeas Sánchez (Chiapas), Enriqueta Lúnez (Chiapas), Isaac Carrillo (Yucatán), Raúl Vázquez (Chiapas), Fernando Trejo (Chiapas), David Anuar (Quintana Roo), Manuel Tejada (Yucatán), Fabián Rivera (Chiapas), Ángel Nimbé (Campeche), Audomaro Ernesto Hidalgo (Tabasco), Juan Carlos Cabrera Pons (Chiapas), Pablo Graniel (Tabasco), Matza Maranto (Chiapas), Arón Rueda (Tabasco), Beatriz Pérez Pereda (Tabasco), Juan Carlos Recinos (Chiapas) y Lizbeth Peña (Quintana Roo). Tras una atenta lectura, los he colocado en dicho orden tratando de hallar en ellos poéticas en común. El resultado de este experimento me ha llevado a dividir el libro en 6 partes de a dos o tres autores cada una: 1) Palabra y tradición, que recoge a aquellos escritores provenientes de las culturas indígenas de la zona maya, poetas preocupados por la conservación de sus culturas. 2) Más allá del discurso poético, que resalta aquellas poéticas que se sirven de otros tipos de discurso para llegar a su objetivo. 3) La extrañeza en lo cotidiano, es decir, poemas que profundizan en las cosas que nos rodean día con día, para entenderlas, renombrarlas y de esta forma, reflexionar sobre el yo poético. 4) Legados de José Carlos Becerra. Dicha sección reúne dos voces cuyo discurso está compuesto por la exploración de imágenes espontáneas y respiraciones largas en la construcción del poema. 5) Por su parte, Brevedades contenidas de la palabra cantada, abreva en poetas que prefieren la exacta expresión y la fuerza del poema breve. 6) íntima atmósfera contiene poemas que gozan de un buen balance entre el aparato sonoro y la hechura del verso; mismo que se traduce en la exploración de las profundidades sensitivas del ser humano, como si de un paisaje interior se tratara.
Esta voluntad de orden, que sin lugar a dudas rompe con las barreras discursivas que hay entre estas 5 entidades federativas, responde, además, a la necesidad de enfatizar la idea de que el contexto de cada uno de estos estados es muy similar: sobresalen los paisajes naturales, y el ambiente pausado y calmo aún en las ciudades capitales. Ello ha permitido cultivar propuestas que destacan en la preferencia de un ritmo lento, de tinte clásico, y cuya fuerza se ubica en el hecho de que la experimentación poética no se busca en el tema o en la forma, sino en la profundización de las imágenes de las que se sirve el poema, o bien, en la renovación de estas. En otras palabras, muchos de los autores prefieren utilizar momentos ya visitados por la poesía, pero otorgándoles un aire de frescura. Todo lo anterior permite que exista una fuerte unidad de propuestas y temáticas entre los poetas del sureste, misma que la hace distinta a las presentadas en el centro y en el norte del país, cuyos ambientes tienden a las atmósferas urbanas o industriales.
Cabe aclarar que los poetas compilados no representan el cien por ciento de la poesía hecha por la generación de los ochenta en el sureste mexicano, por ello es importante que el lector tome estas páginas como una breve muestra de lo que está aconteciendo en el panorama regional de la poesía hecha por autores menores a 38 años. Estos fueron los criterios tomados en cuenta para la selección de los poetas: 1) Que el autor haya nacido en la década de los ochenta. 2) Que haya nacido en uno de los 5 estados contemplados dentro de la compilación, o bien, sea avecindado. 3) Que los trabajos del autor presenten una propuesta poética valiosa, tomando en cuenta la competencia que hay en el contexto literario de su estado. 4) Que el autor tenga, por lo menos, un par publicaciones (en libro, en revista) que respalden su trabajo. 5) Que el autor muestre constancia en el desarrollo de su poesía, a través de la participación en encuentros de escritores, premios, publicaciones, becas, talleres, etc. 6) Que el autor no haya abandonado el interés por la poesía de forma definitiva, hecho que sucede muy frecuentemente entre los escritores iniciáticos. Los autores aquí compilados han demostrado su valía (algunos más allá de cumplir con los requisitos antes señalados) y ya muestran una propuesta poética madura, claramente reconocible en un panorama mayor al que abarca este libro.
Como compilador estoy consciente que una antología caduca con el paso del tiempo. Acaso dentro de 10 años la poética de estos autores ya haya cambiado, anulando así el valor de actualidad que tiene este libro. Al mismo tiempo, estoy seguro de que este trabajo servirá de ejemplo para las siguientes generaciones, así como para retroalimentar la visión que en un futuro se tenga de aquellos escritores que logren consagrarse en el oficio de la escritura.
Marco Antonio Murillo, Ciudad de México, agosto de 2017.
Palabra y tradición
Mikeas Sánchez (Chiapas)
Su poesía va de lo particular-local al mundo en su visión más amplia. Ello dota al poema de una capacidad simbólica completamente universal, que a la vez que comprende el mundo indígena que lo concibió, también reflexiona sobre el entendimiento del individuo como un ser enfrentado a la globalización. Es en este punto donde la identidad verdadera de la poeta, aflora. Mikeas Sánchez es poeta zoque, nacida en Chapultenango, Chiapas en 1980. Maestra en didáctica de la lengua y la literatura por la Universidad Autónoma de Barcelona. En 2006 fue residente en el programa de Traducción Literaria del Banff Centre International, en Calgary, Canadá. Obtuvo el Premio Estatal de Poesía Indígena Pat O’ tan 2004 y el Primer Premio de Narrativa Y el bolóm dice… 2005. Becaria del FONCA en letras indígenas 2008. Autora de los libros de poesía: “Maka mujsi tumä jama”/”Y sabrás un día” (CONECULTA Chiapas, 2006), “Äj’ ngujkomo”/”Desde mi médula” (Astrolabio/SEP, 2011), “Mumure’ tä’ yäjktambä”/ “Todos somos cimarrones” (Indómita Editores, 2012), “Mojk’jäyä”/”Mokaya” (Pluralia Ediciones, 2013), y “Kobikyajubä’jaye”/Selección poética (CONACULTA, 2013). Coautora de la antología: “Like a New Sun”, antología de 6 poetas indígenas contemporáneos de México (Phoneme Media, 2015).
I te’ kojama wiruba’ jana tzame’is wyejkuy’omo
IX
Äj’ nkojama jekä’re
yajk’ katyobabä’is nwyt
te’ nä’chyka tajsubä
oktubre poya’omo
te’ nä’chyka ijtpamä te’ angsän
teserike nä’ ichi’ram
Äjchä’ tza’ wyänubäis musokiuy
tese metzpatzi äj’ ndzokoy’ mosabyä mabaxis’ myätsik’omo
metzpatzi te’ tokoyubä mabaxi’ äj’ a’nukuis´ñyeram
te’ yajkxu’ijtkuy tä’ karambabä’omo
mitajse’naka sawa’is xyukuy
El alma retorna al grito del silencio
IX
Es mi alma la agonía postrera
del suicida arrepentido
el cántaro que se llenó de lluvia
en tardes de octubre
el agua de pozo donde mora el tiempo
y sus monstruos marinos
Soy quimera de los secretos de mármol
y busco mi corazón en el quinto juego del letargo
busco ese sueño perdido de mis antepasados
esa soledad de morir la vida
en cada beso del viento.
Maka mini’ te’ kaku’y
tese maka mbyare’ mij’ änguy’omo
maka mbyare’ mij’ dujkijs myuka’omora’m
jiksekande te’ yäjk’pü tandanijs
makabä chyajme jujche maka ngiae
Jiksekande’ makabä jambä’i mij’ näyi’
maka dyuki’ tumä mabaxi’
te’ mabaxi ja’ tyujkäbä tzayi’kam
u te’ mabaxi yagbajk’unes’ñye
tese ñyagbajk’une mareke’ mijtzi
Llegará la muerte
y te encontrará en tu cama
entre los hongos que habitan tu casa
o en el recuerdo de la mariposa negra
que anticipó tu ausencia
Entonces olvidarás tu nombre
y te volverás un sueño
el sueño de una tarde jamás contemplada
o el sueño del niño desamparado que fuiste
y no has dejado de ser.
Rama
……………………………Te’ sudgu’y tumä pajk’te jairäbä’is ñyoyi’
……………………………Julieta Valero.
Jojpajkin tajsu’xys
jojpajk kutpa yuñ’ijtkuy’omo dyom’ijtkuy’omo
ñä’ ijtu’ ips’ komajk komojsay ame’
teje’ myusabya Mahomas nkyusku’y
uka ñä’ ijtpa patsoke’une
tekoroya jyokpa jyaya
joyä tsäkibä’ yasa’kämä
sudgu’y kämä’
poñi’bä konukskuy’jin
konukspä tsu’ ko’ tsu’
wäkä myajkpä’ä sudguy’istyoya’
Kasujpa tä’ ägba’ jana’pama
uka’ ni’ijs ji’ tä’ pike’ dä yomijtku’y
teje’ nkipspa’ sone’naka
yangamyajpasen’omo wyrun’dam
teje’ myabaxäbya’ Dakar’pä kubgu’y
juwä sone’ yujk’tambä yomo’istam
ne’ pyojkin’dchokiaju pyabiñomo’ajkutyam
tumdumäbä’is wyadba peka’wane wolof’ore’omo
tumdumäbä pabiñomo nä’ jonchire’
ne’ xirijtubä sudguy’ käjsi
Rama
El deseo es un hueso al que nadie puso nombre.
Julieta Valero
Los ríos que la habitan
se bifurcan entre su infancia y su sexo
tiene treinta y cinco años
y sabe que Mahoma no le perdonará
un hijo sin padre
por eso su vientre espera con calma
debajo de su vestido de flores
debajo de la pasión
desde una plegaria silenciosa
que pronuncia cada noche
para ahuyentar los malestares de la carne
Ser libre es dormir desnuda
sin unas manos buscando tu sexo
piensa mil veces
mientras cierra los ojos
y se sueña en una calle de Dakar
entre una decena de muchachas negras
recién llegadas a la pubertad
cada una ensaya cánticos ancestrales en wólof
cada una es una gaviota salvaje
volando alrededor del deseo
Mumure’ tä’ yäjktambä
Dä’ ngomi uka yijtubäre
dejurä’ mij’ jamdzäjkpatzi
Nancy Morejón
Ni’is ji’ myusayae ñäyi’ram
teserike kyonuksku’tyam akuajyajpabä’jin te’ angdung’dam
tzajpis’ñye teserike yatzibä’räjk’kisñye
Wijtyajpabä’koroya yäjktambä’ pändamde’
jomemi’tyajubäma Barcelona’kubguy’omo
jana’ yoxkuy’jin
jin’ muxae’bäis chapya’ä kastilla’ore
yäjktambä pändam’ makyapabä tuk’omo
maa’ wyjtyajpabä
pän’dam yisansajyajpabä’is yose’ teserike ñatzku’tyam
sone’ kenebäis wynan’omo’ram
Teis ñä’ ijtyaju Ngyomi
äjtzi ijtkeruri äj’ Ngomi
tese’ yajk’ mayayajpatzi tyoya’istam myajkyaräjpa’ankä te Mossosd’Esquadras’tam
jujche myta’ yangukamä’yaräi
jujche myta’ yajk’ tumya’räi numyajpabä’jin teserike yajkaoye’jindam
Wenen’omo makatzi mujabä tun’omo
makatzi Barceloneta makatzi Ramblas
teje’ amiajpatzi mumu’ te’ yäjtambä pändam
tyokiajpabäis pobobo tuyku’ najs’käjsi
makajse wyruyae muja’ meya’omo
makyajsema nukiae’ te’ xutyajpabä kubguy’omo
te’ kubguy’ nukiajubä’omom kysayaräjpamä
Jiksekande’ tzubiabä tekoroya’ram tobyabä chyokoy
te’ tyumbä konukskuy
juwä’ mujspa’ jä’yaä jonchijse’
Teis’ ñä’ ijtyaju tumä ngyomi tanä’ombabä
kyäwäñajpabä kyämun’gämä
une’is wyanjamokiuy’jin
teserike yajkaoye’is wyanjamokiuy’jin
Tekoroya tuj’kämä
mumu’ kasujkpa watyajpa
jyambäyajpa yä’ muja kubguy
jurä ni’is ji’ mujsi chajmayaä ñäyiram
Teis’tam ñä’ ijtyaju Ngyomi
suñi’ ombabä
tejerike ñä’ ijtyaju tumä pobobo’ruku
akuajpabä suñi angambabä
ñä’ ijtyuaju tumä ma’a
wäkä jana’ yoskaya’ä
ñä’ ijtyaju tumä pobobo’ruku dä’ bakspabä dä’ sinbabä
wäkä mujsä pyoya’ä yayi
jene yayi ji’ nkybatyae’mä te’ Mossosd’Esquadras’tam
ji’ nkybatyae’mä te’nkysayajpabäis yäjktambä pändam
ji’ nkybatyae’mä dä’ Ngomi’is tyoti’ajkuy’is
Todos somos cimarrones
Oh dios, si existes
no he dudado de tu existencia.
Nancy Morejón
Nadie conoce sus nombres
ni sus ruegos que abrirían todas las aduanas
del cielo y del infierno
Para los viandantes sólo son negros
recién llegados a Barcelona
sin empleo
sin español en la lengua
cimarrones que van por la calle
con su venta improvisada de baratijas
gente que extiende su hambre y su asombro
ante la mirada de turistas y fisgones
Ellos tienen un Dios
yo tengo un Dios
y me lamento por su mala suerte
de correr cada vez que los Mossos d’Esquadra
vienen tras de ellos a encarcelarlos
a juntarlos con ladrones y homicidas
A veces voy por la Gran Avenida
o por la Barceloneta o por las Ramblas
y veo a todos aquellos hombres negros
que extienden su manta blanca sobre el piso
como si de pronto volvieran al mar
y ondearan las velas de la tierra prometida
la tierra que un día se les volvió espejismo
Entonces sólo les queda la barca
de sus corazones a la deriva
la piedra del naufragio
donde cada uno es un pájaro que gime
Pero ellos tienen un Dios
que guardan bajo su sombra
con la fe de un niño
y la esperanza de un suicida
Por eso aún bajo la lluvia
todos cantan su mala suerte
y a ninguno de ellos le importa esta ciudad
que no sabe pronunciar su nombres
Porque ellos tienen un Dios que huele a acacias
que sabe a éter y soledad
Y también tienen una manta blanca
que se abre y cierra fácilmente
una venta improvisada de baratijas
para sostener el hambre
una manta que se dobla y amarra
para poder correr lejos
muy lejos de losMossos d’Esquadra
de la xenofobia
y de la ceguera de Dios
Enriqueta Lunez (Chiapas)
Poesía de texturas sincretistas, que logran captar las mejores imágenes cotidianas de su pueblo. Las metáforas, delicadamente construidas, revelan a un sujeto imbuido en un tiempo ritual en donde el cuerpo femenino es receptáculo de la belleza y el poder de la naturaleza ancestral. Enriqueta Lunez es poeta Tsotsil, nacida en San Juan Chamula, Chiapas en 1981. Ha sido becaria del FONCA en sus emisiones (2004-2005) y (2010-2011), DIFOCUR del estado de Sinaloa (2006-2007) y en 2008 del Centro Internacional de Traducción Literaria de Banff, Alberta, Canadá. Ha publicado los libros: “Tajimol Ch’ulelaletik” / “Juego de Nahuales” (Astrolabio/SEP, 2008) y “Sk’eoj Jme’tik U”/“Cantos de Luna” (Pluralia Ediciones, 2013). Es coautora de los discos multilingües: El rescate del mundo, poemas de Rosario Castellanos (Puertarbor, 2012), “Lluvia de Sueños: Poetas y cantantes indígenas”, Vol. I y III (Dirección General De Culturas Populares e Indígenas).
T a jm ui’m tas ta pom lia be’ktal ta kopale
Ta jmui’mtas ta pom lia be’ktal ta kopale
taj jsaku’mtas li xtal a be’e
ta jnojesot ta ts’ibetik k’ejimol
ta jmaltaot ta xmuet paju’mtaubil pox.
Ta k’un k’un chkal li k’usi mu xa jna’yo’ mu xa va’ie
ta jaxulan ta kok li k’usi muk’bu na’bile
k’anbilot xapas aba’
k’alal cha vak’bon li jamal slajebal a vik’e.
Sahúmo la tersura de tu cuerpo
ilumino tu próximo destino
sacio tu ser de notas interminables
te derramo fermentos exquisitos.
Susurro sortilegios sin que me escuches
acaricio con los pies el origen inaudito
manso y benévolo eres
al otorgarme el último aliento desvestido.
Koltabil ta jun jtotik muyuk sbi
Koltabil ta jun jtotik muyuk sbi
ta vaychiletik laj yich vokol
tas kuxlejal a’bal ich’bil ta muk.
Ants nu stak tijel xchi’uk k’oponel
ja’a ch’ulel jun yajval ak’obal
ku’ yelan lek cha ilolaj
ta svayumtas ta jujun k’ak’al jujun ak’obal
li jtotik li la st’ujotal.
Favorecida por un Dios sin nombre
en sueños sufrió pesadumbre
en vida el malestar de su hombre.
Mujer delicada
con alma de animal nocturno
tus rezos cálidos
arrullan día y noche
al Dios que te eligió.
Vaychiletik
Talanun, ta xkil chi umaj
te ta yut na’m mu xbultajol
cha’bal chi va’k, xiemun, mu o no’ox jna y’aluk
mujna k’ucha’al jech li jvayiche’
ta anil chi jatav
yu’un skoj a’njeletik xchi’uk pukujetik
ja ti ta spojbesbai’k
ti jkuxlejale’.
Sueños
Desnuda, me veo florecer
dentro de un lago que no recuerdo .
inmóvil, temerosa, confundida
del sueño que no comprendo
desesperadamente huyo
de los ángeles y demonios
que se baten
por adueñarse de mis sueños.
Yuninal Jm’etik
¡Chamkun, lajkun!
Xi jun tseb.
¡Chamkun, lajkun!
Xi jun ants.
¡Chamkun, lajkun!
Xi jun yayil.
Yo’ to unin li jme’metike ¡chamkutik!
Luna Nueva
¡Morir, morirse!
dice una joven.
¡Morir, morirse!
dice una mujer de mediana edad.
¡Morir, morirse!
dice una anciana.
¡Murámonos entonces! que la luna yace tierna.
Xanvil vinik
Jun te’
jun na
jun ts’i’
ta xokon tak’inal be
cha mala chjelav
li tren chikotbal ta namal lum
sat jtotiketik
spat avo’onton,
ok’om cha’ej
cha tambal abe
ta slok’em smalem jtotik
cha bat cha sutal mi-oy akuxlejale.
Travesía
Una casa
un árbol
un perro,
las vías
el tren
tú
santitos milagreros
el consuelo,
mañana partiremos
de norte a sur
de sur a norte
vaivén del ensueño.
O’lol Jme´tik
I
Ta po’ko mochibal li jme’e tsmak sba,
li snopbenale bak’intik kochuk k’ok’ tax chuchbe sk’ak’al.
Li jme’e, stusbun jol, stitun xchi’uk ta xcha pech’anan li k’usi ta
[snop ta yut yo’nton:li k’ambail mukul ta yolon tasiletik
ti oy ak’o mi yi’jil ants-xa xchopolal tstalelal.
Li jme’e, jamal chal ti oy smul
mi junuk k’ak’al aba’l xkuxet yo’onton,
jech jnoptike, li jkajvaltike mu sna k’us muk’ul k’us pi’jlej oy tas kuxlejal li antsetike.
II
Jch’amantik asat, me’
yu’un ta jk’el ka’i jpukujiltik.
Jch’amantik ave,
yu’un ta jkavta ka’i tas malem k’ak’al sbi jtot.
Jch’amantik ak’ob,
mi yal li sikil akubale, k’uk’un chlik jbots’ li ixime,
ta jchuchbe sk’ak’al li k’ok’e, jpis jsat.
Jch’amantik abok,
va xanavkun ta yut chobtik, ba jvulan kanimatak, ba’ kejlikun ta ch’ul na.
Avokoluk, jchamantik asat, ave, ak’ob, abok
yu’un mujk’an jel jkuxlejal.
O’lol Jme´tik
I
Mi madre cubre el cuerpo con el viejo rebozo de su infancia,
atiza fuegos extintos en la memoria de la niña que fue.
Ella, peina mi cabello, trenza y destrenza pecados que jamás confiesa,
de aquél deseo oculto bajo sus cobijas,
de aquella falsa santidad de los años.
Ella, se confiesa culpable
es la mujer más infeliz de la tierra,
o acaso, la mujer más astuta que Dios jamás imaginó crear.
II
Madre, necesito de tus ojos
para ver nuestra maldad.
Necesito de tu boca
para gritar al atardecer el nombre de mi padre.
Necesito de tus manos
para amasar el nixtamal, atizar el fuego, persignarme.
Necesito de tus pies
para recorrer la milpa, visitar nuestros muertos y danzar.
Señora mía, es urgente, necesito de sus ojos, boca, manos y pies
para no olvidar nuestra raíz de luna.
Isaac Carrillo Can (Yucatán)
Su poesía se nutre del canto, a través de paralelismos de oraciones que van creando el tono de oralidad y memoria colectiva. Pero también están los poemas cortos que, en esencia, recrean la sabiduría cultural pasada de generación en generación. Con ello, el poeta, dueño de la palabra del pueblo, salda cuentas con el pasado prehispánico. Isaac Carrillo Can es poeta maya nacido en Peto, Yucatán en 1983. Ha sido merecedor de los siguientes premios: Premio Nacional de Literatura Maya Waldemar Noh Tzec 2007, Premio Alfredo Barrera Vázquez 2008 y el Premio Nacional Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas 2010. Becario del FONCA en el programa Jóvenes Creadores en la disciplina de letras en lenguas indígenas 2016-2017. Es Autor de “U yóok’otilo’ob áak’ab” / “Danzas de la noche” (CONACULTA, 2011). Es compilador de “Kan ik’ti’ili” (Ayuntamiento de Mérida, 2012) y coautor de Kuxa’an t’aan / “Voz viva del mayab” (UNAM / SECAY, 2016).
Neek’
In t’aane’,
jump’éel wóolis chak neek’ kin pak’ik tu tuuch lu’um,
Beyo’,
le kéen méek’a’ak xma uj tumeen u ts’ook jump’éel in áak’abile’,
yaan junkúulche’tal tu’ux ch’oj ch’íich’o’ob kun k’ayik in k’ajláay.
Semilla
Mi voz, mi palabra,
es una semilla roja que siembro en el ombligo de la tierra,
así,
cuando mi última noche abrace a la luna,
será un árbol grande en cuyas ramas, pájaros azules canten mi memoria.
Junk’aal
U kuxtal wíinike’ chéen le jaaj wíimbal ku p’atik u yoochel te’ lu’um yéetel u juum u t’aano’…
Le o’olale’ k ojel tuláakal le náayo’obo’ ku popokxiik’o’ob t óok’ol ka’alikil k wenel, ba’ax unaj k beetike’:
k ajal,
k chukiko’ob,
k ka’ansiko’ob xíimbal,
wa k múul xik’nal yéetelo’ob.
Cierre del ciclo
La vida del hombre es la única sombra que deja huella y eco…
Por eso creemos que los sueños revolotean sobre nosotros mientras estamos dormidos,
lo que debemos hacer es:
despertar,
atraparlos,
enseñarles a caminar,
o volar con ellos.
Ka’ach tin paalil
I
Ka’ach tin paalile’
uts tin t’aan in chukik xnook’olo’ob
yéetel in tikinkúunsik péepeno’ob,
juntéenake’ taakchaj in wilik u xik’nal
le xnook’olo’obe’ ka tin tak’aj u xiik’o’ob
yéetel u yiits junkúul che’.
Le je’ela‘ jaajchaj tin kuxtal:
Bejla’e’ ich k’iin ku máan in jiilankil
ba’ale’ ich áak’ab kin xik’nal…
II
Ka’ach tin paalile’ kin chukik kóokay,
kin ji’ik u jojopsáasilo’ob tin wíinkilal
utia’al in júult’abtik in piixan ich u jobnel áak’ab.
Juntéenake’ in chiiche’ tu puk’aj u t’aan ich ja’e’ ka tu ts’áaj ten in wuk’ ich ch’ench’enkilil.
Bejla’ kéen in wu’uy u wo’oltiken éek’joch’e’enile’,
juntúul kóokayen ku k’a’ajsik u chiich.
Cuando era niño
I
Cuando era niño
atrapaba gusanos
y disecaba mariposas,
un día quise que mis gusanos volaran
y les pegué alas
con la viscosa de un árbol.
Esto se hizo realidad en mi vida:
Ahora durante los días me arrastro,
pero en las noches vuelo…
II
Cuando era niño atrapaba luciérnagas,
sacrificaba sus cuerpos en mi piel
para iluminar mi espíritu en las entrañas de la noche.
Un día mi abuela diluyó sus palabras en agua y me las dio a beber en silencio.
Ahora cuando la oscuridad me envuelve,
soy una luciérnaga que recuerda a su abuela.
Bobatil t’aan
Bíin k’uchuk u k’iinil u wo’ojol u winalil T’aan,
u winalil u ch’a’acháakta’al ti’ Cháak ka u wek t’aano’ob,
u k’aayil ti’ Aj Muken Kaabe’ utia’al ka síijik u kaabil juumo’ob.
Bíin much’lak nuxibo’ob u k’ay u k’aylayo’ob,
bíin much’lak ch’ija’an ko’olelo’ob u pak’ éek’ neek’o’ob
utia’al ka jaanta’ak u ch’ujkil k t’aan tumeen k paalal.
Bíin k’uchuk u k’iinil u wo’ojol u winalil T’aan,
u k’iinil unaj k bin,
u k’iinil k chúumbesik k beel tu jobnel u buuts’il ye’eb,
u k’iinil u yu’uba’al u juum k t’aan tu chuun kili’ich che’.
Walkil ma’ k’aaynak xooch’
mix jun óok lu’um bal a wicha’,
sut ch’íich’il u juum a t’aan
ka u beet u k’u’ tu che’il k’iino’ob
beet ma’ u jóon tu’upul u k’aay mix tu k’iinil yáaxk’in.
Augurio
Llegará el tiempo en el que Voz sea el nombre de un mes,
en el que la petición a Cháak sea para que lluevan voces,
que los cantos a Aj Muken Kaab sea para que brote la miel de los sonidos.
Llegará el tiempo en el que los ancianos se reúnan a cantar su memoria,
las ancianas a plantar semillas oscuras
y nuestros hijos coman lo dulce de nuestra palabra.
Llegará el día en el que Voz sea el nombre de un mes
y tengamos que marcharnos,
el día de emprender la travesía hacia lo espeso de la bruma,
el día en el que el eco de nuestro instinto se oiga en el tronco del gran árbol.
Ahora que no canta la lechuza,
ahora que tu rostro no se cubre de polvo,
haz de tu lengua un pájaro,
que anide en el árbol del tiempo
y que su canto no se apague aún en tiempos de sequía.
Más allá del discurso poético
Raúl Vázquez (Chiapas)
El registro poético con el que trabaja le permite tomar mecanismos del ensayo y verterlos apropiadamente en el poema, de tal forma que la cita, la reflexión académica y la investigación se transforman en novedosos elementos poéticos necesarios para experimentar con el lenguaje. Raúl Vázquez nació en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas en 1981. Estudió Lengua y Literatura Hispanoamericana en la Universidad Autónoma de Chiapas. Ha publicado en varias antologías nacionales. Publica ensayo y poesía. Ha publicado los libros “Entre lo timorato y lo arrogante” (2007) y “Dalton” (2014).
nicos poulantzas reescribe su muerte
Los comienzos del proceso de fascistización presuponen una serie característica de derrotas de la clase obrera: los comienzos de este proceso son como el día siguiente de esa serie de derrotas que le abren precisamente el camino.
Nicos Poulantzas
Ha arramblado el amargo furor del perro y el acre aguijón de la avispa; de ambos toma el veneno de su lengua.
Calímaco
(Versión de Jordi Redondo)
suicidio: quitarse voluntariamente la vida
algo
que perjudica o puede perjudicar muy gravemente a quien lo realiza
prefiero decir voz formada a semejanza de homicidio
qué vendría a significar o doler si las voces de mi generación
cayeron bajo sospecha
sospecha de un mundo castrense o sometido al proceso de la derrota
han muerto los amigos hemos muerto
nuestra vocecilla chillona ha sido marginada por occidente
sísifos de la sospecha nos derrotó un gladiador inmisericorde
althusser: homicida neurótico de los pasillos del manicomio de sainte-anne
barthes: sin rostro esclavo hecho harapo estrellado en un suelo que conozco mejor que nadie y testarudo gourmet de la mierda y el orín
foucault: viejo burlón que el sida dejó sin pasos y manos loco sadomasoquista
deleuze: enfermo cansino brutal y casino de nuevo como las mesetas del dolor que describió
poulantzas: el vacío obligado el duelo martirizante muerte que no se sabe muerte venidera que le corresponde a toda la humanidad muerte involuntaria
somos el polvo del pensamiento
y ahora lo sé
no he estado del lado ganador
soy el derrotado
la suspensión el golpe que se debilita dentro de mí
del golpe que se sujeta en mí como un sinsentido
hemos sido aborrecidos odiados
hemos sido doloridos somos el dolor de
un caldo con sabor rancio que revienta en el medio de occidente
somos los muertos la locura lingüística la entrada del último
grito de los huidores del mundo que se negó a sí mismo
somos los pocos los pensamiento los sin vida
somos los que se atrevieron los que no retrocedieron
los envenenados los enloquecidos los perseguidos los humillados
porque el pensamiento crece cuando el derrotado es quien piensa
una nota al margen que supone un derrumbe una “tradición” nueva
que es marginada y escupida por las buenas mentes oh raymond aron
somos el sexo de occidente somos incluso la negación de ese sexo
somos la carne de una voz que se niega a morir
el dónde del preocuparse o el proceder de la imaginación
la negación de dios y su reflexión
(en la ceniza y la carne, entre los miedos del siglo
estamos y mi muerte no ha sido pensada)
y el “porvenir dura mucho tiempo”
las voces sin réplica se amontonan
un bonapartismo que no muere
me abrazo en caída a mis libros mi cerebro perseguido estampado en un suelo inmaterial
mi abrazo en caída 22 pisos de lectura finita
y la Torre de Montparnasse sobre mí
como el resto que se alarga por precipitación
el suelo o la gravedad
por precipitación sin sentido por precipitación que es una idea suspendida
por precipitación en el choque involuntario lo digo involuntario
occidente me arrastró nos arrastró sísifos muertos que han llevado al planeta
como piedra
homicidio eso significa mi muerte esa palabra me define nos define
así la escritura (que agita en mí) se cae se precipita en la negación
en la burla en la piedra
y confusión y defunción
y decoro de burgués tras de mí o de conservador liberal
con decoro de capital me han matado nos han matado
y el deploro de la voz alumbre de pluma que se asparse
y se augusta bonapartista sobre el ser
envenenado enfermo extraviado ho
mosexual loco que somos homicida asesinado y soy
se augusta romano y representativo
agitador de la “masa” y variopinto
común de boca abierta
y al fin soy el ser que me ha dolido el ser que me ha dolido
Fernando Trejo (Chiapas)
Dueño de variados registros poéticos que van desde lo íntimo hasta lo amoroso, en su libro “Ciervos” se reinventa a sí mismo y experimenta con elementos pertenecientes a la poesía documental de Estados Unidos. El autor no sólo es poeta, también detective: investiga y da legitimidad a la biografía de un personaje histórico, vinculado con el arte y la muerte. Fernando Trejo nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en 1985. Es comunicólogo y actor de teatro. Ha obtenido los siguientes premios: Premio de Poesía Inédita Enoch Cansino Casahonda 2014, Mención de honor en el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino 2014, Premio Centroamericano de Poesía Rudulfo Figueroa 2015, así como el Premio Nacional de Poesía Ydalio Huerta Escalante en 2008 y 2017, entre otros. Ha sido becario del PECDA en 2005 y 2008, así como del Centro de las Artes de San Agustín Etla, Oaxaca en 2007, y del IMCINE en 2010. Es autor de varios volúmenes de poesía, los más recientes son: “Traveling” (Literal, 2011), “Solana” (Tierra Adentro, 2014), “Ciervos” (Atrasalante, 2015), “Base Atenas” (Mantis Editores, 2016). Actualmente dirige la revista electrónica Carruaje de Pájaros, misma que cuenta con emisiones radiofónicas y un encuentro de escritores.
Richard Dadd (1817-1886)
(Framentos)
The fairy fellers master stroke
Come on Mister Feller,
crack it open if you please.
Freddie Mercury
Frente a mí, como un espacio en blanco: el golpe. Tiendo sobre mi cráneo, dentro de mi cráneo, esa palabra blanda como el tuétano: golpe. Duendes en mi habitación abren el silencio. El silencio es un cuerpo delgado vertido sobre el piso, una placa de luz. Entonces quiebro un par de dedos y tomo lo que fuera el hacha. Comienzo una tarde de 1855 en Bethlem. Asistido por un par de manos al aire, hadas en el pecho, gnomos divirtiéndose por mí en los montículos de piedra. Desarrollo una línea, un pedazo de golpe. Un hombre cabizbajo, un caballero debajo de la tela, una mujer toma agua de mi vaso, atraviesa su mano por los límites del tiempo y entra en mi habitación, la destazo en la abertura de mis ojos. Varias cabezas como nueces en su vestida osamenta. Un leñador aparece en 1856, soporta entre sus manos un pincel. 1857: de mi izquierda nace una princesa vestida de azul, sus pechos elevan una danza en la que bailo desnudo. Aquí en Bethlem nos permiten bailar a los que somos capaces de capturar la música. Yo la aprieto. 1858, un mago de capa roja es perceptible al centro. Soporta entre sus manos un bastón que he robado de una novela de Dickens. Los trompetistas no son trompetistas. ¿Alguna vez volaste con los ángeles, querido Thomas? Mira, ya es 1859 y sigo siendo un joven pintor que tiene un hacha en la frente. Figuras diminutas en el lienzo diminuto. No puedo dormir, Señor Dadd, aléjese del diablo. 1860: fractura el lienzo una libélula vestida de ninfa. Me pongo a caminar por el trayecto de su transparencia. Bebo un vaso de Medway. En 1861 aparece un político, flores blancas a detalle en forma de suplencia ante las lonjas de la resignación. La resignación pesa como la desdicha del leñador que aparece entre sus manos. 1862: no dejo esta habitación. El silencio se levanta como una placa de luz. Caen de pronto frutos, margaritas. Alguien dentro de la pintura enciende un cigarrillo. Blancos y verdes son los ojos de alguien a lo lejos inmiscuido en la narrativa de la obra. Hechizados desde mi piel, en la teñida risa de unos duendes, la voluntad se apaga. Bailo sobre los pechos de una princesa azul. Llega 1863, cuando parece nítida la imagen aparece un rostro más. Son rostros míos que vagan en la médula. Un par de hadas, un pequeño gnomo, un montón de duendes tallados a la planicie del lienzo que ya no es un lienzo sino una necesidad, un hogar muy parecido a Kent. El Leñador sigue ahí, porta, entonces, el pincel: trazará una castaña. Yo estoy por terminar, acerco el hacha al lienzo, lo sostengo sobre mi cabeza pero alguien escribirá: La espera es eterna: anula el tiempo: 1864. Queda sonando.
Desde el Asilo Broadmoor para Criminales Lunáticos
Disculpe usted, Señor Dadd. No habría conseguido lo que soy de no ser por su blandura de cepa. Estos últimos días he estado pintando largos trazos de aliento para ver más allá del aire. Camino en las mañanas, me detengo frente a árboles a contemplar su belleza hosca, me desnudo frente a damas que se abaten en la abertura de la música. Los árboles dan música, se abren como pájaros al mar de donde llueve. La risa de Dios mueve las cortinas de Broadmoor y se cuela su voz por la ventana. Logro ver el aire.
El leñador sostiene un hacha
Voy a pintar un cuadro donde un hombre soporte un hacha. El hombre será un leñador que soporte un hacha. Gnomos y hadas en el submundo del leñador que soporta el hacha lo observarán. Sombrío. Lianas y arbustos. La música abierta. Flores muertas de tan blancas. Naceré ahí, en el golpe. Un hombre observará, dos hombres observarán. La mirada es una línea que sostienen mis hadas. El duende tiene miedo de mí. Sus ojos me ven tanto al oído que lo escucho. El leñador está a punto de quebrar el aire nueve años después. Fin. Cae el hacha sobre Robert Dadd. Parto en dos su cráneo. El lienzo tiene mi firma.
Johann “Jack” Unterweguer (1950-1994)
(Fragmentos)
Me llaman Jack
Me aventé del cuarto piso, y me detuvo la mano de Dios.
Me arrolló un coche, y me detuvo la mano de Dios.
José Luis Calva Zepeda
En el camino un par de zapatos. Los calzo y adopto al instante cierta piel, tales movimientos. Soy Jack. Me digo desde mí. Es de noche y Londres se sostiene en duermevela. Una densa niebla cubre mi vista más allá de mis manos. En la nariz un dulce olor a moscas zumba y me llama. Al fondo, como un lienzo, trazos de luz: ocre y gris. Palmo las trenzas de una dama y entonces dos fardos de pintura bañan la total oscuridad. Un hombre baja por una escalera que ha formado la neblina y me obsequia un pincel. Su mango de madera cabe perfecto entre mis dedos. ¡Jack!, grita un ruido en algún callejón. Intuyo que es un callejón por la sonoridad del eco. Y el grito se repite una y otra vez hasta paladear. Es ella: la contemplo como un Jack sin preámbulos y se desviste como un ángel mientras se mantiene a unos centímetros del piso. Mis zapatos atrofian la belleza del silencio al zurcir los tacones al suelo en cada paso. La pinto, bella, en su aureola reflejante. Soy un magnífico artista, la he tallado idéntica en el vaho gris. Poco a poco, hacia atrás, otra vez hacia atrás mis huesos truenan, se quiebran. Estoy sentado en mi departamento. Tocan a mi puerta. El ángel hierve y salto como me ha enseñado Dios.
Desde mi celda: Bécquer
La libertad, si fuera un eco, se repetiría seguramente en el gorjeo de los pájaros. No existe mayor comparación. Desde mi celda oigo cómo el viento es rojo si trae los resquicios del carbón. Si es verde, el monte ha mejorado en su postura de nardo. La oscuridad no sólo se conoce al filo de la oscuridad. No es cerrar los ojos ni caminar la noche. La oscuridad total, la más cegadora, es la que más se ve. Un hombre puede hablar sin saber cuál es el cuerpo. En las paredes de mi celda, que parecen acercarse a mí cada día, he querido decir mi nombre y se ha agrietado el eco. Bécquer ha puesto en mi celda un pedazo de aliento.
David Anuar (Quintana Roo)
Si existe un gusto por los paisajes caribeños desarrollado en sus anteriores libros, en “Memoria de Gabuch” la poesía se comienza a construir por el uso de la crónica y la historia; elementos extrapoéticos que recuerdan las crónicas de indias y tienen por objeto dar veracidad a lo narrado, al mismo tiempo que otorgar nuevos niveles de significado al poema. La poesía, entonces, pasa de ser lirismo a testimonio fiel y documentado de la historia local. David Anuar nació en Cancún, Quintana Roo, en 1989. Es Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad autónoma de Yucatán. Estudiante de la Maestría en Español en la ENSY. Becario del PECDA en 2012 por el Estado de Quintana Roo y en 2015 por el Estado de Yucatán. Ganador del Concurso de Cuento Corto Juan de la Cabada (2011). Es autor de la plaquette de poesía “Erogramas” (Catarsis Literaria-El Drenaje, 2011); del libro de crítica literaria “Cuatro Ensayos sobre Poesía Hispanoamericana” (CONACULTA / Ayuntamiento de Mérida / Libros en Red, 2014); y de los libros de poemas “Bitácora del tiempo que transcurre” (CONACULTA-Ayuntamiento de Mérida, 2015) y “Memoria de Gabuch” (Letramar, 2016).
Flamboyán en la niebla
Flama por las flores:
en el casco principal
alguien levanta una orla de incienso
copal vejado
se amotina en el bajareque
el humo nos invade
como rumor de vientos malos
como resplandor siniestro
flor de flamboyán
incendio
Azul y tuerto
¿Cómo enalbardar un canto
cuando se ha caído de mi boca?
¿cómo levantar un pájaro
cuando en mí todo es féretro y tierra de gusanos
y mis palabras son un pueblo de moscas
un concilio de lisiados
que alzan sus muñones al cielo
recordándome un azul y tuerto pájaro?
Vamos a escarbar la tierra
ahora, solo por unos momentos
vamos a soltar nuestras falanges
como gusanos hambrientos y ripiosos
de raíces negras y azuladas.
Vamos a dejar ahora
aquí́, solo por unos minutos
el cadáver de nuestros ojos
florecer hacia el interior
de un pájaro enorme, tuerto y azul
enterrado en el corazón
de los días muertos.
Memoria de Gabuch:
Crónica de Koppara
(Fragmentos)
Octubre 18, 1969.
Hace dos días don Lima mandó a decirle a Cachito que desyerbara una gran parcela y que amontonara la hierba seca alrededor, formando un cuadrado que tuviera en cada punta una fogata. También le dijo que limpiara muy bien la Casa de Visitas, que ya está casi concluida. Cachito, sobrecogido por el trabajo, nos pidió́ ayuda a Emilio y a mí. Trabajamos todo el sábado.
uno nunca sabe para quién trabaja
nadie lo imagina nadie lo creería
recuerdas Gabuch
recuerdas cómo nos destrozamos las manos
arrancando los cardos de la tierra
dibujando el cuadrado de nuestra desgracia
trazando la hojarasca de nuestro holocausto
recuerdas a Cachito
aquella tarde de ojos entumidos
por la pira del trabajo
ardiendo en su piel
recuerdas a Cachito
delgado casi roto
hablándonos
rogándonos
Gabuch Emilio
don Lima va a llegar
el Rudy me lo dijo en la mañanita
ques que quiere una limpia de todo
de casa de playa de maleza
ques quiere un cuadrado pelón
y fogatas sobre el polvo
hoy es viernes mañana
sábado y después
don Lima
y yo solo
Agosto 4, 1970.
Desde hace tres semanas los hombres del campamento trabajan. Hay cimientos y varillas, grava y cemento. Son edificaciones pequeñas que crecen a gran velocidad. Ayer, mientras caminaba por la orilla del Nichupté, vi que han terminado una casa por completo. El campamento crece como un panal de termitas, cada vez llegan más personas atraídas por la miel del trabajo. Emilio, quien vive más cerca del campamento, se queja del ruido, dice que ya no se puede dormir con tanta cantaleta de borrachos.
cuantas veces nos prometieron
un terruño pedazo de casa
cuantas no vimos despuntar
en nuestras narices
los tallos de concreto
y los retoños de varillas
cuantas no escuchamos
ya merito
ya casi es la de ustedes
ya casi les llega la hora
y aquí́ seguimos
con la mano extendida
extenuada
inflamada hasta la miseria
agarrotada hasta la raíz de nuestros tendones
y de nuestras esperanzas más cálidas y caídas
esta falta de vida Gabuch
ya solo se escucha la parranda
la cantina algarabía de los invasores
escucha lo que te digo Gabuch
este campamento de idiotas de buena voluntad
nos van a estrujar el pescuezo tarde que temprano
tarde que temprano recuérdalo Gabuch
Extrañeza en lo cotidiano
Manuel Tejada (Yucatán)
La búsqueda emprendida es de la realidad (antipoética) hacia la poesía; en otras palabras, sus poemas están hechos a partir de la poetización de elementos que el lector no esperaba que se utilizasen. A demás de ello, consigue que el poema sea recipiente de una carga de emotividad y un tono reflexivo o de interiorización personal. Manuel Tejada nació en Mérida, Yucatán en 1981. Estudió la Licenciatura en Literatura Latinoamericana en la Universidad Autónoma de Yucatán. Es articulista en la sección cultural del diario POR ESTO! y del portal Encuentro Digital. Ha obtenido el Premio Estatal de Poesía José Díaz Bolio 2015 y el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Mérida 2016. Es coautor del libro “El éter de las esferas” (Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida, Yucatán, 2006) con el poemario “Lo otro que me habita”.
Cavilación de la galleta
Sólo es pensarte, Viejo
un poco más con el ansia de decirte hoy-no-te-vayas
comeremos de la sopa de los días;
hay una gelatina todavía con mis dedos sucios, y quiero darte de beber
un poco de miel con lágrimas y vino.
Queda una galleta escondida en el rincón de la cocina,
queda una mujer cantando
desde la última arruga de su infancia, y tú no sabes
no sabemos, Viejo, dónde
las palabras nos formaron caries en el rostro.
Chilla una ventana que se niega al mundo,
chilla también el ropero y sus cajones;
vamos a buscar debajo de la escoba
para ver si mis hermanos ya crecieron
o si al menos les nació del llanto una sonrisa maquiavélica
porque entre el polvo se pusieron a sembrar tomates
pero brotaron sueños.
Hace siglos que yo sueño
que mis pantalones crecen más allá de las rodillas,
hace inviernos que las manos tiemblan, que el corazón
me habla y me detesta.
Tengo frío en el tobillo izquierdo. Soy sólo
un aprendiz de Viejo.
A pesar de lo fugaz
Crece la ciudad. Crecemos.
Crezco yo.
En el ojal de mis días
asombros e incertidumbres
arden.
Soy. Lo más profundo
lo más edulcorado
en la grisácea voladura
de escandios, vigas y paneles
que suben, trepan, van
llegando al cielo donde mis ojos
aún recuerdan la llanura.
Ven sombra pero no aplaques
la euforia de mi sangre.
Mis ojos se hacen tarde,
mis penas tantas,
pero soy. En la hendidura del aire
lo más profundo.
A pesar de lo fugaz.
Hace diez años, náufrago, que naufragas.
¿Qué no te cansas de fondear?
¿Qué no das cuenta de la inutilidad del aire,
para ti la luz, la vigilia y el sueño,
todo ya es inservible para un muerto?
Mira que el mar siempre escupe
lo que no tiene existencia. Y lo que no existe
ya no respira más.
Hace diez años, náufrago,
y ya ves. Nunca te cansas.
No te expulsa el mar, estás naciendo.
Parto de hombre y de hambre. La osa mayor
es una partera en la que confían los navegantes,
la sal es el alimento primigenio
de los que nacen del mar.
Hoja suelta de bitácora
Fumo descaradamente con una intención de olvido
de olvido de mí mismo,
por supuesto
todo lo que en tránsito se ha ido pegando a mí
a cada célula, cada latido, cada silencio.
Es absurdo intentar desaparecer
en humos y en aliento, en voces que dicen
“hasta mañana”, “buenos días”, o que también
no dicen sino callan
lo sé
pero insisto. Fumo descaradamente,
sostengo en la garganta el humo, como sin ello
cada recuerdo;
y escupo: toda mi volatilidad se disuelve
en el aire abrupto del mediodía.
Hoy. Ahora. Mientras escribo
un cigarro arde en mí. Una luz incandescente
me prolonga, humo y estupor sin orillas.
Y yo no debo fumar. El noticiero lo ha dicho
una mañana como otras mientras ataba mis cordones
y un leve chillido en el fondo del pecho
me recordaba a mi abuelo muerto y desconocido,
con su tanque de oxígeno a un lado de la cama,
con una tos que hubiera hecho estallar
los tímpanos del mundo entero. Yo
no debo fumar. Así lo ha dicho el médico mientras
medía en muertes mi escasa cintura,
y escuchaba mis pulmones a través de mi espalda
con su estetoscopio frío pidiéndome que dijera
la palabra “uno” y respirara: “uno”, y exhalara
otra vez pero sin humo. No, yo
no puedo seguir el destino de tantos millones
de marinos que mueren de sed y olvido; yo no
quisiera seguir gastándome la respiración
en lentas caminatas al handpunch hasta mi vejez
o hasta que el corazón se quiebre, colapsen
mis pulmones, o un cangrejo habite en mi garganta.
Ahora mismo late una cajetilla en mi bolsillo izquierdo.
Quiero olvidarme de mí, idílica intención. Yo
que suelo aparecer ante los espejos,
fumo:
tanto es mi descaro
Fabián Rivera (Chiapas)
El poeta aparece desnudo ante el lenguaje. De la vivencia personal, crea un juego intrínseco donde el poeta toma las partes necesarias para crear una bitácora personal, capaz de verse reflejado en la palabra que linda entre lo confesional y lo existencial. Fabían Rivera nació en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas en 1984. Ha formado parte de las publicaciones “Cofre de cedro. 40 poetas de Chiapas” (Círculo editorial Azteca, 2011); “13 poetas de Chiapas: 1970-1986” (UNAM, 2008); “Porque nunca faltarán cuentos” (Ediciones de El Animal, 2007); “Voces que maduran en su caída” (UNACH, 2006), y “Antología arbitraria de jóvenes poetas de Chiapas” (Edysis, 2005). Tiene publicados los siguientes poemarios: “En aras del silencio” (Secretaría de Educación, 2011), “Para un altar en llamas” (Espejitos de Papel Editores, Puerto Rico, 2012) y “De vértebras y ocasos” (Surdavoz, 2017). Recientemente obtuvo los Juegos Florales de Poesía San Marcos 2017.
Cómo empezar,
cómo minar el balbuceo,
cómo levantar pulmones
dislocados y animales sin un grito.
Cómo hablar de lo que viene y lo que pasa
sin un grito redentor que estalle
frente al muro de la sombra
/y no ser como la lluvia,
ser sólo el recorte de un recorte,
pedazo de hombre
de camisa rota sin mirada,
caricatura de hombre que Dios imaginó
para no caer en el bostezo,
hombre casi hombre
que no merece el pan ni el alba
cómo callar este poema,
este rostro apresurado
que ladra y se revuelca
sobre las mismas cicatrices.
mi nombre era precoz
tatuaje medular que hervía
tras mi piel de calendario
a punto de hacer que una palabra
tenga más de pájaro en las piernas,
mi tacto acusa tembloroso las paredes
de aquel muro tutelar e imaginario
entre sus límites de sombra
: logro construir un melódico alfabeto
al no tener en mí un solo aire de palabra
y más allá de toda ruina del resabio
que telúrico descubro
sobre el flujo natural de la negrura
mi voz crece
crece mi voz que solo escucho
como el polvo se derrama
sobre la piel de los enseres
Recojo pedazos de mi cuerpo,
ebrio como nunca de ceguera
No fui capaz de soportar el equilibrio,
volver a la semilla,
ser el fruto rechazado.
No fui capaz de soportar este latido mineral que ruge,
los pasos que aun sobre la arena
marcan cicatrices
: oh deidad caída
efímero sueño sin mansión
sin alimento
cómo soportar el aire que al trocar de tajo
torna su caricia en crudo golpe,
mi carne generosa que revela
en el espejo del que bebo,
el oasis vertebral para mi sed que ya no calma.
Ahora me lamento,
derrotado árbol me lamento,
ante el retrato imposible sofocado me lamento
mientras los muros
dejan de ser lo que serían
[una hormiga sofocada muerde
los repliegues de mi abdomen]
en el cuarto de papel
abandoné mi sombra,
las primeras cicatrices,
las palabras;
en mi blando corazón
los caprichos de la rabia
amordazáronme los ojos
[y esa hormiga yace laberinta
entre la selva de la carne que se erige
y ella sola]
la fiebre de mis pasos, arropada,
mi desvelo desastrado
mi desvelo
flemático revienta
mi estallido el de la barca
que apacigua al mar
y sus desérticos parajes
[la ebria retina del gorjeo de sus olas]
muro
[.]horas y horas pasan frente al muro
derrotado gimo en una esquina
hablo a solas mi retrato
no resisto el peso de mi cuerpo
desnudo permanezco en el sudor
en su tránsito salobre
tuve el oro entre mis manos
lo perdí todo lo tuve
no poseo un rostro ni recuerdos
es la cobardía la mayor de mis herencias
muerdo una manzana rota
una mirada fútil que retorna
agitado muerdo el fruto
y nada espero
mis órganos perdieron
la oscura voluntad que los define
[..]Estoy desnudo,
en algún rincón del cuarto.
Esta orilla me pertenece, como la hora
y el segundo evidenciados
significan un segundo y una hora,
una hora y unos pasos hacia la eternidad
de quien me escucha.
Mis raíces buscan esa misma grieta
: el silencio constata mis suspiros.
¿Quién puede leerme, quién puede leer
en estos versos mi torpe, dolorosa anatomía?
Estoy, sigo desnudo y permanezco
en algún rincón del cuarto.
De aire esta camisa que no cubre mi piel,
el sudor, su tránsito salobre que no escapa
a la humedad que me condena.
Ángel Nimbé (Campeche)
Desde el yo poético, su poesía es capaz de descubrir y decantar ciertos sitios de la realidad imposibles de visitar desde otro tipo de narrador. Lo cotidiano (sentimientos, objetos), se erotiza y se convierte en la puerta necesaria para desvelar el mundo interior que guarda el ser humano. Ángel Nimbé nació en Cosamaloapan de Carpio, Veracruz en 1988. Es periodista y promotora cultural. Estudió Literatura en la Universidad Autónoma de Campeche. Ganadora del Premio Estatal de Poesía 2015 y Becaria del PECDA en 2012. Es autora del poemario “La danza de las serpientes” (de próxima publicación).
Ciudad que ladra
I
Luego de ti hay una espina entre los huesos;
día de lluvia que no alcanza a deslavar la espera;
una costra de cal, un tiempo de caliche.
Monotonía,
deambulismos,
obsesión
perros que se alejan bajo el agua.
Una espina
entre la médula y el hueso
II
Nadie puede prever la rabia de las cosas.
Así nacimos, creceremos lado a lado.
Nadie puede reclamarnos nada.
Ni siquiera nosotros pudimos prevenirnos:
Dictamos, lirio, tu nombre en un charco de argamasa.
Nos aferramos, dientes, al suspiro del agua.
Nadie pudo preverlo.
eso es todo.
Espero que los versos tristes hayan valido la pena.
Noche giratoria
Luego de imaginar tu cuerpo, un húmedo sopor.
Creo que duermes.
Con ojos abiertos intentas apresar las letras
que se escapan al suicidio.
Trataré de exorcizar estos momentos
en que la soledad y el aislamiento me provocan recordarte
imaginar tu cuerpo que no duerme solo sino por momentos
y se aferra a la permanencia de lo absurdo.
Todo es caos desde el día del orgasmo.
Quiero correr corceles en tu cama
Todo es inútil como fue el principio,
destinado al final, sencillamente.
condenado a mirarse envejecer de miedo,
inútil, me temo
porque nunca ya podrás leer estas palabras.
II
Me pregunto si la noche halla posada en tu cuerpo.
Si esta sílaba y tu nombre tienen algo equiparable
más que las propias letras, la mano que empuña a ambas.
¿Qué sentido dejas cuando la noche te esgrime
y tus dedos construyen la visión del paraíso?
y la manzana es tu nombre y la sílaba se ensancha
consagrando en el tiempo a aquél a quien le muerde.
III
Todo es inútil cuando te habita la noche
y entre el cuerpo no caben ya las sombras
lleno hasta el tope, como está, de versos
lleno de manzanas, gusanos,
dimensiones y criaturas mundo.
Inútil cuando miramos las partidas.
Cuando se el trópico alarga hacia la luna
cuando la Salomé decide cortarse a sí misma la cabeza
Irreversible cuando callas.
Cuando te quedas mirando el paisaje de las letras que no cambian
y no contestas,
no gritas, no hay nada.
Todo es irrespetuoso cuando hablas
y sin embargo ahí está el génesis del mundo:
En la palabra coño debería estar tu sepultura.
Diversas escenas del crimen
I
La nieve ya reposa
bajo el árbol.
El pájaro cayó sin dar un grito.
Al sol se estanca el agua enfurecida.
El cuerpo se pudre lentamente.
II
Los cuerpos son una masa informe
mientras las sombras se sientan a comer helado.
Están cansados de posiciones y sexos.
Siempre es lo mismo.
III
No puedo ver más que mi roja soledad
que se abre al mundo.
IV
No hay recuerdos,
testigos,
ojos,
lengua,
manos o sonrisa.
Todo está desperdigado sobre el piso.
V
No existió nunca nadie
tan feliz como yo,
pero me sepultarán al lado
de los que nunca rieron.
VI
Alguien me dijo que lo mejor
era hacer el amor
mientras el mundo agoniza
de regreso al paraíso.
Legados de José Carlos Becerra
Audomaro Ernesto Hidalgo (Tabasco)
Su poética se nutre de metáforas que siempre han acompañado a la poesía (la muerte, el fuego, el poeta, el sueño), pero que ahora han recibido un giro novedoso, adaptándose así a la realidad actual de la que se nutre el poeta. El estilo permite el uso de la narración como medio para desplegar lentamente la fuerza de la trama del poema. Audomaro Ernesto Hidalgo nació en Villahermosa, Tabasco en 1983. Ha sido becario del FOECA de Tabasco, del FONCA, de la Fundación para las Letras Mexicanas, y del Programa de la Unión de Universidades de América Latina. Hizo estudios de Comunicación en la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, y de Literatura Hispanoamericana en la Universidad Nacional del Litoral, en Santa Fe, Argentina. Poemas suyos aparecen en los libros “Muestra de literatura joven de México, Antología de jóvenes creadores del FONCA 2009-2010”, “Veinte años de poesía joven en México”, “Antología de poesía colombiana y mexicana contemporánea” (publicado por la Embajada de México en Bogotá, 2011). Obtuvo el Premio Estatal de la Juventud 2009, el Premio Estatal de Poesía 2010, el Premio Nacional de Poesía “Juana de Asbaje” 2010, y el Premio Tabasco de Poesía “José Carlos Becerra” 2013. Es autor de los libros “El fuego de las noches” (ICT, 2010), “Dos de copas” (ICT, 2014) y “Pequeña historia de la destrucción” (Valparaíso, 2017).
Origen
Llegué a mitad del verano,
una mañana como cualquier otra.
Llegué entre el acuerdo de planetas
y la alegría de mi madre por tenerme.
Iba a bordo de la tierra y me quedé en el sur,
bajo un sol total, cerca de los pájaros.
Me dieron nombre y apellidos,
no importa: soy fuego, agua, soy árbol.
Llegué a tiempo.
Creo que no hacía falta nada
para abrir los ojos
y conocer la vida.
Sombras de otra orilla
(Fragmentos)
IV
En el malecón pasos de bebedores
salen de abandonados edificios, de cuartos
donde sólo hay botellas de aguardiente,
maderas hinchadas por el frío.
Mi corazón crece como un árbol de fuego.
VI
A quién le importará nuestra rabia
cuando la única certeza vuelva a ser el recuerdo
y la fuerza del mar golpeando las costas
sea la misma furia que reflejen nuestros ojos.
IX
Mañana alguien hablará de la resurrección de la memoria.
En casas deshabitadas, alguien abrirá armarios
donde aún cuelgan las ropas de sus muertos.
Al ver el umbral, uno confiará en la luz.
Carta a César Vallejo
J´ai tant neigé
pour que tu dormes.
Georgette
Devant moi, il n´y avait pas une ombre
et chaque objet, chaque angle,
toutes les courbes se dessinaient
avec une purité blessante pour les yeux.
Albert Camus
Vine hasta aquí.
Después de mucho buscar, entre nombres, inscripciones y números,
guiado por el mapa de la paciencia, te he encontrado.
Salvo floreros mohosos, figuras de mármol,
un mundo de insectos bajo las piedras,
el perfume de la tierra mojada y la luz de un sol pálido
que desciende por las ramas, no hay más presencias. Estoy solo,
leyendo recados con letras ya borrosas que han dejado para ti.
Es raro, César
que toda tu cólera sea ahora esta piedra, que los pájaros bajen
y se posen sobre tu silencio. Es raro que hoy esté frente a ti, hablando.
En nuestros países aún florece la miseria, los cartoneros son dueños de las calles,
y la harina de las panaderías ha adquirido el color de la ceniza.
Pero en las noches
cuando las estrellas arden
gira el planeta
renovando la esperanza.
Cuántos poemas tuyos habrán escuchado estos árboles,
cuántas cosas habrás dicho de esta tierra.
Seguramente los otros te observan
cuando sales de tu muerte a caminar en harapos, seguramente
conocen tu poesía, y tú conoces sus sueños.
Era París en 1923.
Llegaste desde el sol que petrifica sus intensas alas sobre tu pueblo,
llegaste sin abrigo a un invierno más cruel, cuando en las calles
los mercaderes vendían vino barato y algunos fiambres.
Por esas fechas, las palabras eran vaho que salía de tu boca
durante las caminatas hacia la buhardilla donde Georgette
te esperaba con su corazón de furia y llamas.
En el hospital los días eran lentos como gotas de suero;
las enfermeras no conocían tu nombre,
no sabían que alrededor de la cama
estaban de pie los demonios del pasado:
la humedad de la celda en Chuco, la pobreza,
la orfandad de tu sangre.
La memoria es un mazo de cartas que el corazón nos remite,
a veces una herida secreta que nos deja el miedo.
Tú respondías a esas cartas, a pesar de la tos y la falta de centavos,
a pesar de ti mismo, hacías frente a las grietas de tu alma.
Esta mañana en Montparnasse el canto de los pájaros es una elegía,
los vigilantes reparten folletos a los que llegan,
hablan un idioma que apenas comprendo
como tu deseo por la lluvia,
invocada cuando no era tiempo de partir.
Pirómano
Mi diversión era jugar con cerillos,
encenderlos y tirarlos al piso,
a las plantas y al gato de la vecina,
a los niños de la cuadra que presumían
sus juguetes de reyes magos.
Mi diversión era robarlos de la cocina
cuando mamá salía al mercado.
Tengo marcadas las nalgas, aún duelen
los golpes que me dio papá
con una tabla por haber incendiado su farmacia.
Entre cajas, cartones y plástico,
sentado entre las llamas, indefenso,
escuché la voz del fuego,
presentí que sería mi sangre,
estaría conmigo adonde fuera,
en cuartos y países, en actos y palabras.
El fuego me habitó para templarlo,
para cuidarlo como lo hace un ermitaño
y cruzar las noches tranquilamente.
No tuve miedo de sus brazos que se extendían,
cuando caí al suelo vencido por el humo
la empleada pedía a gritos mi rescate.
Desde aquel día mi alma quedó signada.
Tauro
A partir de un cuadro de Remedios Varo
Qué sueño delirante dibujó tu figura amarilla
toro alado cara de mujer patas de caballo mirada triste y bigotes
asciendes extraviado en un limbo creado para ti
expulsado de tu casa la segunda del camino zodiacal
alejado de tu elemento tierra
cruzas con resignación visible las constelaciones del lienzo
y no hay lugar para ti en catálogos y clasificaciones eruditas
no existen frases que traduzcan tu drama
porque la soledad astral que habitas es sólo tuya
pero tú llegas de pronto a mí como una flecha encendida que cruza rozando mis ojos
llegas desde el hoyo del pasado como un ave oscura que porta en su pico
[el carbón de las heridas
me hablas de la quemadura interna que deja el llanto
del tedio que nos encierra varios días sin ganas de hablar con alguien
de los vínculos encontrados entre la partida de aquella muchacha que amé
[(también Tauro)
y tu patética soberanía en el vacío
del recuerdo que se aleja como un pordiosero cansado de pedir
de algún modo todo esto por fin se va contigo
hasta que la nebulosa de sangre cubre tu cuerpo
lo pierde mientras te apartas de mi camino en tu viaje donde te ha sitiado
[la mirada y el pincel alucinado.
El baile
No sabemos bailar, no sabemos llevar el ritmo,
mantenerlo sin que nuestros movimientos sean torpes.
La vida es esa muchacha que baila con naturalidad,
la que todos desean, pero no saben seguirle los pasos,
mantener el ritmo sin complicaciones.
Y nos reímos apenados porque es ella quien nos invita,
nos lleva al baile
con el sol de su sonrisa nos dice
que si queremos durar se baila despacio,
nos toma de las caderas y continuamos juntos el baile,
damos vueltas
por toda la pista inventamos giros,
cantamos
deseando por primera vez que no se acabe nunca la canción
porque al fin somos un acorde y un acuerdo,
al final hemos traducido la música a nuestras venas
y sudamos de alegría y se ríe la muchacha
y nosotros también reímos, vacilamos tomados de la mano,
superamos la pena, vencimos el miedo, lo hemos comprendido.
Nos atrevimos a bailar
cuando empiezan a encender todas las luces
y nos descubrimos agotados al final de la pista
solos
sin haberle preguntado el nombre a la muchacha.
Juan Carlos Cabrera Pons (Chiapas)
Sus poemas utilizan la anécdota no como fin del poema, sino como medio para expresar su propio universo poético y acercarlo a la música interna que siempre late en el oído del lector. Este carácter musical es subrayado por la espontaneidad que consigue en algunas imágenes que propone en su poesía. Juan Carlos Cabrera Pons nació en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas en 1986. Estudió la licenciatura en Literatura y Ciencias del Lenguaje en la Universidad del Claustro de Sor Juana y la maestría en Estudios Culturales en la Universidad Autónoma de Chiapas. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Mérida 2008. En 2010 fue becario del PECDA en Chiapas, y en 2016 del FONCA en el área de poesía. Ha publicado los poemarios “Cuatro piezas danesas” (Fondo Editorial del Ayuntamiento de Mérida, 2008) y “Poemas póstumos de Lontano Pereyra” (Secretaría de Cultura del Estado de México, 2015). Forma parte del grupo de investigación “Deporte, sociedad y cultura” junto a investigadores y académicos de diferentes instituciones de México.
Poemas póstumos de Lontano Pereira
(Fragmentos)
II
La última tarde que te vi, inventaste para nosotros
un juego de matar y de morirse:
me tomaste de la mano y me guiaste, atado por tu más pronta presencia,
a la más poblada orilla de la calle (es cierto
que las calles son de todos, pero todos fueron nuestros esa tarde)
y eligiendo, de entre todos, los mejores, preguntabas por cuáles moriría.
Yo te regalaba aquellos que, en el más frágil segundo de presencia,
más dignos parecían de tu pregunta. Entre risas juguetonas impediste
que nadie en vano se llevara nuestra muerte y de la plaza al metro me guiaste
jugando ya a matarme, ya a morirme.
Después comprendí que llovería
y hay cosas que jamás te dije. Era la última tarde para verte,
mas no hubiera podido yo saberlo
mientras proponías esquinas y semáforos en la más poblada arteria
de la vida. Hay cosas que jamás se dicen. Es cierto
que jugando somos, que sólo acaba lo que acaba con el juego,
que nada hay más allá de los que juegan. Entonces no importaba,
y cuando la lluvia lavó los últimos vestigios de tarde aquella tarde,
habías muerto por tan grandes almas,
que el mundo entero comenzaba a parecerte
un indigno portador de vida. Era la tarde el comienzo de la lluvia
y una noche húmeda y muy sola presagiaba el cielo. Es cierto
que la realidad es una máscara, que las cosas sólo son porque jugamos
y todo lo que no se dice.
Porque estábamos solos, porque estábamos solos,
lo recuerdo. Me despedí de ti en la estación primera
y hay cosas que jamás te dije.
En el vagón se afirmaba una pareja: ella
lo tomó del cuello con sus brazos para plantear un roce notorio, y yo,
que nada habría de recordar en su cintura y el comienzo de sus piernas,
me contuve. Pero triunfó la noche
con su cama solitaria y sus arrullos, y se me vinieron las cosas que daría
porque rodeara ella mi cuello con sus brazos
y me quedé mirando la oscuridad entre mis ojos y la lámpara apagada.
Porque rodeara mi cuerpo la noche con sus sombras,
por todo lo que la noche tiene de moreno y voluptuoso,
hubiera dado aquella noche que hoy me falta. Hay cosas
que jamás te dije, las cosas que decir no me importaron.
Es cierto que jugamos al callarnos, como callan
las máscaras colgadas en paredes,
y en la noche tu ausencia colgada en la pared
se me figuró la muerte de todos aquellos por los que esa tarde nos negamos,
de todos por quienes «no» dijimos cuando muy elevado era nuestro precio,
y todo lo que no te dije.
Es cierto que jugamos al callarnos, es cierto
que jugando somos un arrullo, un no decir del todo. Hoy
daría las calles y sus ruegos por escucharte decir que sí a ninguno
y preguntarte por aquel que operaba las preguntas y, ciertamente,
por caer yo sobre tu cuello como con pasos leves pero repetidos,
sobre tu pecho y muslos. Es cierto
que la noche es corta, pero cómo parecen alargarse sus piernas sobre la
ciudad
y cómo traen sus manos un arrullo que resbala desde el cuello si callamos
y cómo nos obliga ya a morir, ya a darle muerte
y todo lo que no se dice.
(Para Yamín Donohue)
IV
When the seagulls follow the trawler, it’s because
they think sardines will be thrown into the sea. Thank you
very much.
Eric Cantona
Detrás del velo riguroso de las cosas, en la orilla de mirada
que se escapa de mis ojos o en el gesto de un pariente muy lejano,
muerto siglos antes de mi muerte, la muerte
me fue llamando. Aunque nunca la escuché
de cierto, pues cada vez que entregaba mis oídos
al pulso constante de su ruego, su rumor precario desaparecía
como se pierde un sueño al recordarlo o como se escapa
el instante al retenerlo. Y sin embargo estaba ahí
llamándome, diciendo tu nombre para provocarme, y yo la presentía
como se presiente el instante que prosigue. Fue por eso,
por ese continuo impulso de silencio, que junté hombres y remos
para darme al mar.
Detrás del velo riguroso
de la permanencia, la muerte me fue llamando, y yo la pretendía
como pretenden a la oscuridad las cosas
cuando apagamos la lámpara en la noche. Era la noche
el comienzo de la muerte, era la noche y un lento
y ondulante río, como si todos los instantes precedentes
en un continuo instante terminaran, abrió el roce de su falda en la ciudad.
Y yo junté botellas y papeles por dejarme
al húmedo discurso de su paso
como se dejan ir las sombras a la sombra o como se ocultan
las cosas un instante
tras el nombre que les corresponde. Fue por eso, por ese riguroso
y tácito silencio,
que junté hombres y remos para darme al mar.
Detrás del velo
riguroso de la luz, estricta generosidad de lo visible, dilatado,
diurno manto de la historia, ni distancia ni contacto, el agua, nunca
igual a lo que ha sido, siempre
diferente de sí misma, me fue llamando hacia un recuerdo
que confundo en la memoria. Esta condena
me impone: no saciarán mi sed
sus aguas cadenciosas, ni el retorno podrá satisfacerme. Esta
condena me place, pues no siguen
a los peces las gaviotas, sino al barco que se los promete, y reunidos
son ya mis hombres y mis naves
para darme al mar.
(Para Olga Gria)
VI
Pero si el tiempo justo
–su balanza de seda milagrosa–
no depara fortuna a mis papeles,
dirás:
Nunca fui suya,
jamás entró sus manos en mis aguas tranquilas,
no me tocó al tocarme;
y además era feo:
su imagen aumentó mi astigmatismo.
Eduardo Lizalde
No persistió mi palabra en la distancia, no deparó fortuna
el tiempo a mis papeles. Jamás la amada se bañó en mis aguas turbias.
Manco y torpe, feo astígmata,
mi imagen alentó el olvido en su memoria. No deparó fortuna
el tiempo a mis papeles.
Para que mejor pudieran escucharla, cubrí sus oídos de antemano sordos,
pero ninguno supo distinguir su canto del agitado canto de las olas. Para
mejor vencerla
caí en su oscura trampa cegadora, para mejor huir
até mi cuerpo a erecto mástil impaciente. La perdí para mejor buscarla,
para que las amarras en mi piel ardieran esa noche. Pero no deparó fortuna
el tiempo a mis amarras.
No persistió mi canto en sus oídos como su silencio en la palabra mía, no
deparó fortuna
el tiempo a mi ceguera. Nadie sabrá que he muerto,
que si feo astígmata en vida anduve, doblemente ciega fue mi muerte. Pero lo
triste
no fue que mis ojos lo cegaran todo,
fue no ser visto por ella que cegaba, dadora del astigmatismo. No deparó
fortuna
el tiempo a mis papeles, ya nunca los lectores
sabrán de su ceguera.
(Para la misma)
Brevedades de la palabra cantada
Pablo Alfonso Graniel (Tabasco)
Su poesía encuentra su mejor expresión en el verso certero y el poema corto. Cada línea versal cumple con dos objetivos: lograr encapsular varios momentos en uno solo, y nombrar las cosas que habitan el mundo de la forma más potente posible. Cada imagen contiene un universo preparado a abrirse ante el lector atento. Pablo Alfonso Graniel nació en Comalcalco, Tabasco en 1984. Ganó en 2004 los I Juegos florales de la Ciudad de Villahermosa y en 2008 el Premio estatal de poesía José Carlos Becerra. Ha publicado los poemarios “Oscura confidencia” (Ediciones Monte Carmelo, 2004), “Una herida blanca” (Ediciones Monte Carmelo / ITSC, 2005) y “Las puertas imposibles” (Gobierno del Estado de Tabasco, 2010).
Surco en mi piel tu nombre.
Sangra.
Mas no prende de ahí el arado.
Entonces siembro días y pan en mí,
(compacta blancura):
Ella me hunde
un pie en la tierra
y otro en el destierro.
Sólo es posible alzar así una enredadera
que nos abrace, como al muro, sin por qué
que nunca anhele florecer.
Delirio, revuelo de hojarasca
en el viento altísimo.
El crujir de las hojas fue tu voz.
Sobre mis párpados ardió
todo un otoño
presentido.
Con mis ojos se alimentará cada cuervo.
Con mis huesos, cada hoguera.
Y mi última voluntad será que llueva,
implacablemente y para siempre,
sobre los lugares que amé.
Sólo queda huir,
sembrarse en otro como bestia acorralada.
Huir como polvareda, como nube de salitre, corroyendo todo.
Apartando el gesto amoroso, la mano tendida,
la promesa pendiente (stricto sensu),
para no defraudar.
Porque del mar sólo queda esta asfixia que lo inunda todo,
esta saudade como única prueba de un paraíso recobrado
en vano.
Nada queda, en cambio, de la estancia inmaculada
adonde morir era posible, siempre posible,
sin temor a resucitar.
Por eso habrá que hacerlo
antes que se momifiquen las alas,
antes que se fundan con el aroma aceitoso
de esta selva arrasada por el sol.
Una parvada
sobrevuela
silenciosa
las palabras
A cielo abierto el lenguaje es una gusanera.
Hurga profundo la herida
y repite al compás
de la sangre:
esta vida
que gotea
es cada vez
más negra
¿Quién quebró uno a uno los puentes
y con ellos la débil esperanza de la huida?
¿Quién ató tus manos / vendó tus ojos
para siempre junto a los míos?
No te vi partir
pero aún escucho cada uno de tus pasos.
La muerte es un camino empedrado.
Vuelvo a casa
tambaleante,
La luz amarilla de los faroles
cuelga como un ahorcado.
En el monte, a lo lejos,
la niebla amamanta a los gallos sin cabeza
que decidieron no cantar
jamás.
Pronto llegará el amanecer.
Ese idiota altanero que viene de lejos
siguiendo mis huellas.
Perdimos la noche
en un recodo del camino.
Tan extraviados,
que llenamos cada palabra vacía
con el humo penetrante de la piedra.
Unos dicen
que escuchamos, sin temor,
el aullido de las sirenas.
Otros
que vieron a Dios Padre inyectar neón
en los ojos de los que habíamos renacido al alba.
La palabra es construcción demorada,
o morada que a diario deconstruimos
para erigirla interminablemente.
No hay significado, ni significante.
La huella del lobo es la única grafía irrepetible de su aullido.
Y es de frágil arquitectura
su diamante impenetrable.
Matza Maranto (Chiapas)
Poesía de lentitud y profundidad. Sus poemas se construyen a partir de una serie de prosas que condensan tras cada imagen la fuerza de varias líneas narrativas. Su último libro, “Ajedrecístico”, está pensado desde un personaje que transcurre entre la movilidad del espacio y la inmovilidad de la propia conciencia. Matza Maranto nació en Ocozocuautla de Espinoza, Chiapas en 1984. Actualmente es egresada del doctorado en Ciencias Sociales y Humanísticas en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica (CESMECA). ) Fue becaria del PECDA en 2011 y Premio Estatal de la Juventud 2010 en el área de Poesía. Es autora de los poemarios “Atajos para llegar a nadie” (SE del Estado de Chiapas, 2011), “Peldaños” (Universidad de Sonora 2012) y “Trozos de azogue” (Artepoética press, 2013).
Atajos para llegar a nadie
(Fragmento)
El silencio como una centella atraviesa la habitación, como si ese filamento que te dibuja intentara salvarnos. La ciudad se tiende bajo el crepúsculo, a mitad de la muerte. Es de noche y la marea lunar que somos se empeña en reunirnos, flujo y reflujo. En la metrópoli él y yo somos el tintineo de los hielos en una copa de whisky, diáfana y ambarina campana de cristal en la hora de nadie. Nos reímos mientras el apartamento se incendia. La ciudad no es porteña, pero llega al ventanal la brisa y el chillido inubicable de las gaviotas. Aunque la noche se vuelve insoportable, me torno indecisa, apuesto y pierdo, también gano. Odiosamente feliz me convenzo de haber descifrado el enigma. El edificio no tiembla, vemos la avenida apenas iluminada con esa paz que ocasiona el nunca.
La siempreviva
(Fragmentos)
*
El viajero llevó a casa la línea que divide al hastío de la tristeza, siguió el camino de luces. La casa tiene la brevedad del infinito; en ella se disuelven los retratos sobornados por la noche. La casa del viajero no tiene rastro de añoranza. Él bebe la luz que sorbe al final de la botella. Nunca falta una ventana para devolver el estómago, para dejar la casa en un sitio distinto.
*
La catedral y su reloj marcado por un doble espejismo. La tarde amenazada por una parvada deja en un instante, sobre el empedrado de la plazuela, el sonido de la angustia. Aquí no existe la fe; sólo se termina el ciclo, cuando los dados quedan suspendidos en el aire. El verano deja sus alfileres en la frente. No hay más. El reflejo marca la sensibilidad de esa boca. Busca alguna voluntad ajedrecística que conozca el movimiento exacto de las piezas, pero ha dado un paso y el horizonte es interrumpido por un manto de lóbregos signos.
*
El cielo raso no deja lugar a dudas. La muerte es un verbo que se conjuga en todas partes. Llueve sobre la plaza, nadie se mueve. Llega la hora en que se vive al margen de una página en blanco.
*
Después de la devastación vino la ciudadela. Sonó la hora del refugio, el viajero desvió la vista y un aleteo le arrebató lo inexplicable. Todo fue así: ni el soplo del viento pudo cambiar el rumbo.
La lanzadera
(Fragmentos)
*
El tiempo no es medible por el cristal de cada botella. Nos han dividido en milésimas unidades y heme aquí cargando este veliz que guarda todo lo previstamente calculado.
*
No existe advertencia alguna sobre la barda, me rige el curso frenético de la tarde. La avenida es una hilera de eucaliptos en donde vivo mi octava muerte. Calculo el movimiento de las piezas. Me quedo inmóvil; nadie abandona la escena, es inútil descubrir el código. Aplico la Siempreviva sobre el tablero.
*
No existe hombre más triste que aquél manipulado por la lluvia.
*
Yo soy el viajero. Iba de paso; sin embargo, me convertí en habitante de esta ciudad-derrumbe. Alguien pronunció mi nombre pero no volví la vista, nada podía ser petrificado. Ninguna vereda llevará a otro sitio; todas las catástrofes están cumplidas. Aquí los rastros del crimen son lo único verdadero.
*
En este lugar soy. Los reflejos de esta ciudad se conjugan en todos los tiempos; sé que no habrá salida, el destino está iluminado con una indescifrable belleza. Soy: es mi nombre en todas las lenguas y en todas las tonalidades posibles.
*
Aquí viví todas mis muertes. Moví las piezas hasta ahogar el tablero, la solución no es el final; quedarán los nubarrones, su voz por los altavoces, la enmohecida satisfacción de salir ileso, la memoria. Intercambié tiradas, y es así como sé que todas las bardas tienen las claves exactas para concluir: hemos vivido en el reflejo.
*
En el séptimo día empezó la destrucción. Por el altavoz confirmé: todo estaba vacío. Separé mi fe de la razón.
Posdata:
A espaldas del viajero he visto a la felicidad desplomarse como una paloma.
Aarón Rueda (Tabasco)
A pesar de la brevedad de su estilo, hay una preocupación por dar la imagen y al mismo tiempo embonarla con la correcta sonoridad. Halla su vertiente más desarrollada en la descripción de escenarios y la creación de atmósferas de distintas tonalidades, que logran captar, las más de las veces, paisajes arrancadas de la calidez del trópico. Arón Rueda nació en Las Choapas, Veracruz en 1986. Es miembro del taller Juan Rulfo. Ha publicado los poemarios “Remos de sal” (2012), “La sangre florecida” (2013), “Arrullo de la tierra” (2013), “Despliegue de colores donde todo parece oscuro” (2015) y “Cachalote” (2016). Ha recibido el Premio Nacional de Poesía Rosario Castellano (2012), Premio Universitario de Poesía Teresa Vera (2014), Premio Nacional de Poesía Ramón Figueroa Ruíz (2015) y los Juegos Florales Nacionales de Toluca (2016). Reside en Ciudad Cárdenas, Tabasco desde hace varios años.
Zarpamos de puerto
Isla Martinica. Brama la niebla como espejo roto: azogue de las olas. Aquines avista en el catalejo la voz de los muertos apostada en el horizonte. Presencia del cachalote emerge de la piel de Dios. Eleva el ancla. Piel salitre. Amparo de otros naufragios que derraman el color del pez; doncella sobre las velas. Los maderos crujen, sangran vino sobre la proa para postergar su destierro.
El canto descifra el compás de la marea
Mientras las caracolas son el crepúsculo, el abismo de un cadáver flota en un rostro edificado por el miedo a punto de beber del alto mar que vuela en el vacío de la memoria. Gaviotas rondan la niebla cuando no entendemos el dolor del corsario; entelerido se planta ante la noche que traga en silencio el amanecer completo.
El sueño un cardumen de peces
Naves surcan huracanes, los cazan: dulces nebulosas convertidas en salitre; canto y murmullo de la gloria entre la sangre y la penumbra. Aquines encalla su locura, cuando el insomnio dibuja un espejismo sobre la costa; estrella desnuda. La mañana revela la sangre del sol esparcida sobre el azul de mandingas que avistaron bestias en el borde del cielo.
El aire, agujas sobre la proa
El pez que no es hombre divaga ante la zozobra de esta embarcación que no agota su marcha. El recuerdo se hizo ceniza en el paladar de Aquines, azotado por la misma sombra del mástil, la muerte deja sobre sus velas una oración. ¡No pretendo decir nada! –Piensa- Sólo soy el que ata las cuerdas al oleaje de un océano que no olvida la cordura sobre el tentáculo de la rémora.
He dicho todo en este viaje
Sobre rémoras he arrojado la cordura. Todo grita: las olas, el extravío, el océano ungen las mortajas de varias sirenas, eclipsadas donde alguien se atrevió a beberse la muerte. He dicho todo del exilio. El grano de arena que llevo a cuestas da para un desierto que se despoja de claridades. El tiempo se pierde y la gaviota improvisa la ruta del silencio.
El delirio se envuelve en el arrecife
Medimos el dorso de la proa, el mapa no ayuda mientras el licor invade la sangre de Aquines: no podemos ver sus ojos, no sabemos si en ellos anochece, si son un infierno de sirenas o calamares para incitar al cachalote a beber su alma. Esto lo tranca sobre el timón sin importar la dureza en la tormenta, exhalación improvisada de los cielos.
No hay mucho que decir
Las velas se guían por el abrazo de la tristeza de una tripulación que posee nervios y amores porosos, pareciera que herimos el horizonte en la costa de Isla Martinica. El catalejo no busca el ruido, pero sólo aproxima la mirada a la ausencia del pez que no es hombre para avistar su elegía sobre la negra estela de nuestro itinerario.
La marea es un desahucio en plena luna llena
En cada lugar donde las sirenas mienten su aroma, el sol trae sus fragatas al frente, el horizonte dibuja diferentes círculos de espuma entre los arrecifes, ahí suben los recuerdos de la música de las caracolas. Suben hacia el firmamento, disecan el paso resquebrajado de otros recuerdos que dejan cuando las gaviotas rasgan el ataúd de agua.
Traga el silencio un amanecer completo
El atardecer llega a las piernas de la locura, luego, hipnotiza el humo del cigarro que dice: vendo la cara de la sorda muerte ennegrecida en los pulmones en el llanto de viudas del mar. En ese momento se vuelve inimaginable el humo dentro de las gotas de lluvia. El trueno retumba en los tímpanos y el eco se esfuma.
Última oración en mis labios
Profundo pensamiento bajo la sombra, cantan los huesos con él entre olas dispersas en la proa de un barco acartonado. Vamos tras el aleteo del gran pez para embalsamar la idea de perder palabras, cuando la sed sea lo único que corra en la existencia, trepidar naciente alrededor en la costa, la despedida en el arrecife donde se enfrascan almas frente al desprendimiento vagabundo del último suspiro, donde el cuerpo del corsario sea el naufragio de las moscas.
Íntima atmósfera
Beatriz Pérez Pereda (Tabasco)
A través de sus libros publicados ha demostrado ser dueña de varios registros poéticos que le permiten variar su voz en cada propuesta nueva. Divididos en partes, los poemas aquí compilados tienen un tono narrativo, cuya trama general propone, a través de una alegoría que incluye la casa y el salón de baile, una variante femenina de la poesía amorosa del Bonifaz de “El manto y la corona” y “Albur de amor”. Beatriz Pérez Pereda nació en Villahermosa, Tabasco en 1983. Es licenciada en derecho por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco. Ha recibido los siguientes reconocimientos: Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos 2005, Premio Tabasco de Poesía José Carlos Becerra 2009, Premio Nacional de Poesía Tuxtepec 2009, Premio de Poesía Joven Jorge Lara 2010, Premio Universitario de Poesía Teresa Vera 2012, Premio Nacional de Poesía Juegos Florales de Toluca 2013, Premio Nacional de Poesía Amado Nervo 2015. Tiene publicado los poemarios “La impaciencia de la hoguera” (ICT, 2010), “Trópico de ausencias” (Guesa, 2010), “Álbum Personal” (UJAT 2013), “Los sueños del agua” (Toluca 2014) y “Un animal hermoso es la tristeza” (Laberinto Ediciones, 2016).
Pasos de baile
(Fragmentos)
Estamos en el jardín al centro de una casa
hay sillas que se mecen
macetas de una verde inocencia
La luz de los sueños es distinta
es una luz que protege
que acaricia los hombros de la noche
Juntos
hacemos planes para asistir a una fiesta
Algo de materia parecida a la ternura
hincha los encajes de mi vestido
doy giros frente a ti
sonrío
la promesa es estrenar esos pasos
que tanto hemos ensayado
Te hablo
estamos en una casa al centro de un jardín
iremos a una fiesta
seremos una más de las impenetrables parejas
porque no saber bailar es triste
y nosotros
al fin
conocemos la alegría
Desperté a las risas de nosotros dos en el jardín
como niños que han descubierto una nota musical
y la repiten sin hartazgo
El alba pronto despidió todas las sombras
y con la alegría visitando el cenit de la mañana
empezaron a caer gruesas gotas de lluvia
y no paramos de reírnos
ni huimos al interior de la casa
nos tomamos de la mano
y miramos complacidos
como el agua improvisaba una acuarela en el jardín
……
Un día supimos que la casa era nuestra
sólo de nosotros dos
Que de alguna manera salíamos del sueño en el sueño
y corríamos a ese jardín
donde las mañanas tenían la paz
de una taza tibia entre las manos
Habitábamos ese espacio
como se habita el olor de una cabellera
o una espalda que nos deja acariciarla
La realidad de sus paredes
se componía de la misma paciencia
con que elegíamos la loza
donde serviríamos nuestros recuerdos
Era nuestra casa
y cada quien había sido invitado por el cuerpo del otro
no había llaves porque ninguna puerta estaba cerrada
Las cosas estaban ahí esperando nuestro tacto
y el silencio taquigrafiaba las pláticas
para recordarnos las promesas
Lo supimos
porque la ropa habitaba sin arrugas los roperos
y los espejos nos devolvían sonrisas aún si reñíamos
Supimos era nuestra casa
cuando no sentimos la necesidad de marcharnos
Los objetos y su vida secreta
la paciencia para esperar el tacto
que habrá de traerlos a la vida
(el deseo más íntimo del objeto es consumar su destino:
ser útil a la mano que fielmente ha esperado)
Como estas tazas que he pasado toda la tarde escogiendo
Las tazas son la parte más importante de la vajilla
ellas guardan el calor de las mañanas
En la oquedad de sus cuerpos cabe la ternura
que durante el sueño acumulamos bajo los parpados
pero también en sus fondos cabe la negrura del insomnio
Las tazas tienen sólo una oreja
porque no han de dejar salir sus pensamientos
ni los secretos de las bocas que las besan
No sé cuál elegir
con cuál tener la confianza de compartir tus manos y tu boca
cuál será testigo del esplendor y la ruina
cuál de ellas con su vaho tibio
anunciará que despiertas conmigo en el sueño
…….
Eras tuya, y bailabas, y las piernas
no te dolían tanto. Y es domingo.
Rubén Bonifaz Nuño
He salido al jardín a buscarte
No sé la edad del día
hace mucho calor y miro con temor a las plantas
que pudieran descubrir la cera de su carne
Por primera vez no me acompañas
la mesa está melancólicamente servida
El silencio empieza a hacer preguntas
Yo miro mis piernas casi por primera vez
y me pregunto a dónde se ha ido el dolor
miro mis manos y sospecho de su juventud
camino, corro, doy saltos sobre el césped
y mi cuerpo sin queja sólo sabe devolver sonrisas
Tu ausencia hace notorio los tropiezos de la irrealidad
Debe ser domingo
porque en mi calendario
los domingos se componen de ausencias y mala suerte
He salido a buscarte al jardín
insisto en esperarte aquí
en comprobar tu existencia como una joya catada al sol
en retar a tu cuerpo a cielo abierto
a que de pruebas de su sombra
Estoy en el jardín
tal vez dormías y no me di cuenta
tal vez estás en otro lado de la casa esperándome
y vamos así
de espaldas a nuestro deseo
quizá hemos empezado a no mirarnos
a soñar en un meridiano diferente
Juan Carlos Recinos (Chiapas)
Sus mejores versos reconstruyen paisajes textuales ya recorridos por lo mejor de la tradición de la poesía erótica. El lector puede encontrar las voces de Chumacero, Bonifaz y Ciprián Cabrera Jasso barajados en una propuesta poética que privilegia la sonoridad del verso medido o de la oración (en el caso de las prosas) y la plasticidad de la metáfora. Juan Carlos Recinos nació en Pichucalco, Chiapas en 1984. Es poeta, ensayista y traductor. Mención honorífica en el concurso de Poesía FIL Joven 2002 y mención honorífica en los Juegos Florales de Zapotlán el Grande 2007. Becario del Fondo Estatal Para la Cultura y las Artes de Colima 2012, en el área de poesía. Autor de los poemarios “Cantos Peregrinos” (Linajes Editores, 2008 / Toro de trapo, 2011 / Jaguar Ediciones, 2012), y de “Cartografía íntima” (Jaguar ediciones, 2015). Ha traducido a Saint John Perse y a Yves Bonnefoy. Actualmente forma parte del consejo editorial de la “Revista Morbo”, editada en Campeche y es director de Jaguar Ediciones.
Levante
Alza el vuelo sus pájaros. Las manos
se saturan de peces, caracoles y medusas.
Las olas son semanas, murmuran
con sus voces de líquenes y helechos.
Un pastor lleva cabras a pastar en las nubes,
como sol que agoniza, como el tiempo
que suelta sus palabras a comer de mi mano.
Tus ojos serán calles de antiguas soledades,
de dos en dos que avancen, entre la transparencia
de la luz y el licor, en el himno final del mediodía.
Sarcófagos
¿Dónde estaban las cosas al principio?
¿En dónde la morada
en la que descansamos de la noche,
de los primeros ojos de la tierra,
de sus primeros tactos, de sus primeras voces?
La música del agua
desentierra sarcófagos,
traza a lápiz la calle, la dirección del viento
por donde la mirada encontró su destino.
Una paloma cae, se refugia en el légamo.
Tiemblo, viudo del mar.
Invento puertas, sombras, estatuas
que la noche petrifica.
Ana, toma la forma de esta noche que se asoma súbitamente en tus ojos. Avanza. Invade mi piel. Busca tu reflejo en los límites de este mar compartido. En esta ciudad la gente estorba, exageran la perspectiva de la historia y de sus héroes. Aquí todos reciben premios y halagos: poetas y escritores. Nada cambia. ¿Se ha discutido mucho la actual violencia? Es preciso un inventario donde el amor no se consuma. No ser fábula con un método contemplativo en esta ciudad del paraíso. Hemos olvidado la esperanza —signos de vida— por sueños vergonzosos. Nada justifica este caos. Ésta es mi ciudad. Aquí no se necesitan acróbatas, hay que admitirlo. Nada es verdad, todo es posible.
Celebración
Tu desnudez es lo contrario de una flor cerrada.
Francisco Hernández.
Yo te nombro como la más exquisita de todas las cosas, cuando otros no pueden nombrarte. Enciendo la noche con tu cuerpo. Trazo una línea en tu piel —como una ofrenda— en esta suave madrugada. Toco las grietas de tu cuerpo. Me conducen al jardín de palabras amordazadas. La lengua inicia el largo viaje de la incesante pulsación y un temblor habita tu carne. Un verso entre las manos, enseña que no hay sitio de ti que no pueda nombrarse. No hay sílaba para describir el perfume de tu cuerpo. Me poso en ti como una sombra sobre la ciudad —ruido en aumento—. Hoy tu verdadero nombre es una minúscula unidad de luz que prolonga este silencio en penumbras. Plegarias sostienen esto donde mis dedos urden nuevos caminos y nosotros soltamos amarras. Alzo la frente, todo está ordenado. Nuestras vidas no son ríos ni van a dar a la nada. La noche alcanza su perfección y pende en ti, recinto de vida.
Voy a grabar en tus ojos la ruta a tierra firme, donde la infancia agazapada trazó nuestro destino, voy a encender la fogata para otro renacimiento, decía mi padre. Hoy veo una luz delgada, se alza sobre su cuerpo a lo lejos. Veo a mi madre llorar con las manos vacías a mitad del camino. La infancia era otro mundo, bastaba aventarle piedras a la locomotora, llenarse las manos de plumas de un ave cualquiera, alzar las manos al horizonte y hacer círculos. Hoy asomo el rostro y veo cómo las hojas caen del árbol de mi casa, el camino está trazado, mi padre se ha ido y tras su partida, la ventana rota me recuerda la música de sus ojos.
(A José Barocio)
De esta vida junto a ti, sólo quedan tres cosas:
La iluminación
de tu cuerpo,
la distancia
hacia él
y el vacío de cada mañana cuando partes.
De todo lo demás, que otros escriban.
Nana para Elliot Naguib
Duermes. En tus sueños, la luz enloquecida. Indeciso, me acerco y rozo tu frente. Todo fluye, hijo mío, nada es pleno en este momento. Poso la mirada en la claridad inconquistable de tu cuarto. Desciendo a ti con la fuerza prodigiosa de un árbol que tiembla e ignoras existe. Los días son olvido, fragmentos de vida en una región sin patria. La ciudad es un cúmulo de voces, donde el fuego moldea ídolos y profecías. Aquí, Dios está ebrio de visiones. Tu primer llanto inauguró el mundo, reino de profetas falsos. Después, recuerdo tu primer dibujo en una pequeña lámina. Ahí conocí la angustia. Un nuevo mundo tu primer paisaje.
Hijo mío, nombrarte, de repente se parece al repliegue de la vista, al abandono del día bajo la lluvia. Asciende, consuma los secretos más hondos que forjó Dios al principio. El mundo tiene la blancura de la nieve. Ignora que duermes. Permanezco en silencio. Observo tu rostro. Acaricio tus manos y sonríes. En la mirada se desliza el agua. Quizá estamos ya separados por un hilo de sombra y cada uno está en su propia luz. Duerme, hijo mío, hasta entonces, la luz en ti.
Lizbeth Peña (Quintana Roo)
En el blanco y negro de un lenguaje sencillo, pero evocador, se van creando, sílaba a sílaba, colores con metáforas que subrayan la intertextualidad. De esta manera, se propone la revisión (y actualización) de ciertas referencias literarias: el mito de Andrómeda, la obra de Shelley y Vallejo. Lizbeth Peña nació en Acapulco, Guerrero en 1987. Es editora y promotora cultural. Tiene estudios en puericultura y música. Ha impartido talleres de lectura para niños en escuelas, bibliotecas y para la SEDESOL. Poemas suyos han sido publicados en las revistas Tropo a la uña y Salvo el crepúsculo. Coordina un taller para escribir relato y las salas de lectura de La Tlacuila. Actualmente es asistente editorial en Tropo a la uña y prepara su primer libro de cuentos. Radica en Cancún desde hace veintidós años.
Mímesis en blanco y negro
Caes al alba como la Andrómeda
migajas de espejo
una sentencia a la eternidad
aguja infinita
te anclas en la estela de tu imagen
colgados de la puerta
tus ojos
presagian la cadencia
de la piedra
abriendo el rostro del agua
y brillas en tu último esplendor
la dulzura es lanzada de bruces a la noche
desprendida ya de aroma y médula
la invocas
y solo responde el suspiro de lunas sin llanto
levantas tus manos
para no borrar atropelladamente la vida
en un esfumarse para desvanecer la demencia
caminando junto al sol
para subsistir
Érase una vez un gato siguiendo el camino al estambre negro que confundió con el embrollo de una estrella. Un gato que llegó al estambre y se quedó a dormir ahí con sueños enmarañados: soñaba ser un pez nadando en la gruta, en el río, al final del arcoíris. En sus sueños también era un submarino que entraba y salía del oscuro pozo de los deseos. Pero despertó… Érase una vez un ave que quiso ser un gato. Un ave en el refugio del negro nido del estambre, érase una vez…
se comienza por cortar la nada
con la verticalidad del relámpago
encontrarían un todo
al cortar-la nada
solo se encuentra
más
de lo que se huye
De cuerpo presente
Salto las piedras sobre los ríos, pero eso no quiere decir que no tema morir ahogada.
Al final, la muerte no es del muerto si no de los allegados. El muerto, si bien en el cielo o en la desfragmentación del aire o en la quietud por siempre, ya no está lleno de los humores y olores del mundo. Pero sí (yo) nosotros, y nos da envidia el muerto: ahora en el descanso es fruto de invocaciones y alabanzas.
La muerte es ajena entre los otros, mas cuando la vemos pasar a través de alguna ventana, escuchamos el canto del cisne canto de nuestro propio fin.
Al morir me llamarán hermana, y seré del mundo como el mundo será en mí. Con Vallejo cantarán los que se quedan: tentativas para conservar la luz, retener al hombre sin importar quién es, sin indagar su pasado.
Cargamos de dones al muerto
pequeños monstruos de Shelley
otros reconstruirán nuestras vidas
La memoria es un ser desdibujado
desbordada en su cuerpo al recrearse
y dejaremos de existir
cuando el vivo
cansado ya
olvide
ráfaga y fuego es el recuerdo de los muertos
Afonía para un lienzo
las geometrías se traducen
en diagonales ausentes de color:
dislocaciones superpuestas
brasas que demarcan la relación entre penumbra
mundos en transparencias
guiñando los vapores de color sobre la oscura
simetría de la luz
hay un colapso de pupilas ardiendo
en el debut de un lienzo afónico:
una reunión de estelas es más provocador que la nada
Sueño de Leda
¿levitar de noche
y escamas de agua?
cubrirnos con su vuelo no dicta
las respuestas de su canto
invitemos augurios a la mesa
a devorar plumas de luna
caen uñas sobre hierba
se desgaja la cabellera
un cuello de Modigliani
y la búsqueda de la tez perfecta:
bella, blanca y suave
el banquete será un caos de pétalos dispersos.
Ficha del compilador
Marco Antonio Murillo (Mérida, Yucatán, 1986)
MFA en Creative Writing por la Universidad de Texas en El Paso; Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Autónoma de Yucatán. Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos, en 2009. Premio de Ensayo de Crítica Universitaria (CONARTE), y segundo lugar en el Premio Regional de Poesía José Díaz Bolio, en 2011. Premio Estatal de la Juventud 2014 en artes. Asimismo, ha obtenido las siguientes becas: Jóvenes Creadores del PECDA (2009), y Grant de la Universidad de Texas en El Paso (2013-2016). Ensayos suyos aparecen en los libros: En la orilla del silencio, ensayos sobre Ali Chumacero (FETA, 2012), Museo de esperpentos y ensayos en prosa bárbara de Josué Mirlo (Verso Destierro, 2015) y en varias revistas de literatura. Es Autor de los poemarios Muerte de Catulo (La Catarsis Literaria, 2011; Rojo Siena, 2013) y La luz que no se cumple (Artepoética Press, 2014). Como antólogo ha sido coautor del libro Casi una isla: Nueve poetas yucatecos nacidos en la década de los ochenta (SEDECULTA, 2015), así como coordinador de los dossiers “Poesía hispanoamericana de la década de los 80” (Río Grande Review no. 44) y “Mexican Contemporary Literature” (Río Grande Review no. 45)”. Ha sido jefe editor de la revista Bilingüe Río Grande Review (2013-2015), y miembro del Consejo de Redacción de la Revista de Literatura Mexicana Contemporánea (2015-2016). Ha colaborado en revistas como: Tierra Adentro, Este País, Aghula, Círculo de Poesía, La Raíz Invertida y Vallejo & Company. Actualmente es becario de la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de ensayo, y forma parte del consejo editorial de las revistas Pliego 16 y Marcapiel.