A partir de una charla con el actual director del Museo, el escritor y crítico de cine, José María Espinasa, la autora nos conduce por los significados de esta institución en la que se propone animar los objetos para impulsar cambios.
Entre la tradición y el progreso
La dirección de José María Espinasa en el
Museo de la Ciudad de México
José María Espinasa
En la actualidad, el museo como entidad cultural, se encuentra inmerso en una sociedad en la que todos los valores están en crisis. El Museo de la Ciudad de México no es la excepción, por el contrario, se sitúa en el seno de un particular suceso civilizatorio que implica transformación y movimiento continuo.
En la Ciudad de México, un número de personas cada vez mayor, se interesa en fenómenos culturales, al grado de crear una nueva fisionomía socio cultural, la cual afecta directamente a la estructura convencional del museo. Entre mayor es la concurrencia, la entidad cultural desdobla sus actividades, así como implementa formas y fases en los proyectos que presenta públicamente.
Resulta necesario tomar en cuenta que uno de los principales conflictos que atraviesa la institución museística, y me refiero a cualquiera, en tiempos de transición social, es el que se origina en la relación sujeto objeto. A lo largo de mucho tiempo se gestó la idea tradicional del museo inaccesible, lejano incluso.
El contrapunto de dicha idea posee su base en la actividad, en la labor permanente entre el espectador y la obra que ofrece el museo, con objeto de abolir las barreras, mismas que sientan sus bases en la distancia que ostenta el presente del pasado como tiempos históricos.
Una de las principales contradicciones que presenta el museo radica en, por una parte, ejercer la conservación de la obra que alberga, es decir, su rol como continente del contenido. Dicho concepto niega la postura actual de la entidad: el museo funge, a la vez, como centro de cultura abierto al público.1
André Malraux, en Las voces del silencio2 presenta dos polos opuestos. Plantea que la obra, al ingresar al museo experimenta una “metamorfosis”. Es innegable que, la obra, al ingresar al espacio que la contiene permanece aislada, es más, descontextualizada, hasta que el individuo se enfrenta, cara a cara, a ella, de manera activa, mediante un ejercicio de reflexión. En este caso, la función del museo radica en otorgarle vida a la pieza, cuestión que se va logrando mediante la aplicación de procesos secuenciales, como lo son selección, documentación, investigación, guiones museológico y museográfico, exhibición y evaluación. Así, no obstante la valiosa idea de Malraux, muy objetiva, por cierto, la entidad museística ocupa un relevante lugar en los ámbitos de consciencia, tanto individual como colectiva.
En su publicación, El museo,3Aurora León argumenta que la tarea de la museología es terminar con el anquilosamiento que se alimenta de modelos anticuados y decadentes, para así, encontrar otros, flamantes, que favorezcan la comunicación artística y que las relaciones que se gestan puertas adentro, entre continente y contenido, se vislumbren vivas. Claro que la idea museística dinámica depende única y exclusivamente de la ideología que cada museo plantea mediante el ejercicio interno, el atañe de manera directa a su dirección. Con objeto de adentrarnos en la dinámica en el que se mueve, en la actualidad, el Museo de la Ciudad de México, se habla sobre la labor de José María Espinasa, su actual director.
Cuando José María Espinasa fue invitado a trabajar al Museo de la Ciudad de México hubo un cambio fuerte en relación con lo que él venía haciendo. A lo largo de muchos años se dedicó enteramente a la promoción y distribución de libros, como editor y fundador de Ediciones sin Nombre. Al llegar al Museo, José María recordó cómo le gusta el edificio, además de que siempre tuvo el deseo de trabajar en un museo relacionado con el área de artes plásticas. Recordemos que el edificio fue construido, en 1536, por el arquitecto Francisco Antonio Guerrero y Torres y más adelante se convirtió en el Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya. Pasó a formar parte del patrimonio nacional, cuando, en 1931, se convirtió en el Museo de la Ciudad de México.
Una vez como director, Espinasa pensó en el caso del Museo y su ambivalencia, lo cual, le permitió poner a prueba ciertos puntos, los cuales le recuerdan la idea de Alfonso Morales acerca de que hacer un libro no se parece a llevar a cabo una exposición. Así como que un catálogo no es un proyecto puesto en papel, ni una muestra es traspasar la información del papel al muro. Resulta importante reconocer, como lo plantea José María Espinasa, que existe un tiempo de lectura y una exhibición carece del lapso que presenta un libro o una película. Sin embargo tienen en común un lenguaje narrativo. Así que comenzó a familiarizarse con la historia macro del edificio y con la historia micro del Museo.
Para los 75 años del exilio español, José María Espinasa dirigió su primera exhibición como director del Museo, fue en 2014. Él sintió que pudo aportar un punto de vista sólido, ya que se sintió plenamente identificado. La muestra llevó por nombre El exilio español en la Ciudad de México. El legado cultural. En ésta, se rememoraron los aportes que los españoles que llegaron debido a la Guerra Civil Española, entregaron a la cultura mexicana durante el siglo pasado. Se exhibieron fotografías, libros, infografías, notas periodísticas. La exhibición generó una serie de comentarios de reconocimiento, muy favorables. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, en su calidad como coordinador de Asuntos Internacionales de la Ciudad de México, expresó que se trata del exilio más valioso que recibió el país en su historia. Agregó que la ciudad fue construida gracias al esfuerzo de los mexicanos, y también por la labor de muchas personas provenientes de otros países.4
El director piensa que el movimiento se demuestra andando. Así logró muestras impulsadas por su política cultural inclusiva. Un ejemplo acerca de la manera en que su dirección ha abierto temas de polémica fue Imágenes para ver-te. Una exhibición del racismo en México. La muestra, de 2016, resulta en una reflexión en torno al concepto de racismo en la sociedad de nuestro país. Se compuso a base de fuentes de primer orden, como pintura, escultura, fotografía, gráfica, objetos. Fueron más de 200 obras, provenientes de museos nacionales e internacionales las que participaron en la exposición. Su propósito, ampliar la perspectiva desde la que se asoma el racismo implícito en la imagen que prevalece en la sociedad, de manera que el espectador, y mucho importa si es joven, aprenda a evitar la discriminación racial. El racismo se articula en la idea de la Ciudad de México como una ciudad de ciudades: indígena, pobre, llena de necesidades, una ciudad de prestigio. Es una urbe donde se oye náhuatl, otomí, alemán o francés. Es una ciudad que cuenta con museos, pero también existen carencias, al admitir el derecho a la cultura y una necesidad de vincular poesía con teatro, cine con pintura, en fin. Es necesario que nos transformemos en una sociedad inclusiva.5
Son varias las exhibiciones que José María Espinasa ha llevado a cabo en el Museo de la ciudad de México. Sobresalen los proyectos de carácter multidisciplinario: urbanismo, derechos humanos. Todo lo que tuviese que ver con la urbe. Por supuesto que tomó en cuenta al temblor de 1985, que fue un parte aguas en la vida política y cultural. El Museo creó nuevos lazos que funcionaron para entablar diálogos. A la dirección llegan muchas propuestas. El problema que se crea corresponde a la administración de espacios. De ahí, la necesidad de crear un calendario coherente en cuestión de tiempos. Acordar con una vocación del recinto del Museo de la Ciudad de México, además de una estrategia correcta de difusión y una política cultural acorde con una ideología los tiempos de cambio social.
Dice José María Espinasa que, en ese proceso, la realidad apareció violenta, al mostrar que se requería la intervención del edificio: sistemas de climatización, elevador, sistema hidráulico. Es por ello que, en abril de 2017, el Museo de la Ciudad de México cerró durante seis meses para realizar obra de remodelación, la cual fue muy cara. Sin embargo, necesaria para la seguridad del visitante. Así que se intervino el edificio en múltiples formas. Con esa obra se fijó el compromiso de reinaugurar el Museo con una ambiciosa muestra que dio un planteamiento sobre la Ciudad de México. La muestra ocupa toda la planta alta con más de 500 piezas. La exhibición otorga al espectador una mirada reflexiva. Se estableció un equipo curatorial de críticos.
Alejandro Salfranca junto con José María Espinasa idearon poder pensar la ciudad. El director pensó en la urbe como un retrato cubista: la ciudad del presente, pasado y futuro: calles plazas, encuentros, toda la ciudad que cuenta su historia y cómo pudo ser. Piensa que ninguna ciudad es paradisiaca o infernal. La Ciudad de México se vive como se encarna en las costumbres que se vuelven derechos, prácticas: los matrimonios trans género. La ciudad que evita racismo, evita también desigualdades. Estas ideas son la que protagoniza la exhibición Travesía de ocho siglos, ya que se expusieron varias de las obras más famosas y representativas donde aparece la ciudad. El director del Museo opina que el cuadro de Frida Kahlo fue importante en la exhibición. Ésta se divide en periodos históricos. Su estructura fundamental es cronológica, atravesada por miradas diagonales de orden sincrónico. Se cubren los periodos históricos desde Tenochtitlán a nuestros días. Se muestran piezas diversas, grabados, fotografías, mapas. Estos últimos, dice José María Espinasa, son una manera de darle rostro a la ciudad.6
La situación actual del Museo de la Ciudad de México marca una etapa de transición, la cual obtiene su legitimidad en tanto exponente del momento histórico, como punto de partida para afrontar la situación que desencadenará futuros cambios ligados al proceso civilizatorio. Este museo, por tanto, se sitúa entre la tradición y el progreso. Los objetos que ha resguardado el continente museístico, en las exhibiciones, sin importar se edad y naturaleza, son productos inacabados, ya que presentan un potencial de vida permanentemente. La dirección de José María Espinasa en el Museo de la Ciudad de México, genera nuevas respuestas a las demandas de sus posibles públicos. Así, las piezas forman parte de un tiempo histórico pasado, que emite datos que contribuyen de manera definitiva a la formación de su tiempo presente. Éstos se viven como experiencias indispensables y moldean su futuro. La tradición en el ámbito del museo deriva de la necesidad humana ante las fuentes de documentación histórica, como ocurre en la exhibición Travesía de ocho siglos.
Uno de los principales conceptos que aborda Aurora León, en su obra El museo7 es que la perspectiva tradicional de dicha instancia cultural no supone una posición represiva ante la idea de volver los ojos hacia un pasado inevitable, sino de optar por otra forma museística más creativa. Coincido con la idea y me parece que el punto de vista parte desde el área de la dirección, la cual analiza y pone a discusión conceptos novedosos sobre formas artísticas de diversos periodos de la historia, en este caso, la de la Ciudad de México.
En lo que atañe al aspecto de tradición en el museo, la pensadora española, argumenta que es como si las formas artísticas de una civilización pretérita se reprodujeran mentalmente y la acción se trasladara hasta el tiempo presente. Lo cierto es que el proceso que se acaba de mencionar ocurre en el recinto de una exhibición, cualquiera, siempre y cuando posea relación con el arte dentro de la óptica de la historia. Así, en la tradición, el pasado lejano es aquel que corresponde a la Historia, con mayúsculas. Éste se ofrece como un estadio ya confirmado. Existe otro pasado, el pasado próximo, aquel que queda en cuestión de pocos momentos atrás y se convierte en presente. En este punto es donde entra el concepto de progreso, el cual se relaciona con la comprensión humana sobre la precariedad de su existencia. La amenaza de lo imprevisto orilla a una particular idea en torno al tiempo y lo convierte en pasado en maduración y futuro en gestación. Al centro de la perspectiva temporal, la dirección del Museo de la Ciudad de México, encabezada por José María Espinasa, es innovación y renovación, avance y revolución, dinámica de un continuo proceso histórico.
Fuentes
“El Museo de la Ciudad de México contra el racismo. La exhibición reúne 200 obras de diferentes técnicas procedentes de colecciones de museos nacionales e internacionales”, en http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/2016/05/18/el-museo-de-la-ciudad-de-mexico-contra-el-racismo#imagen-1. Consultado el 5 de marzo de 2018.
“El Museo de la Ciudad de México exhibe ocho siglos de arte en la Ciudad de México hasta abril”, en http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2018/02/06/1218216. Consultado el 5 de marzo de 2018.
“Exposición artística. El exilio español en la Ciudad de México”, en http://noticias.universia.net.mx/actualidad/noticia/2014/07/10/1100373/exposicion-artistica-exilio-espanol-ciudad-mexico.html. 10 de julio de 2014. Consultado el 5 de marzo de 2018.
León, Aurora, El museo. Teoría, praxis y utopía, Cuadernos de Arte Cátedra, Madrid, 2000.
Malraux, André, Las voces del silencio. Visión del arte, Emecé Editores, Buenos Aires, 1956.
Morales, Moreno, Luis Gerardo, “El retorno de “lo público” a los museos de México”, en Museos de México y el mundo. La voluntad de mostrar, el ingenio de ver, Conaculta, INAH, INBA, México, 2004.
Tostado, Conrado, “Los usos ambiguos de lo público”, en Museos de México y el mundo. La voluntad de mostrar, el ingenio de ver, Conaculta, INAH, INBA, México, 2004.
Vázquez Olvera, Carlos, Felipe Lacouture Fornelli. Museólogo mexicano, INAH, 2004.
Wagensberg, Jorge, “Principios fundamentales de la museología científica moderna”, en Museos de México y el mundo. La voluntad de mostrar, el ingenio de ver, Conaculta, INAH, INBA, México, 2004.
André Malraux, Las voces del silencio. Visión del arte, Emecé Editores, Buenos Aires, 1956.
“El Museo de la Ciudad de México contra el racismo. La exhibición reúne 200 obras de diferentes técnicas procedentes de colecciones de museos nacionales e internacionales”, en http://www.eluniversal.com.mx/articulo/cultura/2016/05/18/el-museo-de-la-ciudad-de-mexico-contra-el-racismo#imagen-1. Consultado el 5 de marzo de 2018.
O.p cit., Aurora Léón.
- Aurora León, El museo. Teoría, praxis y utopía, Cuadernos de Arte Cátedra, Madrid, 2000. Véase “La teoría del museo”, pp. 67-71. ↩
- ↩
- Aurora León, Op. cit., p. 73. ↩
- “Exposición artística. El exilio español en la Ciudad de México”, en http://noticias.universia.net.mx/actualidad/noticia/2014/07/10/1100373/exposicion-artistica-exilio-espanol-ciudad-mexico.html. 10 de julio de 2014. Consultado el 5 de marzo de 2018. ↩
- ↩
- “El Museo de la Ciudad de México exhibe ocho siglos de arte en la Ciudad de México hasta abril”, en http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2018/02/06/1218216. Consultado el 5 de marzo de 2018. ↩
- ↩
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