Leticia Luna, performancera, promotora cultural y poeta mexicana, nos habla del más reciente libro de la fotógrafa tabasqueña Kary Cerda. Aquí una muestra poética de la autora.

Los nombres de la Tierra, de Kary Cerda.

Leticia Luna

Dentro de lo que constituye la era postsísmica en México S19, presentamos la plaquette: Los nombres de la Tierra, de la poeta tabasqueña Kary Cerda. Proyecto editorial La Chifurnia / iv Festival Internacional de Poesía en Tierra Nahua Pipil, 2016, editado por el poeta salvadoreño Otoniel Guevara. Un corpus de poemas sobre diversos momentos de la estadía de la autora en el mundo, sus viajes, temas y preocupaciones estéticas. Lo terrenal es el hilo conductor de una breve pero profunda aventura poética.

Abre el poemario un texto bellísmo sobre el planeta Tierra que da título al libro: Los nombres de la Tierra, un recorrido por el corazón de los volcanes, ya Kary y yo habíamos coincidido en nuestro amor por la poesía de Malcolm Lowry y el Popocatépetl, “el sol de los adentros” dice ella. Los estados del alma son descritos aquí con una gran delicadeza, para ella éstos son parecidos a la travesía de las mariposas Monarca, al tamaño de las ceibas o al amanecer lumínico en una playa del Caribe. ¿Quién no se ha extasiado ante la trayectoria del vuelo de la mariposa Monarca, o se ha sorprendido ante una ceiba milenaria? En el verano pasado nuevamente visité Tabasco, su tierra, hace falta estar ahí para sentir sus humedales, para concebir la luz en todo su esplendor, esa sofocante comunión entre el agua, la vegetación y el sol, la tierra del caimito, y descubrir sus ceibas, sus ríos majestuosos, por ello no ha de extrañar que esta poeta hija de la tierra, le cante al Usumacinta, a la voz verde del agua, y nos diga:

Soy ansia Usumacinta

Grijalva, Puyacatengo,

Carrizal, Mezcalapa

El vigor de la selva viva, así es ella, más propensa a la luz que a la oscuridad, al horizonte acalorado que a la desolación de un paisaje; es como la sombra esbelta de un cocotal; es como Villahermosa, con su laguna donde las ilusiones recorren nuevos carismas, es río y es mar. Así siento la poesía de Kary Cerda, una piel de agua bañada por el sol. “Yo soy Grijalva en mis maneras / como tú eres poeta en tus vaivenes”. No podemos sino sentir el trópico que ya Carlos Pellicer anunciara para la poesía mexicana y sobrevolar el recuerdo de versos poderosos que sostienen la tradición de la poesía en esa latitud del continente: José Carlos Becerra, sin embargo ella acude a Vallejo para hablar sobre los nombres también terribles de la Tierra. “Nombres oscuros de bárbaros imperios / llenos de obsesiva cobardía”, y de esa forma su poesía se vuelve social, abandona la luminosidad de la naturaleza prodigiosa, para abordar el tema de las violaciones a las angelitas, las niñas indefensas transgredidas por sus propios familiares en los países hermanos. También habla de la paz en el cementerio de Praga, de sus sentimientos alados en Santiago de Compostela, de Gaudí y la amada Barcelona. Cómo me dueles Barcelona, con tan sólo nombrarte por el poema hermano de esta poeta amiga. Barcelona presente en tantos escritores que la hemos visitado, no podía ser ajena a las letras de Kary Cerda: “ esbeltas y suplicantes / las torres de la Sagrada Familia / yerguen piadosas sus plegarias a lo inmenso” Inmensa Barcelona como el mar Mediterráneo.

            Pero también está Oriente Medio con su bélica mirada, y Chile, en un poema dedicado a Omar Lara. Recuerdo a Omar y a Kary en el Festival Internacional de Poesía Carlos Pellicer, en Tabasco, tan hermanados, leyéndose poemas mutuos fuera de los escenarios, no podía faltar el recuerdo del asalto a la Moneda: “el canto chileno de los Andes / ¡La muerte en la Moneda!”, nos dice la autora, y nos dice más, habla de la unidad de los latinoamericanos, una lengua ajena una tierra arrebatada. César Vallejo, Roque Dalton, son presencias en este florilegio que esta noche nos presenta.

            Por otra parte: la danza, un poema a los cisnes, Kary siempre ha sido una artista multidisciplinaria, además de tener un gran ojo estético, pues es fotógrafa, sus poemas los ha acompañado con música, aquí la danza baila con catastróficas soledades.

Regreso al poema Tulum, donde la poeta vuelve a establecer su nexo con lo vivo: “..en lo interno / resacas, corrientes y mareas / acuerdan sus vaivenes.” Estos vaivenes de lo interno y lo externo del mundo de la autora, nos llevan al poema “Hoy me bendigo”, donde ahora la tierra, es ese vasto territorio del yo, y declara: “Soy mi más sólida conquista / mi cimiento estructural / capitana de mi ejército…, soy mi propio bastión / mi camino / el único acceso posible / hacia la inmensidad de mis territorios.”

Esos territorios poblados por el interior de la poeta, tienen su diálogo con el mundo externo: así construye en la lejanía su poema del Terremoto del 19 de septiembre de 1985, sin saber que otro 19 de septiembre, 32 años después volvería a estrujar la tierra, a tragar a sus hijos y a despertarnos: “subyudaga / la urbe se desploma / dislocado el cimiento y los andamios / más de diez mil emprenden el vuelo / bajo el peso manifierto del escombro/.

Kary Cerda expresa a través de la poesía sus pasos por el mundo y el ritmo de su tiempo. Hoy como nadie sabe que: todo alcanza/ el destino puntual / de lo infinito. Felicidades a Kary por este nuevo poemario y, a su editor, el poeta salvadoreño Otoniel Guevara porque ha apostado por la poesía mexicana actual y no ha errado.

Leticia Luna

Directora GRUPO FUEGO AZUL.

POESÍA ESCÉNICA

EDICIONES LA CUADRILLA DE LA LANGOSTA

http://letimoon.blogspot.com

Los nombres de la Tierra

La Tierra tiene nombres que yo amo

Ojos de Mirada Perpetua

Algarabía de Valiente

Celebrando el Corazón de los Volcanes

Los nombres de la Tierra

son estados del sol de los adentros

Algunos sólidos e impronunciables

como la travesía de la Monarca

o el tronco centenario de la Ceiba

otros frágiles y delicados como

el amanecer de la luz sobre el Caribe

También tiene nombres horrendos

terribles como el odio de Dios

-diría Vallejo-

que repelen la vida

y obscurecen el centro luminoso de las almas

Hambre desmembrada

recrudecida en el sinsabor extremo de la vigilia

Son nombres que dañan lo más dulce

el agua clara

las mañanas

Nombres oscuros de bárbaros imperios

llenos de obsesiva cobardía

ajenos

sembrando sus huellas de chapopote

sobre el verde silencio de las hortalizas

        sobre la gaviota inerte

          sobre el trigo indefenso

Usumacinta

Todo era obscuro

cuando se pronunció tu nombre

por primera vez

La voz se convirtió

en caudal

y cada nota

en la acuática silueta

de tu poderío

Todo era obscuro

y en el silencio

se tejió el brioso palpitar

de tu cintura de hombre

de tu abrazar de tormenta

Grijalva

Tu corazón ha sido

fuente y transporte

del líquido rumor

de mis plegarias

Sobre tu piel de agua

lloré la lejanía  y

palpé la esencia

de la luz

en mis entrañas

Recorro tus orillas

para encontrar

tu nombre grabado

en el lecho profundo de mis venas

Río mentor de mis ancestros

amo tu estampa con la daga afilada entre mis huesos

Mi alma es vasta como tus crecientes

y ensancha su caudal en tus riberas

Yo soy Grijalva en mis maneras

como tú eres poeta en tus vaivenes

Amanezco en tu nombre como una bendición

pues nada de lo que al río caiga

se pierde o desperdicia

todo alcanza

el destino puntual

de lo infinito

Plegaria de las mariposas

                        Porque en cada país

                                   hay una niña

                          que necesita tu voz

A veces en Costa Rica

la luz nace de la tierra

y de entre los cerros

manan gritos

como millones de almas llorando

el dolor de las niñas violadas

por sus padres y padrastros

 por sus enmudecidas madres

por  hombres trastocados en bestias

ante los cuales

las niñas aterradas

le rezan a las mariposas

La noche de las angelitas

Sombra poblada de hamacas

ahogado llanto

sofocos

tensas hebras de manantial herido

donde se acuesta el odio con la soledad

en la entrepierna de las angelitas

Impotentes

ya no duermen ni se atreven a soñar

sólo escuchan el ciego acontecer

                           estupefactas

En sus vientres

la sangre virgen de la rabia

se gesta amordazada

Crimen de brutos descalzos

en la noche de los cerros

y en los corazones la certeza

de leche agria

amamantando inocentes

Hay paz

Se dispersa el corazón de la rabia

en su lúgubre encierro

No hay razón para desconfiar

una pesada loza pone a salvo

los huesos de las fieras

Hay paz

en el cementerio judío de Praga

Negro sedimento

No hay frío en mi corazón

querida Praga

es sólo tu sangre oscura

negro sedimento

tiñendo el alma

de mi ciudad interna

Subyugada

Con ondular definido

una gigantesca serpiente

subterránea e invisible

contorsiona sus anillos de odalisca

durante dos minutos

la danza libera la potencia atómica

de mil bombas detonadas al unísono

subyugada

la urbe se desploma

dislocado el cimiento y los andamios

más de diez mil emprenden el vuelo

bajo el peso manifiesto del escombro

sólo hay clamor en la ciudad -ya sin palacios-

una y otra vez

la tierra se colapsa

todo tiembla

menos la cuerda que sostiene a la megalópolis

en un sustrato indefenso

se desmorona la confianza

y sin embargo

la hermandad se ancla

la impotencia trenza los hilos

de una lucha indiscriminada a favor de la vida

no hay mexicano solo en la desgracia

parientes y extraños se apropian de los fallecidos

se abraza a los sobrevivientes

en la circunstancia desmantelada

y en el despeñadero de la soledad destemplada

se les ama sin conocerlos ni cuestionar su cercanía

el horror se propaga como tiñó la sangre

los canales de la gran Tenochtitlán

a manos del conquistador desbocado

como en 1968 el espanto se reinstala en la Plaza de las Tres Culturas

pero esta vez

todos son familia en Tlatelolco

nadie es negado ni sepultado con indiferencia

Placido Domingo se hermana al quehacer

donde ninguna voz se destaca

solo se escuchan derrumbes

picos llantos y plegarias

el olor de la carne corrupta

atenaza la ciudad descuartizada

que deambula estupefacta

sacudida por llantos de bebé

la alarma intensifica anhelos y búsquedas

entre las ruinas del hospital Juárez

bajo el asfixiante acontecer de la polvareda

dieciséis neonatos sobreviven

extraído del vientre de su madre fallecida

por la navaja de su abuela

un varoncito respira liberado

en Francia las llamadas a México son gratuitas

y las cartas llegan sin timbres ni demora

son prioridad incuestionable

como pájaros agoreros

crípticas voces llaman a teléfonos desconocidos

para balbucear pedazos de lenguaje

captados a través de una radio de onda corta

la impotencia asciende efervescente los umbrales del pavor

cuando viene la réplica

como frutos pródigos de un árbol generoso

edificios colmados de familias se desgajan

el silencio boga distancias inconmensurables

acuden voluntarios de otros países

rescatistas  perros

muchos mandan agua comida ropa

algo

para manifestar su solidaridad en la distancia

en medio del desorden

y ante el desconcierto mayor de la tragedia

sostenida como la partitura de un loco

que repite a voz en cuello una y otra vez un compás estridente

la muerte reaparece

se repite a sí misma

en el tumulto de la metrópoli desencajada

subterránea e invisible

con ondular definido

una gigantesca serpiente

contorsiona sus anillos de odalisca