Como el título lo indica, María Antonieta ensaya a bosquejar una muestra representativa de las generaciones más recientes de poetas en su país emergidos de los dos concursos Rafael Cadenas y de una antología más abierta.

María Antonieta Flores: Hacia la conformación del canon poético de la joven poesía venezolana.

Selección de poetas jóvenes venezolanos

Diana Moncada. (Caracas, 1989).

Juan Manuel Romero Á. (Ocumare del Tuy, estado Miranda, 1980).

Edgar Buloz Osorio. (Caracas, 1983).

Cristina Gutiérrez Leal. Coro, Venezuela, 1988.

Euro Montero. (Maracaibo, Venezuela, 1995).

 Hacia la conformación del canon poético de la joven poesía venezolana

María Antonieta Flores

No es ningún secreto el papel que las antologías cumplen en la conformación de la literatura como construcción histórica y cultural. Son eficaces instrumentos  para establecer el canon literario de una determinada época. Alfonso Reyes en su breve ensayo escrito en 1930 y titulado «Teoría de la antología» (La Prensa, Buenos Aires, 23 de febrero de 1938) había señalado la importancia del papel que cumplen tanto en los estudios literarios como en el establecimiento de la llamada literatura oficial; las consideraba otra forma de aproximarse a la historia literaria y cultural. Ana María Agudelo Ochoa en su artículo “Aporte de las antologías y de las selecciones a una historia de la literatura” (Lingüística y literatura. No. 49, 2006) señala:  «la antología es una postura crítica respecto a la producción literaria del periodo al cual se limita, pues el hecho de elegir ciertas obras y descartar otras implica un ejercicio crítico e incluso canonizador.»

Igual función cumplen los concursos. La selección de ganadores y/o finalistas, si se dan a conocer, se convierte en un elemento que contribuye también a la conformación del canon, dependiendo del prestigio del concurso o de los jurados.

   Estos mecanismos sólo apuntan a una estructuración que sólo el tiempo fijará como definitiva. El tiempo es lo que decanta, se sabe. Pero, las dinámicas actuales exigen una velocidad de coagulación de los hechos mucho más rápida que en décadas anteriores, más rápida que en el siglo pasado. En este tiempo web de urgencias, se apresura todo. Así, ya se observa cómo se señalan nombres de jóvenes nacidos a mediados de los 80 y en los postreros  90 como voces poéticas destacadas.

La literatura venezolana no escapa de esta tendencia. Al establecimiento de este canon apunta Nuevo país de las letras (2016), compilado por Antonio López Ortega y que presenta a nacidos en la década de los 80.

En 2014, en una conversación sostenida con el poeta Alexis Romero y reproducida en el cautivo n. 57, el poeta venezolano Harry Almela (1953-2017) señaló, acertadamente, que

Los poetas más jóvenes lo tienen más complicado, me parece. Es difícil centrar la atención en el ombligo cuando los árboles están ardiendo en las calles. Por otra parte, encontrar libros se ha convertido en un arte de prestidigitación. Publicar es cada día más espinoso. El circuito literario ha cambiado. Publicaciones periódicas, talleres, concursos, editoriales, han desaparecido casi por completo. ¿Dónde confrontan? ¿Qué leen? No lo sé. Supongo que irán encontrando el camino que les pertenece. Lo interesante de nuestros espacios literarios, y esto ya lo he dicho, es que existe más continuidad que ruptura. Acá, desde siempre, es posible que escritores maduros y jóvenes converjan, sobre todo ahora en los pocos espacios que quedan. Espacios que, como el bosque de los sobrevivientes de Farenheit 451, están llamados a preservar la literatura mientras pasa esta tormenta.

La primera impresión en papel de un poema se toma como algo señero en esta época de visibilidades e invisibilidades, pero la hiperinflación creciente que marca la economía nacional, hace casi inaccesible publicar una edición modesta de 500 ejemplares, así que una antología se convierte en una necesaria posibilidad.  

La convocatoria del Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas en 2015, ofreció la posibilidad a jóvenes (el límite es hasta los 35 años) a concursar con un poema para optar a un primer, segundo y tercer lugar, adicionalmente ofrece una selección de finalistas. Los poemas ganadores y los seleccionados son publicados en una edición que inevitablemente se convierte en una antología. El concurso ya en su tercera edición, emitió su veredicto este 18 de marzo de 2018, lo que sumará un tercer libro con 30 poemas. Al respecto, en su muro de Facebook, Enmanuel Núñez,  ganador del segundo lugar y finalista en la edición anterior, escribió ese mismo día: «Me siento muy orgulloso de ser parte de una generación que crea un mundo de posibilidades a través de la palabra y que lucha, desde el fondo de su arte; porque el arte y la cultura es una forma de resistir los embates de la situación que nos aqueja. Sigamos en pie con estas iniciativas, que aún pueden dar mucho.» Las negritas son mías para resaltar el inevitable peso que para estos jóvenes tiene la situación que ha sumido en la desesperanza a un amplio sector del país y que no se puede evadir ni en un momento de celebración. Estos jóvenes escritores consideran que no sólo buscan el poema con un fin estético sino que es una manera de resistir las circunstancias que acosan a su nación. En fin de cuentas, la vida cotidiana del venezolano fue y está  impregnada de excesiva política. Quizás por ello en la muestra que comento, el discurso erótico amoroso es muy escaso y muchas veces es contrastado con la realidad del país.

    Para aproximarnos a la conformación de un canon de esta generación, por muy temprano que parezca pero acorde a la velocidad que marca la realidad de los millennials, voy a considerar los dos libros que recogen las selecciones de las dos ediciones de este premio (l Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2016  y ll Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas 2017) junto con   Amanecimos sobre la palabra. Antología de poesía joven y reciente venezolana de la poeta Oriette D’Angelo y editada por uno de los entes patrocinadores del concurso ya mencionado. Como nota al margen no puedo dejar de mencionar que los tres libros están diseñados por Juan Fernando Mercerón quien obtuvo diploma de honor en el concurso de diseño “Los libros más bellos del mundo” 2018, convocado por  la Stiftung Buchkunst en Leipzig, Alemania, por el libro correspondiente a la segunda edición del concurso.

Si las antologías que han generado las dos ediciones del premio Rafael Cadenas están marcadas por la mirada vertical que marca la condición de un jurado de tres poetas (para el primero fueron Yolanda Pantin, autora del prólogo, Ricardo Ramírez Requena y Alejandro Castro; para el segundo, Edda Armas, Eleonora Requena y Luis Enrique Belmonte, autor del prólogo) ya pertenecientes al canon literario conformado y con una diferencia etaria que marca otro diálogo con los poemas seleccionados, en Amanecimos sobre la palabra se está ante una antología de mirada horizontal,  que abarca escritores nacidos entre 1985 y 1999 desde la perspectiva de alguien que pertenece al mismo grupo que revisa en cuanto al aspecto generacional (Oriette D’Angelo nació en 1990 y para el momento cuando escribo esta nota sólo ha publicado un libro, Cardiopatías), mientras que gran parte de sus seleccionados han publicado en medios digitales y no en el tradicional libro en papel. Así la antología se convierte en su primera publicación dentro de los parámetros tradicionales, su legitimación, pues. En este caso se cumple un aspecto característico de esta generación: leerse entre ellos y validarse entre ellos. La fratría es su regla (a lo Peter Pan) y no se busca la aprobación de quienes los preceden tal como, desde hace siglos, se acostumbra a hacer. Para los interesados en el tema de los géneros y la equidad, hago este registro porque me interesa resaltar la continuidad de la llamada eclosión de voces femeninas en la década de los 80 en la poesía venezolana y latinoamericana. Vale destacar que el concurso es bajo pseudónimo y algunos de los poemas carecen de marca de género.  La antología I, presenta 31 poemas  en voz de 6 mujeres y 25 hombres; la II, 26 poemas con 15 mujeres y 11 hombres; Amanecimos, 29 poetas con 13 mujeres y 16 hombres.

Este conjunto de antologías es importante no sólo porque permite al lector interesado conocer las rutas discursivas y poéticas que los más jóvenes exploran sino también porque permite o favorece la lectura de una realidad nacional y de un concepto de país o de nación qué emerge de sus letras. Conocida o no, aceptada o no, la realidad venezolana con sus fracturas, sus posverdades, su diáspora o huidas, su discurso oficial o no oficial ha marcado la mirada de estas generaciones  nacidas entre 1980 a 1999 y que crecieron teniendo, básicamente, como referencia la Revolución Bolivariana. Así que sus voces son valiosos testimonios no sólo de su mundo interior sino del afuera que los acosa. Para el lector es fácil apreciar la constancia de la violencia en estos textos, la presencia del hambre, la angustia, la incertidumbre. Si bien un lector avisado y avezado puede percibir rasgos indicadores de la orientación política de quien escribe el poema, lo bueno de estas antologías es que reúnen de nuevo la voz poética de una nación ya que en el caso del Concurso Rafael Cadenas, el pseudónimo deja en libertad al poema mientras que la selección de Oriette D’Angelo ha sido inclusiva y esto se puede apreciar por los datos que se encuentran en las notas biográficas de los antologados y por ciertos elementos presentes en los poemas. Tradicionalmente, la conformación de un canon proviene de la misma literatura oficial. En el caso que tratamos no es totalmente así. Los convocantes del Concurso Rafael Cadenas son dos cuentas surgidas de las redes sociales, específicamente de Twitter: @AutoresVzlanos, liderada por la emprendedora Tibisay Guerra y @TeamPoetero, liderada por el empresario Marlo Ovalles, y sus acciones han rebasado los límites de lo virtual con acciones concretas y palpables: Amanecimos sobre la palabra es el primer libro con el que Team Poetero Ediciones debuta en el mundo editorial y pronto mostrará los resultados de su primera convocatoria para una colección de primeros libros de poesía de jóvenes hasta 30 años. El crecimiento de su campo de acción ha llevado a esta cuenta de Twitter a conformar la Fundación La Poeteca que acoge la primera biblioteca dedicada exclusivamente a la poesía abierta al público el pasado 7 de mayo. Por su parte, Tibisay Guerra quien acompaña la labor de difusión no sólo con su cuenta sino con la producción de franelas o playeras, tazas, pulseras  con versos escritos, ha desarrollado eventos: algunos tradicionales como el Retablillo de Navidad Aquiles Nazoa y otros enfocados en la vinculación de actividades con la poesía tales como Yoga y Poesía, Sé tú el poema —desarrollada en peluquerías—. De esta manera se aprecia cómo se empieza a transformar la conformación del discurso oficial al tener la ciudadanía una acción más directa y reparadora en los vacíos no atendidos por las distintas instancias pertenecientes al ámbito gubernamental.

Todo este contexto nos prepara para un vistazo general tal como lo indica la prudencia y la consciencia de estar trabajando con un corpus muy reducido, para buscar establecer ciertos rasgos resaltantes y, también, para confirmar que tal como lo asomó Alfonso Reyes, la elaboración de una antología implica también un acto creador y esto se comprueba en las ediciones que recogen los poemas ganadores del Rafael Cadenas. Ambas, carentes de notas biográficas, presentan los poemas y al final aparece el autor del mismo. Este diseño los convierte en un poemario con su propio sentido y dinamismo al margen de las propuestas particulares que lo sostienen, es decir, si se leen de comienzo a fin, se encuentra que son  libros orgánicos a pesar de que los registros verbales sean diferentes. Probablemente, los une el aire de época. Los diversos  tratamientos poéticos dados a los temas están entretejidos por un dolor común, por una herida vinculada al país y a la pérdida de un lugar ideal y soñado. Frente a esta unicidad que he  comentado donde los poemas se imponen a los autores —en fin, se están premiando los poemas—, la antología propuesta por D’Angelo sigue el modelo tradicional incluyendo, aparte del prólogo, nota biográfica y comentario sobre los textos de cada autor (entre uno a tres dependiendo de su extensión). Este procedimiento crea un lugar particular, impone una pausa al lector entre cada uno de ellos. Indudablemente la percepción del lector variará en ambos casos, pero me interesa revisar los elementos comunes que son los que, finalmente, ofrecen datos para establecer tendencias en un discurso que está en proceso de cristalización y, por lo tanto, es dinámico, móvil, variable, líquido.

Los temas, como se sabe, son universales y comunes, pero cada momento histórico deja su huella al igual que lo hace el yo sensible, su mirada. Hay dos aspectos que creo oportuno resaltar. El pais y la presencia del padre. Esta generación ha crecido con padres más presentes, más comprometidos con su función paterna y no sólo con la de ser proveedores, pero el padre simbólico figura como ausente, no hay un padre que proteja colectivamente de la muerte, el hambre, la violencia, la enfermedad. En «Único orgullo» de Emmanuel Núñez, el enfrentamiento y el dolor se manifiestan: «el nombre que mi padre me legó fue el silencio».

Indudablemente, uno de los poemas significativos recogidos en este corpus de tres antologías, es “Canto 14 [25.08.2012. Gelasiano. Amuay. Reneduar]” de Willy McKey (1980), ganador del primer premio de la primera edición del Rafael Cadenas, cuyo tema es la tragedia de Amuay, una refineria de petróleo ubicada en el estado Falcón, ocurrida el 25 de agosto de 2012. Así el poema se inscribe en la tradición de la literatura del petróleo, origen y causa de los males y decisiones de una sociedad. Está construido subrayando las contradicciones de un país: lee-deslee, levántate-deslevántate,  olvida-recuerda, vive-muere, despierta-duerme. «El tiempo ya espesó los hermosos cadáveres/ que han sido refinados por mis hermanos vivos,» porque  «hemos pretendido vivir de refinar los duelos/ prehistóricos de tus muertos pasados por barril.». La muerte impera en el poema: «Al fin y al cabo, qué es lo que sacamos de la tierra?/ Difuntos presionados por el tiempo. Cadáveres/ que llevamos encima, quemándolos de nuevo».

Por su parte, Eliseo Villafañe (1996) expresa la atmósfera del país que vive: «Soy un gran escritor de terror./ Borro las historias ñoñas de niños que comen niñas/ y pongo las historias de niñas que se prostituyen/para ñoños (para comprar jabón y harina).». De alguna manera, en esta generación la filiación con los perdedores es una constante. Por eso en «he vuelto a caer sobre mis huesos», Euro Montero (1995) reconoce que «el poema me ha vencido»  y se inscribe en el tópico de la derrota y la pérdida: «es el dolor de los no elegidos/ lloran y reposan en el daño/ mas no recuerdan lo que han perdido.». Para Ramón Colmenares «acá se acabaron hasta las derrotas» porque, según Jesús Conde «Nacimos en un hueco/ Gasolina pólvora y ron.» ante ello, Néstor Mendoza (1985) apela al imaginario mítico para salir del laberinto.  

En «Azúcar» de Alexandra Carrero se retrata una escena típica después de lo que podemos suponer el saqueo de un camión que transporta alimentos: «No era una obra de teatro y un cuento. No, no/ no era el siglo XIX./ Sólo eran mujeres, niños, hombres, abuelos que/ recogían azúcar del suelo.» Pero, Julieta Arella (1990) invoca el amor en un poema largo «Si nos amamos el país no dolerá tanto» y allí sentencia en raro  consuelo ideológico: «Comemos menos, pero pensamos más», lo que no le impide detenerse en un asunto de higiene: «Mañana llega mi novio y no tengo crema dental/ Lo besaré con la boca sucia» para aferrarse al otro como salvación: «Contigo/ sin país/ pero contigo».

Por supuesto, los temas de la ciudad y de la extranjería aparecen bien representados. Michelle Rodríguez Lugo (1989) se enfrenta a una urbe a la que no reconoce: “Esta ciudad ya no es mi ciudad/ la vomité hasta la bilis,/ ha sido un proceso de ruptura/ de café negro y acetaminofén”, sentimiento generalizado en muchos ciudadanos. Por su parte, Cristina Gutiérrez-Leal (1988) obtuvo el primer lugar del segundo concurso al cual nos referimos con “Sé del mar reventando contra un muro”, un poema sobre el desarraigo y el yo: “corro tras un nuevo paisaje que se alborote en mis ojos” pero no es el poema de la inmigrante ni del desplazado, sino el poema de quien se va porque huye de sí misma.

«Los simulacros» de Juan Manuel Romero Á. se yergue como el poema representativo del tópico de la enfermedad. Aquí surge con crudeza, lejos del discurso idealizador de un padecimiento. La carencia de medicamentos para tratar las más mínimas dolencias y las fallas del sistema hospitalario han hecho más visible los deterioros y dolores que van causando las enfermedades hasta desencadenar en muerte. «La ligereza/ de las cortinas/ a todo le da permiso/ a los aullidos/ al doctor Tovar/ quien con su voz de bolero dijo:/        Agradezca que del techo no cae pus.»

Pero el país no se ha robado todo el discurso poético, hay ventanas hacia lo interior, el  mundo familiar, lo ancestral, la palabra como destino.

Jesús Montoya (1993),  ganador del I Premio de Poesía Hispanoamericana Francisco Ruiz Udiel, en su poema «La Rotaria» dialoga con las voces de la madre, de sus seres cercanos y sus lugares cotidianos estableciendo una geografía interior que sostiene sus vivencias. También la madre es una de las presencias que sigue transitando estas voces.

Cristina Elena Pardo canta al lenguaje en un texto deudor de la poesia de Hanni Ossott. «El espacio oscuro» es un balbuceo, una interrogante ante lo que depara el reino luminoso del lenguaje.

                                       yo

vengo del espacio de las tejedoras        allá donde la memoria

se convoca.         allá donde un lenguaje

nos asedia

                           irremplazable

A esta visión se suma el poema P-A-L-ABRA de Marcel Añez-Valentinez (segundo premio de la segunda edición de Rafael Cadenas) que se detiene en su multiplicidad y sus usos con sus “Palabra insulto”, “Palabra verdad”, “Palabra mercancía”, “Palabra dictadura”, “Palabra olvido”, “Palabra pueblo”, “Palabra país”, “Palabra literatura”.

Porque, finalmente, en el poema, palabra y realidad encuentran sentido y lugar. Esto lo presienten, lo saben, lo están aprendiendo en el camino que ya transitan estos jóvenes cuya poesía está poblada de un imaginario conformado por la muerte, el hambre, la enfermedad, los sueños frustrados, los abandonos, la desesperanza, la diáspora, imaginario que los aleja de la metáfora, de lo onírico, de la ensoñación, de la celebración y los obliga a nombrar para fundar en el verbo y en el poema sus vivencias cotidianas, la historia que padecen.  

Selección de poemas

La negritud de un lejano caballo ha traspasado mi temblor nocturno

he sostenido mi espinazo apenas con la soga de un corroído recuerdo

el sueño se erige sobre mis ojos como un oráculo de muerte

mi rostro huye

le he tramado una terrible artimaña

he tocado el hueso del grito

y heme aquí lavando mis senos con el agua turbia de la boca de los lobos

Arrastro mi desespero mi desconocimiento

estoy en el umbral de una tentadora puerta

me hallo ante el túmulo de luz salvaje

me prometo habitar las carnes rotas

me prometo el cuerpo

me prometo abrir la cáscara andrógina

        ser mujer-hombre

        lamer y lacerar un solo vientre. Ser mi hija y mi madre

        parir entre el moho relucientes cabezas y olvidarlas.

Olvidarme

        Habitarme de forma absoluta y luego arrojarme de mí misma.

Me espanta esta hambre y esta carencia

y me espanta no sentirla cada día

El tiempo fue tiempo hasta que se detuvo ante mi sexo

La soga está frágil

hay dientes, cuchillos y garras devorando parajes y cielos

la soga está frágil y ya no quiero sostenerla

duele, duele el retorno

mi cuerpo se inmola se desgaja se lacera

la soga está rota

las ruinas laten sobre el sol

Finalista en el I Concurso de Poesía “Rafael Cadenas” (2016)

Diana Moncada. (Caracas, 1989). Poeta y periodista cultural venezolana. Autora del poemario Cuerpo crepuscular, que resultó ganador en el Concurso de Autores Inéditos de Monte Ávila en 2013. Prologuista del libro de entrevistas literarias Al filo de Miyó Vestrini, del sello editorial Letra Muerta. En 2016 ganó una mención en el I Concurso Nacional de Poesía Joven «Rafael Cadenas». Su trabajo periodístico ha sido publicado en diferentes medios de comunicación venezolanos y sus poemas en diversas revistas y plataformas. Administra su blog personal Antología de la conmoción. Actualmente reside en la ciudad de Lima.

LOS SIMULACROS

Maniobro falsamente como un amante

falsamente como un fantasma.

Los adioses no penetran

paredes.

Bordean.                  

Apenas veo entre las cortinas

adentro hay un silencio tembleque

        adentro el silencio ladra duro.

Aprovecho la ventolera.

Entro borracho de zamuros

bañado en alcoholes de infancia.

El chispazo del cuarto materno

exagera los lengüetazos del sol negro.  

Los farallones en el colchón

signaban viajes por rieles.

Emigraciones a bombillos quemados de hospital.  

Para esos viajes

ella solo empacaba subjuntivos.

Cuando todavía su mirada era

le tocó al azúcar hacerle el fragor.  

El páncreas fue la enana blanca

de la constelación de sus entrañas.  

Luego vino la sísmica

incertidumbre del Parkinson

para romper sus ademanes.

Y las islas negras que se abrían

como fosas vulgares

en la leche quieta de su dermis:

                                        las escaras.

El oleaje del duelo

de a poco se hizo bestia

gusano.

La ligereza

de las cortinas

a todo le da permiso

a los aullidos                 

al doctor Tovar

quien con su voz de bolero dijo:

 Agradezca que del techo no cae pus.

Mamá se frota las manos

hace otro simulacro para combatir el vacío.

El vacío siempre tiene hambre.

Él se chupa a mi mamá

como un espagueti.

Necesito con urgencia

aprenderme los misterios dolorosos.

Recitar crudas elegías  

con las que se han construido  

imponentes templos para el dolor.

Un fantasma necesita saber

por qué regresa la congoja

para qué sirve doblarse de dolor.

 Finalista en el I Concurso de Poesía “Rafael Cadenas” (2016)

Juan Manuel Romero Á. (Ocumare del Tuy, estado Miranda, 1980). Es profesor de Castellano, Literatura y Latín, graduado en el Instituto Pedagógico de Caracas (I.P.C.-UPEL), casa en la que actualmente ejerce la docencia en el Departamento de Prácticas Docentes de I.P.C. Tiene publicado los libros de cuentos Historias que hacen daño (Caracas, IVILLAB, 2007) e Historias de reflejos extraviados (Caracas, IPASME, 2010). Ha recibo los siguientes galardones: Premio único nacional de narrativa mención cuento IPASME XVI EDICIÓN, año 2008. Tercer lugar en el Concurso de Cuentos (8va edición) para jóvenes escritores de la Policlínica Metropolitana. Mención especial en el Primer concurso de Poesía Joven “Rafael Cadenas” (2016).

UN OBSERVADOR DESAPASIONADO

Soy un observador desapasionado.

Puedo ser aburrido, mas no redundante.

Somos producto de lo obvio,

De la inequidad.

Somos parte de un capítulo anterior.

Decían mis antepasados,

la inercia es la forma más básica de existencia.

Esta Era ha concluido.

Escuchemos las demandas y perfeccionemos el arte de la resurrección.

No existe tal cosa como el Mal, sino la redundancia (prima de la inercia).

¡Huyan! (¡Huyamos!)

Ya todo está perdido.

Pero antes de la retirada,

Seamos Antiguos y Aceptados.

Finalista en el I Concurso de Poesía “Rafael Cadenas” (2016)

Edgar Buloz Osorio. (Caracas, 1983). Médico Cirujano (UCV, 2007). Especialista en Medicina Física y Rehabilitación (UCV, 2016). Diplomado en Historia Política de Venezuela (USB, 2016). Estudiante de la Maestría en Neurorrehabilitación (Universitat Autònoma de Barcelona – Institut Guttmann, 2018).  Finalista del I Concurso Nacional de Poesía Joven “Rafael Cadenas”. He colaborado con diversos medios digitales nacionales, principalmente panfletonegro.com., Poesía y medios especializados en  ciencias políticas e investigación clínica.

Sé del mar reventando contra un muro

           cómo me asusta cuando levanta demasiado su oleaje

           cuando enfría sus aguas y es imposible.

Sé de gente buena acodada en puentes

contemplo sus miradas cristalinas y la mía se envidria

me siguen enfermando mis ojos litorales

                                                  mis costas.

He visto desde un balcón

un río que divide tres países

abrí ya muchas veces mi puerta para saludar desconocidos

ya estiré una nueva lengua

ya me senté lo más al norte posible

ya estuve en la última calle de un país

ya fui todo lo insular que pude

ya he puesto toda mi fe en un viaje

ya he querido volver y abrazar

corro tras un nuevo paisaje que se alborote en mis ojos

vivo huyendo de este lugar que soy

pero el desarraigo no me cura

no me cura.

Primer premio del II Concurso de Poesía “Rafael Cadenas” (2017)

Cristina Gutiérrez Leal. Coro, Venezuela, 1988. Ha publicado el poemario Estatua de Sal  (Caracas, 2017), que obtuvo el Premio XX Bienal de Literatura José Antonio Ramos Sucre (2015). Con su poema “Sé del mar reventando contra un muro”, ganó el II Concurso Nacional de Poesía Rafael Cárdenas (2017). En la actualidad, realiza estudios doctorales en la Universidad Federal de Río de Janeiro.

he vuelto a caer sobre mis huesos

hilos que desconozco comienzan a rajar

mi garganta

el tiempo se oculta entre mis manos

mi memoria va sangrando al revés

y no espero

más que el viento

arrastre

lo que acá nada dice de mí

y suspenda formas exactas

entre el sonido del caracol

que se esconde

y circunda mi cielo

donde los lugares de mi se desmoronan

se encrespan los caminos donde ya estuve

y sabes

hoyo tras hoyo te asaltan

el poema me ha vencido

miro como la noche se abre en pozo de ausencias

así

es el dolor de los no elegidos

lloran y reposan el daño

mas no recuerdan lo que han perdido.

Finalista en el II Concurso de Poesía “Rafael Cadenas” (2017)

Euro Montero. (Maracaibo, Venezuela, 1995). Estudiante de Letras Hispánicas en la Universidad del Zulia (L.U.Z). Obtuvo el tercer lugar en el concurso nacional de poesía joven Lydda Franco Farías 2016 con su poemario Rotos todos los cielos. Ganador de la primera mención especial del Concurso de Poesía “Andrés Bello”. Finalista del ll Concurso de Poesía Joven “Rafael Cadenas”. Participó como poeta invitado en el Tercer y Cuarto Festival de Poesía de Maracaibo, en la Primera Semana Zuliana de la Narrativa y en el Primer Simposio “Luis Guillermo Hernández” de Pensamiento Literario Venezolano. Asistió a talleres literarios dictados por los poetas Santos López, Harry Almela, Adelfa Geovanny, entre otros. Textos suyos han sido publicados en los portales La parada poética, El cautivo,  Digo.palabta.txt y la revista literaria Philos (Brasil).