Roger Santiváñez, reconocido poeta peruano, radicado en Estados Unidos, nos regala su “Santa Rosa de Lima” y “Alana”, nuevos poemas, comentados por la escritora mexicana Tania Favela Bustillo.
Santa Rosa de Lima
Roger Santiváñez
Apunte sobre Santa Rosa de Lima y Alana de Roger Santiváñez
El poeta peruano Roger Santiváñez nació en Piura (1956). En 1977 fundó “La Sagrada familia”, en 1981 militó en “Hora Zero”, y cofundó, con Mariela Dreyfus, el estado de revuelta poética de neo-vanguardia denominado Movimiento Kloaka (1981-1986). En 2006 apareció el volumen Dolores Morales de Santiváñez. Selección de Poesía (1975-2005) y en 2016 PEISA lanzó Sagrado. Poesía reunida (2004-2016). Posteriormente ha publicado Balara / Asgard & otros poemas (Dharma Books, México 2017) y Melagrana (Casa Vacía,Virginia, USA 2018). También es autor del libro de relatos El corazón zanahoria (Sullana, Sietevientos 2002) y de la nouvelle Santísima Trinidad (Walter Cier, Lima 1997 y Summa, Lima 2015). Tiene un libro de crítica literaria, Enrique Lihn: Una poética del viaje (Editorial Académica Española, Madrid 2013). Ha sido profesor en Princeton University, Haverford College, Bennington College, Temple University. Actualmente vive a las orillas del río Cooper, sur de Nueva Jersey, íntegramente dedicado a la contemplación, a la composición poética y al estudio de los lenguajes de la poesía.
En el “Proemio” que abre Sagrado. Poesía reunida, Roger Santiváñez anota:
…la poesía es algo sagrado. Es una devoción y una mística y ascética disciplina. Involucra una contemplación primordial del mundo. Una lucha diaria por vivir y permanecer en estado de poesía. Esto implica un riguroso método de ejercicio cotidiano de la escritura. Y una propuesta vital cóncava para recibir y asimilar el efluvio y la reverberación de la realidad convertidos en secuencias fónicas.
Santa Rosa de Lima y Alana suponen dos series que se entrelazan en lo que será un futuro libro del poeta peruano. Lo que une ambas series es precisamente el nudo entre lo sagrado y lo erótico, ese amor profano que de diversas formas y con distintos matices despunta siempre en la obra del poeta. Y es que, al parecer, Santiváñez se inscribe por momentos en esa tradición mística erótica en la que el alma y el cuerpo tienen un mismo peso y participan, sin pudor, en el goce y la revelación. Elementos religiosos, provenientes de la tradición católica, son tomados en préstamo y traspuestos a otra realidad: la realidad del poema que teje, en una mezcolanza seductora, una fantasía verbal que sitúa al deseo como el motor del poema. Santa Rosa de Lima y la Virgen participan en esta “mascarada” que desde un lenguaje cifrado va en busca de la memoria, la imaginación y el sueño: el río Cooper, por el que el poeta piurano camina cotidianamente, se metamorfosea en el Rímac y el “neobarroso”, y las niñas y ninfas de los libros Virtú (2013) y Silva (2015) se transforman en esa Santa y esa Virgen que están dispuestas a sucumbir a la persecución de los “Narcisos” o a la canción del amado.
Habría que decir también que el sagrado erotismo de los poemas, esa “sublimación enardecida”, no está sólo en lo que se dice, está inscrito además en el lenguaje mismo: un lenguaje intensificado, rico en juegos sonoro-semánticos que fascina con sus ritmos y trastoques al lector. Santiváñez canta a la amada como el trovador lo hacía en la época medieval, y es ella la que inspira las líneas de sus versos: Rosa […] / solo tú te / Advienes a inspirar la poesía / Por ti vertida entre mi canto / La perfección que el aire encierra”. A la manera de un Arnaut Daniel y su trovar ric, Santiváñez condensa y hace a un mismo tiempo proliferar su lenguaje, buscando con gran riqueza e ingenio, ya no la rima y métricas perfectas, sino un ritmo incesante y a la vez entrecortado que vaya enlazando, desde su imaginación verbal, las secuencias semánticas y fónicas que componen la escritura de sus versos.
Santa Rosa de Lima, Alana o la Virgen, se traslapan en esa “noche oscura” o ese “encuentro nocturno” en el que el “misterio” de lo sagrado como iniciación, pero también del simple amor humano, se ponen en evidencia como “enigmas” de la vida. No hay otra forma de escapar a la asfixiante realidad que el amor, así lo plasma el poeta en estos versos: “Para el amor se tiene que / abrir el corazón. No hay / otra válvula de escape al síndrome de la Realidad”. Pero la amada en Santiváñez, más que cualquier mujer real, divina o imaginaria, es, a mi entender, la poesía: ella es su verdadera musa. De ahí la necesidad que tiene el poeta de vivir en lo que él nombra “estado de poesía”, estado que fusiona, en un perpetuo abrazo, al poeta con la poesía: esa naturaleza femenina que desde joven lo ha guiado y que hoy sigue marcando su camino.
Tania Favela Bustillo
Santa Rosa de Lima
1
En el recreo de huertas & jardines
Creció Rosa atravesada por la fecunda
Idea del deseo & cuando -ya adolescente-
Yo la vi / al verla se quedaron suspendidos
Mis ojos descansando en su candor
Narcisos del Rímac la pretendían
Hasta los frisos -con cuerpos graves
& toscanos- la seguían. & en los arcos
De las naves -las Iglesias- Rosa
Escondía su estofado / como un
Milagro del espíritu & del arte
Una cópula breve le rogaban
Entre el cándido pliegue de su hábito
Pero Rosa rizaba resplandores de su
Rubio cabello impidiendo la fanal
Hidropesía que -en reverentes vasos-
Los narcisos agua & vino le ofrendaban
El viento peinaba las calles de Amancaes
Mientras Rosa divagaba entre cuarteles &
Primores de Montaña en rock copiaba
Con sensible suntuosidad artesonada
2
En las arenas del Rímac las estirpes
Condenadas se buscaban plenas de
Opulencia & en pureza eclesiástica
Rosa dormía cuando yo la tocaba
Venciendo mil escrúpulos dorados
Su perfección de Virgen florecía
Recogida en diario sacrificio &
Clausura / Pero yo la corrompí
Adornando con cristales mis
Sondeos / En el aire brota el
Líquido caliente & a Rosa le
Agrada -parece congelada-
Sosteniendo el examen aprendido
El fruto sazonado vacila entre sus manos
Hermosa la sonrisa de Rosa / renueva
La tierra como suave pétalo que a su
Nombre estila & lo que chupa suelta aromas
De jazmín & al delicado paladar encanta
Con ella nacían muchas rosas
Alfombrando los cerros aledaños
En el césped -Virgen abrasada-
Placía disfrutar del firmamento
Confundida entre el día & la noche
Desplumaba palomas en los tiempos
De guerra / Hasta que el vuelo de un
Pájaro la prende & entonces alcanza
El risco más peinado
Vivares / grutas / nidos circunda
Tu camino divino Rosa por las
Ribas del Rímac / Tú vas disfrutando
Fértiles erarios mientras desasida
Mi alma te sigue entre las frondas
Azules de la masturba nocturna desolada
El rumbo de tus senos obsede
Las vetas que el fuego esconde
Con el limpio devaneo del viento
Tú eres la presa cristalina
Que en polvos magistrales
Me regalas la estrecha unión
Que chupe pedazos de luz marina
3
Obscenos ejercicios practicamos
Antiguos ritos de santa adoración
Te devotaba como si el sol & la luna
Fueran nuestros / hacíamos cumbres
Del orgasmo en culto fiel
A la católica milicia
Inculta, bárbara como la india
Más lindísima se abrió en ti
La fé con tal destreza
Que se rompieron los cerros
A la macolla de tus cantos pinos
Las gracias del cielo se volvieron
A Lima restituida contigo Rosa
Derroche de olores finos alhelíes
Abril te tocó en su azahar
Nácar nacarado de tu cuna
Fue tu bien el más preciado
Que ninguna ciudad pudo ofrecerte
Así / Rosa tan rica desde niña
Rosada Kola Inglesa
4
Tus primeros pasos en el Rímac
Fueron frases / privilegios
Donde recibiste el fresco baño
& a tus tres meses tu nombre
De Rosa brilló en tu rostro
Con tan tremenda hermosura
Que advertida tu ama llama
A la Virgen de Guadalupe &
Así quedó claro el retorno
A las fuentes del misterio
Que no descifro / sino yo venero
Con terneza & ansia en el enlace
& en su botón serrano escondía
La azucena impoluta cuya
Virtud me fue entregada
La fragancia de una tarde
De verano en el sofá
Que todo lo apetece
Sólo Rosa tuvo en su niñez
Aquella lux interior dibujada
En su camisón para dormir
Brilla en las formas de su cuerpo
Relojeando los rayos del sol de Lima
Vi en su corazón descansando
Al Niño Dios / Alianza de
Inocencia / apartada le
Placía acariciar la fina
Hebra de su cabello revolado
Esperando solo mi deseo
Tropezando en todos sus sentidos
5
Naciste Rosa en tal dulzura
Creciste en la frescura del Rímac
Riendo entre ribazos
Atentos al gorjeo de las aves
Afincadas en fluctuante orilla
Donde bañabas tu apostura
Rosa pura ideal altísimo
Que en el cielo definió
Divinos lejos / solo tú te
Advienes a inspirar la poesía
Por ti vertida entre mi canto
La perfección que el aire encierra
Estampas, cruces & rosarios
Gustaba Rosa coleccionar en
Aquel tiempo de su pubertad
Que en su pecho florecía /
Como la prístina flor de
Sublimación enardecida
Dios enamorado la contempla
Desde el cielo & en ella travesea
Entre jazmines puros te
Alcanzó el brocal & en rosicler
Criatura se aproxima
6
Un día Rosa vistió al viento
De holandas tímidas
Como el capullo que sin
Vanidad se ciñe &
En la fragancia de su cuerpo
La noche oscura quiso
Perder al caminante
Mas en su estrecho retiro
Rizó las olas de su cabello
Con clavos dolorosos /
Virginidad pura de ti Rosa
Reluciente / casta / Fuente sellada
La vitud de Rosa abrigaba
Su pecho, así fue como en
Su espejo reflejado, no hubo
Olvido sino seguro ofertorio
Al castigarse / porque en
El mar de Lima hay zozobra
Que llegará hasta la Plaza Mayor
El neobarroso que en sus aguas
Se confunde con el Rimac
En esa calma chicha / dictados
De Dios en tu solícito dulzor
La cornucopia derramada que
Vendrá
Alana
1
En el desierto, una soledad de mí.
Me persigue el viento. Se va.
Se va sin mí. No me deja sino
canta una canción para ti.
Pero así no sé. Baila la brizna
enmielada de ti. Es una especie
de luz que no se vence, que se
alza la falda verdi-celeste de
la noche inicial. Es un fresco
borde curvo en la porción inferior.
Dame esa mirada de espaldas
siente cómo aprietas la entrada
al movimiento de tu ritmo,
alcanza la planicie dulcificada
donde nadie sabe nada
sino el sabor simétrico
del encuentro nocturno.
Desde el cielo de la sombra
salta la leche impulsada
por la mágica sonrisa
que deshace mi muerte
& la torna diurna como
la Virgen añorando la
adoración de su mascarada.
2
Vuela ahora la memoria
por el tiempo ordenado en
secuencias infinitas, las
poses reverberantes alunizan
aparentemente afines a la
decisión de sus ansiedades.
Hay caricias imposibles
que se juntan en el piná
culo de la inmaculada
transposición de cantos
decantados al son de tus
deseos religados, símil
del sentido afán para solaz
del miocardio.
Habrá una forma inscrita
sobre el meditado sino
de amorcillos sin cesar des
plazando ofrecidos enigmáticos
decires, aproximados a la
inocencia santa de tu milagrosa
reunión.
Allí estarán el pensamiento & el
estornino, recogidos en la
canción que yo te escribo
porque de ti recibo estos
versos en el regazo
de la Virgen impostada.
3
Para el amor se tiene que
abrir el corazón. No hay
otra válvula de escape
al síndrome de la Realidad.
Una soledad unida sin
mácula ni tiempo ido, sino
el mundo a salto de mata.
Ese es el amor que nos rodea
cuando se producen los Encuentros,
aquellos tuyos & míos en el
recuerdo de lo que recordamos
cada mañana al sonar del
timbre telefónico.
Amante que se ama hasta
hacerlo por la luz azulada
curvada en la hermosura
de la Virgen, apretado hueco
tomado por instinto
distinto a todo lo que existe:
lo que tú eres, eso es.
Veo el obstáculo del ósculo
cimbreante cercándonos aunque
está parada & excitada su
cintura se enerva siempre
que me espera, en su hornacina
fina de la brisa plácida
toqueteando su cabello virginal.
4
Quería vivir nomás, sentir
el oleaje del mar frente a la
memoria de ti, Seguro el color
del mediodía sin ti; no hay
nada que hacer. Soñar quizá
para tener ese volumen de
las olas frescas, sonoras.
Una luz me fusiona contigo.
Se me abalanza la nada en
el filo del agua, ambientas
mi muerte, magnánima & dulce,
te ríes con tu dentadura pulcra
& me sacas de la profundidad
marina. Ya eres tú.
Tienes la grandeza de la Virgen.
No pares, sigue llevando este
mástil en la mano. “& yo qué soy”
me dices en la cresta de
la flor que yo te di, para que el espectá
culo del mundo sea
el ritmo de esta canción.
Blanco delicioso, te da la forma
que yo más amo. Así me das,
me paseas por esas callecitas. &
saciamos el ansia, hacemos
un radiante e intransferible
presente.
Intermezzo de Gloria
1
En la luz del sol mora
La zarzamora que me
Enamora de ti no más
& de nadie más sino de
Tu memoria que en la
Noria de la historia
Vuélvese mi canción
Resolana de la mañana
Feliz sobre el desliz
Tuyo de tu voz lejana
& cerca en mi oído
Donde mana la
Dulzura que sutura
Mis heridas no ad
Mitidas sino sólo
Ante ti que eres
Mi mujer / mi mujer
La mujer que más amé
2
Se rompe la noche
Sale esta sombra hacia ti
Sería la brisa nocturna
Sino fuera tu luz que
Lo invade todo en mí
El día cayó & así
Volvió la posibilidad
De un sueño que otra
Vez renace en cada
Encuentro se deshace
El silencio porque ya
No hay principio ni
Final en la magnitud
De tu dulzura marginal
A los sacramentos de
La Realidad mientras
Se esparce esa flor
Íntima que tomo en
Mi boca cincela agrada
Las gradas del deseo
Inventado para ti
Afina la siguiente
Reunión desliza iris
De la madrugada
5
Cuando tú eras una niña
yo no te vi. Pero sí estabas
escrita en la membrana esa,
la que sólo tú conoces.
Una vibración, esa especie
de temblor que me une a ti,
letargo después de la forma
envolviéndome toda de ti.
La calma con que te abres
se lanza en mí. & me decías
cómo la Virgen eres tú, en
el aura extraña cuando nos
vemos tras la ausencia, sólo
se ilusiona todavía porque
eliges vernos & es una
fé no perdida jamás.
El cielo son dos -dijo Hernández
para siempre (no se acaba)
que me digas en esta hoja
donde danza tu silueta
aquí tú bastas para ser, des
Tino de tu molino que
me chanca el corazón
a la manera increíblemente
De ti. De ti me muero.
Porque eres bendita & tu
Bendición me hace sangrar.
6
La felicidad que vino de ti
es todavía el tiempo regresando,
sí es el cielo o quizá una
plaza donde moran las pagodas
insulares será la fresca noche
en que se apoya mi canción.
Dime tú la línea que sigue
con el ansia de los sueños
dibujados por la nube inquieta,
inmersos en el fervor de
la Virgen deseada; donde
contemplamos esa flor cernida
Sobre tu silueta ancestral.
Así, me oyes más suave
que tu propia voz en
la hendidura abrigando el
farallón de las rompientes
augustas que tú guardas
“Para que tú me lo bajes”
como me dijiste siempre
muy rica de ti misma.
Subimos entonces a la planicie
de los latidos abstractos, porque
no es afuera sino adentro, allí:
en nuestros vasos sanguíneos
se filma, se acopla la
cercanía cerrada de ti.