El escritor y académico mexicano, Carlos Oliva Mendoza ensaya sobre la obra de Jorge Humberto Chávez, que en sus "crónicas" poéticas logra sintetizar la mirada del poeta y del estudioso de las ciencias sociales.
Flor que ciega persigue al sol de la costumbre
Carlos Oliva Mendoza
Sobre la a poesía de Jorge Humberto Chávez
Juárez la fea
sus huesos empezaron a llenarse de ruidos
Gabriel García Márquez
Normalista y científico social, Jorge Humberto Chávez nació en una de las ciudades que muestran el destino del siglo XX y la crisis expuesta del siglo XXI: Ciudad Juárez. Comparable con Sarajevo, ciudad sitiada entre 1992 y 1996, donde se ha dicho que murieron 12 mil personas, ambas urbes pueden articularse con el hecho eje, atroz y demencial, de la última década del siglo XX: el genocidio de Ruanda, donde se estima que entre abril y julio de 1994 fueron asesinadas un millón de personas, al menos 250 mil mujeres violadas, 95 mil niños y niñas ejecutadas, y se cree que 400 mil niños y niñas quedaron huérfanas. Juárez, como esos otros espacios de nuestra civilidad, se convirtió en “un pequeño animal, con los ojos en las cuencas de sus hijos, vagando ciego y sin corazón por las ciudades”.1
En el siglo XXI, esas experiencias espaciales –las tres– se han repetido con diferente intensidad en prácticamente todo el mundo. Esto no es el centro del trabajo del poeta juarense, pero es una saeta que recorre toda su obra y que configura su peculiar opera mexicana.
Hay un poema, en la obra de Jorge Humberto Chávez, que puede sintetizar esa mirada que inconscientemente articula al poeta, al habitante del mundo actual y al estudioso de las ciencias sociales:
Y un día de los finales de diciembre de 1985
anocheció en el blanco de la nieve
las rodadas de los autos se perdían en un resplandor unánime
en las casas las familias compartían el ligero licor los panes
esa noche el mundo
no pasaba de la ventana fría que escudaba mi rostro del invierno
entonces encendí el televisor y puse una copa de vino en mi mano
me tumbé en lo blando de un sillón magnífico
sobre un invierno confortable en verdad un animal perfectamente armónico
en la pantalla empezaron a mostrarse imágenes
no sé cómo y por qué percibí una fractura una mínima dislocación
y cambió todo
esto ocurrió tal como te digo esto no lo inventé
y entonces
vi los cuerpos de los hombres abrasados por el fuego súbito
vi a la muerte llegar en el aire azul
vi al abuelo de rodillas sosteniendo en los brazosuna
/esperanza inerte de dos años y medio
y vi sus desolados ojos y sus dientes
vi el asesinato loco e inexplicable
vi al malo absurdo Dios
vi al amor enorme suplicante y a sus oleajes firmes romper contra lo vano
vi a la inocencia que halló la abnegación como una viva oblea de heroísmo
vi el genocidio inútil vi a los sobrevivientes:
oscuramente olvidando sin dolor sin las lágrimas
oh las lágrimas2
El texto es la conclusión de un poema largo que bien puede marcar un punto de ruptura en su poesía. Hecho importante, porque Chávez, en buena medida, sintetiza la poesía de frontera que le precede e impacta en la poesía que continúa sobre sus manes y lares. “El poema triste”. Dividido en seis textos, narra el Bhopal de la India, seguramente en referencia a la fuga de isocianato de metilo desde una fábrica de plaguicidas, producida por una reacción exotérmica de la substancia. Entre 6000 y 8000 personas murieron en los primeros días, 12 mil más lo harían después. El segundo poema tiene como tema central el asesinato de John Lennon y el tercero la muerte del poeta José Carlos Becerra. El cuarto texto es un trabajo sobre La montaña mágica, de Thomas Mann. La quinta historia se centra en algo que le gusta a Chávez, volver escribir una película o, dicho con propiedad, escribir una película en un poema. Ese texto sobre Ratso, uno de los dos protagonistas de Vaquero de medianoche –la película de Schelesinger que, al igual que Brokeback Mountain de Lee, señala el fin y decadencia del mito del cowboy norteamericano– merece aún un estudio propio.
Cierra “El poema triste” un texto importante, pues se repite constantemente en la obra del juarense: “la noche de elena poniatowska” o “cumpleaños”, como fue publicado posteriormente. En ese escrito, Chávez se narra a los nueve años, cuando acontece la masacre de 1968 en la ciudad de México, el hecho central de la historia contemporánea de México y, quizá junto con la decena trágica, de la vida del Distrito Federal:
esto no importa cuando tienes nueve años pero
ahí están los testimonios
y tú crecerás
sabrás de esta masacre
y llegará a tus manos ese libro que una mujer ha
escrito nada más para ti
y verás los rostros resueltos de los jóvenes en las
fotografías
y en las ropas sin dueño en los zapatos vacíos que
llenaban la plaza
verás las señales de una huida veloz hacia el amparo
o la muerte3
Toda esta narrativa responde y refleja algunos ángulos de una cultura neobarbárica, donde se cultiva la indiferencia y en la que surge siempre el artificio potente y tecnológico de las identidades mercantiles que nos sostienen. El ejemplo cruento y central de nuestra vida actual, tan presente en la obra de Chávez, no parece ser el racismo o el clasismo, sino la violencia de género y contra la mujer. Una forma de reafirmar, ejemplificar y simbolizar las formas de acumulación de poder y riqueza en este mundo. Julia Monárrez lo decía hace más de 20 años: “La modernidad de Ciudad Juárez ha generado un producto muy particular, donde conviven varios procesos y pensamientos. Las mujeres se relacionan con una cultura dual: la del progreso económico y la de la violencia de género; pero sobre todo, con una cultura que no es neutra, una cultura que ha persistido a través de los siglos y que se ha instalado en Ciudad Juárez: la del feminicidio”.4
Soñar a veces, dormir nunca
Una colección es una empresa perenne. Se trata siempre de una búsqueda que tiene un inicio y un fin.
Luis Alberto Arellano
En nuestra tradición poética no se acostumbra la recepción crítica, y la lectura entre poetas suele ser minada por las plataformas y sistemas de circulación de nuestra realidad realmente existente. En el siglo XXI, la literatura nacional, dentro del sin sentido del mundo, es ya una forma de sobrevivencia. Por esto la relación entre la academia y la literatura es vital. Una escritora o un escritor que alcanza un lugar en la crítica literaria nacional y, de suma preferencia, internacional puede perfilar una estructura de sobrevivencia; en el mejor de los casos, puede dedicarse a escribir y no sólo a publicar. Es pues difícil encontrar estudios contemporáneos dentro de la poesía mexicana que vayan más allá de los márgenes estatales y mercantiles que nos desarman. Pocos críticos y críticas, pienso por ejemplo en Evodio Escalante o en José Joaquín Blanco, logran configurar un objeto crítico que trascienda la inmediatez del mercado, la asignación de presupuesto estatal o la potente y muchas veces perversa estructura del don y el contradon entre los grupos literarios y académicos.
En el caso de Chávez, los estudios sobre su obra empiezan a aparecer, lo cual es realmente inusual, y eso debe, desde todo punto de vista, agradecerse. Quizá las primeras páginas que configuran esta crítica en construcción sean el prólogo a la reedición del “Libro de los poemas”, que escribiera Luis Alberto Arellano.
Desde el punto de vista de Arellano, ese libro muestra “las obsesiones del poeta: el amor y el desamor, el tedio en una ciudad frontera que se llama Juárez, el gozo alcohólico en sus bares y refugios, los dioses poéticos”.5Más importante aún son las precisiones formales que ya detecta el crítico: a) la invasión y en muchas ocasiones el dominio del poema por la reseña y la crónica; b) la narración polifónica en el interior del poema; c) la indiferencia entre los universos soñados y vividos. Estas tres características, a decir de Arellano, serán rematadas con plenitud en Te diría que fuéramos al Río Bravo a llorar pero debes saber que ya no hay río ni llanto,“donde el embalaje de las diversas escenas permite que el lector vea de primera mano, sin la mediación de un narrador o una voz poética, aquello que busca ser expuesto”.6
En este mismo sentido, José Ángel Leyva explora la poética de Chávez. Para Leyva el trabajo del poeta mexicano “se instala en el curso de la crónica como género”7 y señala dos características más que podemos sumar a las indicadas por Arellano: d) el carácter dramático y teatral de su poesía, especialmente alcanzado con el recurso del diálogo dentro del poema; y e) la creación de una “atmósfera cinematográfica”.
En este sentido, lo que vemos dibujarse es una poética sublime de características especiales. Por ejemplo, en el trasiego de todo el trabajo de superficie y alegoría que genera lo sublime, vemos que en Chávez hay una serie de tecnologías operando contra la instalación de las poéticas de lo bello. En el caso señalado de su recurso a la crónica, vemos que ésta siempre busca rematarse en una topografía, en la configuración de un espacio. Incluso cuando el poeta enmarca sus obras en espacios en movimiento. Véase este fragmento de “El poema escrito en el Cutlass”:
De noche, manejando en silencio,
avanzo en el peso mismo de la noche,
hiendo brillante y sin ruidos el denso aliento de la noche.
[…]
Y aquí, precisamente aquí,
En este rodar, esta palabra,
La quietud convoca a los signos de tu nombre,
Y un sobresalto leve ocurre en todas las cosas del mundo,
Como si de pronto una pequeña rajadura en el mundo fuera decisiva e imborrable en su presencia.8
Es notable el juego, por lo demás cinematográfico, entre el movimiento, la distancia y el tiempo que justo se realiza para alcanzar la quietud: el signo, el nombre y la herida. O un ejemplo aún más sintético y metafísico, pues el movimiento y la quietud sólo se piensan y se desean, pero no se realizan: “hay un puente que nadie se atreve a cruzar (las orillas no se cumplen del todo sin tocarte)”.9
Sobre los otros recursos, tal como indican Arellano y Leyva, su remate se logra en Te diría que… y en su poesía actual. Un ejemplo notable es el “Texto de San Fernando”. Aquí el poeta ni siquiera realiza la crónica o inventa una multivocalidad o polifonética, sino que abiertamente comienza con una crónica periodística de Carlos Manuel Juárez, publicada en Pie de Página el 14 de mayo de 2017 y que se destaca en cursivas:
En ese tiempo si a Miriam le decían: en el Arenal hay cuerpos, ella iba por su cuenta y hacía excavaciones y sacaba muchos huesos
quizá no lo quieras creer pero los padres se contentarían un poco
con encontrar a los hijos aunque sea en porciones
porque ellos aman hasta el fondo esos huesos
los buscan con esfuerzo entre las cortas y muertas raíces y las piedras
buscan y buscan y en verdad los quieren encontrar
y amorosos escarban
escarban
y escarban […]10
El recurso sublime –y ya barroco– de incorporar a la o el lector es muy claro en este poema, y en muchos escritos de Chávez, –quizá tú, que me lees ahora, no lo quieras creer. Porque es difícil entender la trasmutación del acto de enterrar y desenterrar como un acto de amor, pero sencillamente así es.Comprender una obra de arte, sea del tipo que sea, también es un acto de enterrar y desenterrar aquello que nos rodea.
Pero quiero insistir: los dos temas más destacados de las anotaciones formales que tomo de Leyva y Arellano giran en torno a la formación del espacio a partir de la crónica. Si bien se entiende por crónica la narración de lo sucedido, el objetivo final de una cronología es el establecimiento de un espacio y en Chávez esto se potencia, por un lado, con la grafía de luz y el aire que da al texto y, por el otro, con la consistencia del sueño en sus versos. Así, el poema alcanza, en la dramatización técnica, su dimensión de realidad de segundo orden que, a la vez, degrada la realidad a un hecho polisémico e interpretable. Su trabajo es una mundanización de la representación artística.
Dentro de la poesía mexicana, son López Velarde y Sor Juana Inés de la Cruz quienes han dominado esa sublimidad barroca. “Y pensar que extraviamos/ la senda milagrosa/ en que se hubiera abierto/ nuestra ilusión, como perenne rosa…”, escribe López Velarde. Indica ahí que la ilusión, perenne como la rosa a que aspira nombrar toda lengua, es una senda milagrosa extraviada por siempre. Chávez sabe sintetizar esas apuestas del barroco de la lengua española: “Somos nosotros el viaje y la ciudad/ con todos los muertos que han sido y que transitan aún por los pasillos del sueño”.11
Sumado a lo anterior, de manera sofisticada y acabada, él trabaja el tema límite de toda poética sublime, la memoria. En sus fragmentos sobre la memoria y la misma reminiscencia, sólo se recuerda aquello soñado (“es tu constante ausencia la que te ata a este sueño”)12 o, de lo contrario, se recuerda aquello que se destroza o aquello que se detiene y se exilia del mundo:
La casa nuestra envejece y no hay remedio:
las herramientas se rompen al más mínimo tacto
los cristales se quiebran, el reloj
persiste en una misma hora desde entonces.13
Precisamente por ese trabajo tan sin piedad, velardiano y sorjuanista, es que puede proponer una constante paralaje dentro de su poesía, por ejemplo, la frontera soñada, más allá de toda realidad y, sin embargo, presente en cada paso migrante:
la frontera como un espléndido animal tirado en el pasto cultivado
con el lomo irradiante de luz.14
Arellano atina al ver en este poeta una actitud muy clara, creo yo como la de aquellos y aquellas barrocas americanas, que han sido arrojados a esta rexderelictae sin fin:“No existe la adversidad sino el cambio permanente”. Así, la derrota se transforma en un volver a las cosas abandonadas y luchas por no hacerse de ellas.
Para qué poesía
soy yo, desde luego, pero yo volviéndome loco.
Vicent Van Gogh
Yo sé que la poesía es imprescindible, pero no sé para qué.
Jean Cocteau
Jorge Humberto Chávez ha publicado, además de los títulos ya referidos: De 5 a 7 PM (1981); La otra cara del vidrio (1984); Nunca será la medianoche (1987); La lluvia desde el puente (1991); Bar Papillón (2000), Ángel (2009 y 2020) y Un rosario de huesos(2020). En todos sus títulos se pregunta por la poesía. Eso lo sitúa dentro de las corrientes modernas de la lírica, que se preguntan por qué cantan sin música o, para ser preciso, sin instrumentos y herramientas ajenas al cuerpo. La pregunta en Chávez adquiere peculiaridad porque, subterráneamente, está acompañada por la pregunta sobre el amor y el desamor. Entender qué y por qué el cuerpo hace poesía es similar a entender, en su obra, qué es y por qué existe el amor. Esto lo distancia de un registro meramente cristiano, como el de tantos y tantas poetas que escriben en español. Piensa el tema del amor, en última instancia, al igual que Chaplin, como el elemento matemático que equilibra y desequilibra el mundo. Su índice o eje de equilibrio y desequilibrio no es la memoria y la justicia, o la fama y la riqueza, ni la supuesta sacralidad del otro o la otra, sino aquel fetiche que llamamos amor.
Es interesante la devoción que el mismo le guarda a su libro Ángel, porque en cierta medida es un intento de resolver el problema del poema a través de la anunciación erótica y filial. Sobre ese libro ha dicho que los “temas son el hueco, la sustracción y la imposibilidad de caber en el amor del mundo”. Quizá por eso necesita la figura de mediación, el ángel. Esto es claro en uno de sus textos previos, donde reafirma que vivir y amar, esencialmente, son dos hechos contrarios: “vivir es no amar lo suficiente: es no acordarse”.15
Pero en su libro La ciudad y el viaje interminable esclarece plenamente esa misma relación distante, casi de ajenidad, entre poesía y vida:
El amor se guarda en la poesía como basuras
la poesía es la tumba de todo
la poesía es el cadáver de la vida que pasa
ante tu puerta.16
Esa relación rota es lo que explica su poesía, y gran parte de la poesía moderna, como dislocación fónica, musical y, en extremo, de sentido. Chávez se ha concentrado en la ruptura del ritmo, tanto de la métrica del poema, de la rima y del acento, quizá por eso valora su libro Ángel sobremanera, pues ahí intenta, precisamente, romper con toda la estructura rítmica del texto y del cuerpo que produce poesía. Es justo después de ese libro donde, en efecto, hace de su poesía un sistema crónico y tópico, agónico y, a la vez, doméstico.
Por esta razón es que sus dos ejes de construcción semántica y visual son espacios construidos por la misma frontera: el hotel y la carretera.
Como un hombre que avanza por el largo pasillo de un hotel
sin reconocer puerta o noche o madrugada o luz que se detenga
en cada uno de sus pasos
así camino por tu vida y así estoy hospedado en ti.17
Como bien ha indicado Jorge Ortega al referirse al libro con el que Chávez obtuvo el Premio de Poesía Aguascalientes, en México, y del que es parte el poema citado: “es curioso que un cuarto de siglo después de la irrupción oficial del discurso de frontera, en torno a 1985, esta área geográfica aguardara hasta ahora la aparición de un volumen de poesía que, al margen de los estereotipos sociológicos, la caricatura y el folclor verbal y cultural, amasara con naturalidad la dimensión híbrida y sinérgica, pasajera y convulsa del extremo norte del país, condicionado por la vecindad inmediata con la Unión Americana —que más que una proximidad conlleva una coexistencia— y por el ecosistema del desierto, un modo de aislamiento y soledad”.18
Esa idea de aislamiento y soledad que, desde el punto de vista de Ortega, no es extraña al propio paisaje y ecosistema septentrional, se ha ido reforzando al paso del tiempo en la poética de Chávez. Así escribe al final de uno de sus libros: “la poesía es la tumba de todo/ la poesía es el cadáver de la vida que algunos pasan cargando ante tu puerta”.19 O, de forma similar, hacia las últimas páginas de Un rosario de huesos:
ahora sé que todos somos una ristra de huesos
que siempre están soñando y cantando
para nadie20
Fascinante es, en el trabajo de Chávez, que todo este discurso contra el poema y el amor es, a su modo, la crónica de una derrota; el habitar el texto escrito y cantado como una forma de recrear el fracaso. Hay un momento claro, que se repite literalmente en varios de sus libros, en el que Chávez fija un poema de Andrés Huesca al que intentará refutar y, al paso, del tiempo, termina vencido por la fuerza sublime de su secreto: el ser humano, animal exiliado del mundo natural, vive para olvidar su destierro. Así, mientras Jorge Humberto Chávez escribe:
hay que cantar como este pájaro
debemos cantar porque el tiempo siega su amarga vid entre nosotros
por el repliegue inmemorial de las aguas que se da sin objeto y sin precipicio
debemos cantar21
El arpista Andrés Huesca canta:
¿Qué pajarillo es aquel
que canta en aquella lima?
Anda y dile que no cante:
que mi corazón lastima
Rulfo y la música del pasado
El único mundo posible fuera de la demencia actual, fuera de la codificación cotidiana del dinero que nos ata, sería el mundo de los muertos. Pensar eso no es imposible, llevarlo a cabo tampoco. Sería “un mundo raro”, donde los muertos y las muertas cada vez estarían más presentes, donde los muertos y las muertas decidirían por nosotros y nosotras.
ten cuidado te dije no busques muy adentro porque en el mero fondo
de ese pozo no puede haber más que locura y disolución22
Ese mundo donde los y las muertas empiecen a tomar la mano implicaría el establecimiento infinito del viaje:
Uno con otro, estamos en el mismo viaje
de calles iguales como en sueños, y
compartimos momentos que se ocultan ahí
desde el pasado23
Implicaría la paulatina desaparición de la greca sexual:
Eres oscura porque habita en algo
tuyo mi desesperación24
Y quizá sería un mundo donde todo lo domine el pensamiento y la razón:
y eso que llamamos exactamente mundo y días
son simples objetos lanzados por la inercia del tiempo
que se estrellan sin ruido en el espejo de mi pensamiento25
Pero, quizá, también podría ser un universo donde la carretera y el camino, la velocidad y la pausa, la ciudad y sus simulacros se vivirían en la piel; y los hijos y las hijas buscarían a sus madres y a sus padres realmente vivos:
Hasta la habitación en que estoy llegan sus rezos
como los restos dispersor de una ola.
Qué se siente en sus voces sino la letanía de lo perdido,
las claves que recobran a la luz de nosotros
la presencia de los que ya no son.
Por eso el rezo es grave y es más invocación
que palabra doliente, más condena que rito.
Tras los maderos negros de la ventana crece
y se desdobla el mundo. El tiempo deja
sin fijarse en nosotros sus pisadas de polvo.
En alguna parte cercana a mi vigilia
salta un sonido breve, una difusa luz
toca apenas mi rostro. Mirando hacia los ojos
de las diez de la noche de este día
pienso en mi madre muerta.26
Bibliografía
Chávez, Jorge Humberto. (2003) La ciudad y el viaje interminable. (Antología personal 1980-2000). Edición bilingüe español-inglés. Entre líneas editores e Instituto de México, México.
Chávez, Jorge Humberto. (2004) Bar Papillón y el poema triste. Edición bilingüe español-francés. Mantis Editories y Ecrits des Forges, Canada.
Chávez, Jorge Humberto. (2011) El libro de los poemas. UANL, México.
Chávez, Jorge Humberto. (2013) Te diría que fuéramos a llorar al río Bravo pero debes saber que ya no hay río ni llanto. FCE-ICA-INBA-CONACULTA, México.
Chávez, Jorge Humberto. (2020) Ángel. Mantis editores, México. (Primera edición 2009)
Chávez, Jorge Humberto. (2020) Un rosario de huesos. Fondo Editorial. Universidad Autónoma de Querétaro, México.
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Maristain, Mónica, (2020) “‘La única manera de encontrar tu voz es escuchando cómo han cantado los otros’: Jorge Humberto Chávez”. Recusro electrónico: https://monicamaristain.com/la-unica-manera-de-encontrar-tu-voz-es-escuchando-como-han-cantado-los-otros-jorge-humberto-chavez/?fbclid=IwAR2i9Sxmel-CbpoJyCFXTr4m6AkU_txqGMGiP3BIztfy_yOi-UKA6_FJocw. Consultado el 11 de septiembre de 2020.
Monárrez Fragoso, Julia Estela, “La cultura del feminicidio en Ciudad Juárez, 1993-1999”. Recurso electrónico. Consultado el 3 de octubre de 2020. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-73722000000100004
Ortega, Jorge, (2020) “‘La rapsodia de Jorge Humberto Chávez”. La santa crítica. Recusro electrónico: http://lasantacritica.com/lo-que-trajo-el-cartero/la-rapsodia-de-jorge-humberto-chavez/?fbclid=IwAR1iL-_X8y5Gbno1kT2Gtno7D788WfoE0ChBSqcA4TgkLi9QFqpyKJdHcVA. Consultado el 16 de septiembre de 2020.
Carlos Oliva Mendoza es doctor en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es profesor de tiempo completo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Sus líneas de investigación son Teoría crítica y marxismo; Estética y hermenéutica; Teoría de la cultura y Relaciones entre filosofía y literatura.
Querétaro, México.
Chávez, Jorge Humberto. (2020) Ángel.
- Chávez, Jorge Humberto. Te diría que fuéramos a llorar al río Bravo pero debes saber que ya no hay río ni llanto, p. 17. ↩
- “Epílogo”, enEl libro de los poemas, pp. 60-61. ↩
- “Seis: la noche de elenaponiatowska”, enEl libro de los poemas, p. 59. ↩
- Monárrez Fragoso, Julia Estela, “La cultura del feminicidio en Ciudad Juárez, 1993-1999”. Recurso electrónico. Consultado el 3 de octubre de 2020. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0187-73722000000100004 ↩
- Apud, El libro de los poemas, p. 12 ↩
- Ibidem. ↩
- Leyva, José Ángel, “Conozcamos al poeta Jorge Humberto”. Recurso electrónico: https://www.youtube.com/watch?v=bpVbe13xO1Q&fbclid=IwAR0QBR5SjtW1BqgEEroXjmALbeCLjoa0cATueGXAa9qNc_rqjEVeyIjkikk&app=desktop Consultado el 18 de septiembre de 2020. Minuto 1:31 ↩
- El libro de los poemas, p. 67. ↩
- “El poema de la mujer ida o poema dela brisa”, en El libro de los poemas, p. 69. ↩
- Chávez, Jorge Humberto. (2020) Un rosario de huesos, p. 27. ↩
- “Opus B”, en Chávez, Jorge Humberto. (2003) La ciudad y el viaje interminable. (Antología personal 1980-2000), p. 70. ↩
- “Triste papel el nuestro”, en La ciudad y el viaje interminable. (Antología personal 1980-2000), p. 82. ↩
- “Memorial 4”, en La ciudad y el viaje interminable. (Antología personal 1980-2000), p. 80. ↩
- “El hombre de shorths blancos me hace pensar en mi padre”, Te diría que fuéramos a llorar al río Bravo pero debes saber que yano hay río ni llanto, p. 18. ↩
- “El poema del otro para madingan”, en El libro de los poemas, p. 20. ↩
- “Preceptiva”, en La ciudad y el viaje interminable, p. 28. ↩
- “Hotel”, en Chávez, Jorge Humberto. Te diría que fuéramos a llorar al río Bravo pero debes saber que ya no hay río ni llanto, p. 85. ↩
- Ortega, Jorge, (2020) “‘La rapsodia de Jorge Humberto Chávez”. La santa crítica. Recusro electrónico: http://lasantacritica.com/lo-que-trajo-el-cartero/la-rapsodia-de-jorge-humberto-chavez/?fbclid=IwAR1iL-_X8y5Gbno1kT2Gtno7D788WfoE0ChBSqcA4TgkLi9QFqpyKJdHcVA. Consultado el 16 de septiembre de 2020. ↩
- “Final”, en Chávez, Jorge Humberto. Te diría que fuéramos a llorar al río Bravo pero debes saber que ya no hay río ni llanto, p. 89. ↩
- “Luz”, en Chávez, Jorge Humberto. (2020) Un rosario de huesos, p. 42. ↩
- “El poema jarocho”, en El libro de los poemas, p. 85. ↩
- “El pozo de W. F. Hegel”, en Chávez, Jorge Humberto. Te diría que fuéramos a llorar al río Bravo pero debes saber que ya no hay río ni llanto, p. 49. ↩
- “Greca”, en Chávez, Jorge Humberto. (2009) Ángel, p. 43. ↩
- “Ángel”, ibid, p. 59. ↩
- “Espejo”, Un rosiario de huesos, p. 40. ↩
- “Memorial 3”, en El libro de los poemas, p. 78. ↩