Les ofrecemos una selección de poemas de Mohsen Emadi, poeta iraní exiliado en México, uno de los autores persas más reconocidos internacionalmente. La traducción al español es de Manuel Baigorri, Manuel Llinás y del propio autor.

Cerca del castillo quemado

Mohsen Emadi

***

Está nevando afuera. Estoy escuchando una canción en la que me enamoré dos veces. No sé en qué idioma está la canción. No hay ninguna diferencia cuando sueño en un idioma y me enamoro en otro. El año pasado cambié de casa cinco veces. El año pasado en las escaleras de mi casa vi un pájaro muerto. Tenía miedo de enterrarlo. Tal vez quien limpió el apartamento lo lanzó fuera, pero llevo un año enterrándolo en diferentes países. Es un egoísmo absoluto. No le afecta que lo entierren, sólo me salva de ver la decadencia. Pero ¿por qué he de temer la decadencia? Yo, que viví la guerra más larga del siglo pasado y que, pocos años después de un dictador, me enamoré, en estos pocos años he preferido desmarcarme del próximo dictador. El miedo a la decadencia no puede ser lo mismo que el miedo a la muerte. Tampoco depende de la ubicación. Es más parecido al miedo a la fealdad. El entierro es un asunto estético, pero éste sólo abre el debate sobre la necesidad o no de enterrar a los pájaros y no dice nada acerca de mi miedo. No dicen que tuve miedo de tocar el pájaro. He tocado muchos muertos. También en mis brazos alguien murió. Incluso a veces dudo de si estoy vivo. No es extraño cuando te duermes en una ciudad y te despiertas en otra. Tal vez tuve miedo de que algo del cuerpo del pájaro me atrapara. Una especie de miedo a lo desconocido y, bueno, no es posible usar una similitud o una duplicación para hacer algo razonable. Este hecho de que yo, en general, no tuviera miedo de la experiencia a lo desconocido no puede proveer de razón alguna. Generalmente, la inducción débil es peligrosa. Con la inducción débil el misterio se pierde y la poesía muere. Por lo tanto, es mejor que vuelva y mire fuera de la ventana. Todavía está nevando y no me atrevo a escuchar otra canción.

***

Tu cuerpo es un pájaro. Mi amor es un pájaro muerto. ¿Qué similitud existe entre cuerpo y pájaro? ¿Quiero relacionar dos miedos? ¿Qué es más importante: reconocer esta similitud o comprender aquellos dos miedos? ¿Por qué insisto en ver aquellos dos miedos equivalentes entre sí y pido prestado tu cuerpo en esta comparación? ¿Quién se beneficia de esta metáfora? Un pájaro vivo no llora por un pájaro muerto. Pero ¿por qué ahora, cuando está amaneciendo me entrego a esta dualidad? ¿Tal vez porque nadie firma la orden de bombardeo durante el día? Sin embargo, durante las noches muchos están siendo asesinados en la escalera o en el baño. Esta canción llora por algo. Tal vez por esta razón me enamoro en ella. No lo sé. No has escuchado esta canción. No puedo conocer la opinión del pájaro. Pero entiendo este grito en mi cuerpo. En esta canción, justo en este lugar de la página, los pasajeros están yendo a sus oficinas y una muchacha frente a la ventana, supongo, está bebiendo su último café. Yo, a la hora de los fantasmas, salté fuera de tu sueño. Mi cuerpo es un pájaro muerto.

***

Embebido en bebida

veo el crepúsculo en el Paraíso

momento de ausencia de calor del Infierno

y de repente la noche

a partir de esta improbable lejanía

sin presencia

                     de

                             infiernos

                    de

                            tantísimas

                                       estrellas

                                                   el

                                                cielo

                                             no

                                                 es

                                  hermoso

***

mi cráneo

                 una copa de vino

                                            y un pintor chino

                             pintando

               alrededor

                               una manada

                                                      de

                                                          caballos

                                        corren

                              ebrios

             dentro

                        de

                             mi cabeza

                                              relinchan

                         cae la copa

y escapan

                 imágenes

                                    y

                                        caballos

***

Cerca del castillo quemado

cada año crece un árbol con una sola manzana

cerca del castillo quemado relincha un caballo blanco una sola vez

cerca del castillo quemado recojo la manzana

a lomos del caballo la muerdo

                                                       es amarga

                                                       estoy en el castillo

evoco recuerdos de una manzana

que los habitantes del castillo quemado no pudieron morder

me miro en el agua

                                 soy hermoso

en el agua un hombre y una mujer hacen el amor

                                                                 me veo en la mujer

                                                                 me veo en el hombre

desde fuera me he desvanecido

desde dentro me he multiplicado

nada puedo recordar

no existo.

***

En cada ventana que abro

una nueva mujer

                 me sonríe.

Nuevas muertes,

niños dando cabezazos contra la boca del útero.

Los colores

                    se calman

                      en la ropa

secándose en el alféizar de las ventanas.

Aquí se tiende el negro

allá se recoge el rojo.

Nunca abrí

las ventanas

a las mujeres que esperan.

Las campanas

de las iglesias

propagan el domingo.

Saludo con la mano

a una mujer absorta en la nada

que sacude

su cigarro en la barandilla del balcón

                                                        liberada de esperanzas

                                            escapada de la muerte

                                      colgada de la nada

con ojos

                 vacíos

                 vacíos

que caen

                 en mis poemas.

Saludo con la mano.

***

Un caballo blanco huía en el viento

una mano me levantó del suelo y me sentó a lomos del caballo

galopando por callejones vacíos

rumor de sombras y hojarasca

por el calor de tu cuerpo

por el aroma de tus cabellos azotando al viento mi rostro

supe quién llevaba las riendas

no podía verte

rozaba tu desnudez parado en un callejón

no había viento

las herraduras tintineaban

frente a cada casa colgaban a una mujer

frente a cada casa nos paramos

con manos invisibles soltaste a la mujer desde el patíbulo

todas las mujeres se te parecían

                                                 eran tú

                                                ¡eran tú!

***

Cuando cierras los ojos

mi yegua se yergue, la pantera merodea alrededor de la aldea

y los duendes se apedrean entre sí.

Pero tú

cada noche me ves como si hubiera asesinado a un dictador,

como si me persiguieran,

a veces abres los ojos y me ves de permiso preventivo

acaso resurgido de la tumba.

Pero mi yegua está en el establo, la pantera en mi mirada

y los duendes ocultos en mis bolsillos.

Afuera llueve y me miras,

no se sabe por qué mi yegua cocea la puerta y relincha,

la pantera me desgarra la vista y lloro,

meto la mano en el bolsillo y ningún duende se agita,

del bolsillo saco la frialdad metálica de un revólver

y disparo a la lluvia.

Cae la cortina del día,

te agarras la cabeza entre las manos,

tu corazón se acelera,

desconocidos arrancan la puerta

y se me llevan arrastrando mi cuerpo por las escaleras,

por el asfalto mojado, por los papeles.

En algún lugar en mitad de las palabras

la orden de disparar quema el papel.

Afuera llueve y me miras,

regreso de mi tumba como siempre.

***

Cuando se supone que nadie va a venir

preparas la casa para tus fantasías,

no hace falta que tiñas tu cabello blanco.

Caminas en ropa interior blanca

y acaricias la larga crin de un caballo blanco que cojea.

Sacas a los gatitos muertos de debajo de los sofás

y los entierras bajo resmas de papel blanco.

Bajo las alforjas

encuentras un cuaderno de partituras,

te sientas al piano de tus dieciséis años,

todas las notas son notas de adiós.

Las despedidas flotan en el aire,

en los ojos del caballo,

en el olor de todos los muertos de tus escritos,

en el timbre mudo de la puerta

y en la luna

que se ha escapado del marco de tus ventanas.

Por cada despedida

una nueva fantasía llega a tu casa,

preparas la casa para ella.

***

Con cada «ojalá» creamos un paraíso,

«¡ojalá la hubiera besado!»

En el paraíso

la despeina el viento

y se cubren sus mejillas de lágrimas.

En el incendio arde Troya

y los espectros nos sopesan con la balanza de sus ojos.

«¡Ojalá no la hubiera besado!»

y subimos tiritando la escalera del infierno.

El viento la despeina aún más,

se limpia las lágrimas y sonríe.

Huyen los espectros

seguimos en pie sobre la tierra

imaginando todavía otro paraíso.

Traducción de Manuel Baigorri, Manuel Llinás y Mohsen Emadi

Mohsen Emadi (Irán, 1976), poeta, escritor, traductor, cineasta e informático. Autor de varios libros de poesía publicados en España y en Irán, además de varias traducciones (de poemas de Clara Janés y Antonio Gamoneda, entre otros autores). Fundador y director del la web oficial de Ahmad Shamlou y de  La casa de los poetas del mundo, una antología de la poesía persa con más de 500 poetas de todo el globo. 

        Fue galardonado con el Premio Internacional Poesía de Miedo en 2010, y le concedieron la Beca Internacional de Creación Poética de Antonio Machado en 2011. 

        Ha vivido en Irán, Finlandia, República Checa, España, actualmente reside en México.