Con traducción y presentación de Ángela García, presentamos una muestra poética de esta escritora conocida más por su narrativa y su pertenencia a la Academia Sueca de la lengua.

Birgitta Trotzig

POR MI HAMBRE TE TOCO

Birgitta Trotzig 1929-2011, vivió ochenta y un años, tuvo cuatro hijos y produjo una veintena de libros de cuento, novela y prosa poética. Aunque es mayor su obra narrativa es pertinente notar que un alto porcentaje de ella está comandado por un inequívoco aliento poético, con atmósferas irradiadas por la naturaleza, o con penetrantes descripciones de personajes, generalmente seres desamparados, agobiados por la enfermedad o víctimas de la variedad espeluznante de injusticias que existe.

Birgitta escribió reiterando en el hambre y su doble condición, como motor vital y expansivo del desarrollo espiritual, intelectual y como termómetro de la desesperanza, la injusticia social, el vaivén de la historia. Ella le entregó su pluma a lo que vio: El múltiple, generoso y variado reverdecer de la tierra; tantos modos milagrosos e inesperados en que la vida se asienta, se reproduce y recrea, visible o imperceptible, aquí y donde no alcanza nuestra vista. Gracia que también se enseñorea en la humanidad, pero la muerte, pero la desgracia, pero la destrucción, el abandono. Todo lo que existe sometido a su propia vulnerabilidad.

Trotzig al escribir se hace cargo de una visión que por vasta es difícil de apresar en un lenguaje totalmente factual. Tantea alfabéticamente, como palpando sonidos o sílabas en lo cavernoso, o en el enceguecimiento de luz. Sin descuidar el registro de tal recorrido, como para sí misma más que tras la intención de guiar. Tentando y repitiendo pasos, movimientos, asociaciones deja un rastro en lugares donde la furia y el hambre podrían fácilmente extraviarla.

Acaso se mantuvo a flote por el alcance de una clarividencia ética sin intención doctrinaria, religiosa o política, pese a estar probablemente inspirada por su conversión al cristianismo. Sea que su atención sobrevuele el interior de individuos donde campea la desolación, o que mire hacia los flancos de la montañas donde se encuentran huesos humanos, huellas de la devastación y las guerras, Birgitta Trotzig da cuenta del ciclo incesante de nacer y fenecer, florecer y podrirse. O da cuenta de una devoción, una penetración anhelante tras algo más allá de todo eso y que muestra ciertos paralelismos, – guardando las diferencias de tiempo y de circunstancias – con San Juan de la Cruz.

“¡Oh realidad de mi penuria! Mis labios se inundan de tu amargura, mis labios están heridos de tu dulzor; te saboreo. / Eres lo que me falta; eres.// Por mi hambre te toco”

Tener una intención, un marco o un tema beneficia la comprensión y facilita el acceso a un público. Y mucho más si el escritor se apoya en lo contemporáneo. No es el caso de Birgitta Trotzig que parecía despreciar la insinuación, seguía una línea opuesta al pudor enunciativo dejándose en cambio conducir por la crudeza. Enuncia el mundo como un campo de batalla, la visión de un día nuevo que llega sin esperanza, viendo el panorama y el detalle como desde lo escarpado, como presa ella misma de la agudeza del ojo. Lo contemporáneo le interesó en cuanto le importaba la historia humana en mayúsculas, no tanto el parloteo de la anécdota, pero sí su trazo iluminador.

En esa intransigencia contra cualquier paliativo hay como es de esperarse rupturas y transgresiones. Atraviesa el acto de escribir y entra en una zona fronteriza, donde el lenguaje es como una aspiración de aire, donde el hambre otra vez es la palabra que viene a su ayuda para nombrar la fragmentación, el desgarramiento y el vacío. O para aceptar el enmudecimiento, como ante la masacre de Vukovar*. “La mujer vestida de negro junto a la entrada no encontró las palabras para decir lo que sus ojos habían visto, lo que sus ojos seguían viendo. Estaba el olor. Estaba el olor de muerte”.

Se entiende que buena parte de los convocados por su escritura durante un buen tiempo hayan sido sobre todo jóvenes en diálogo por un lado desde la vergüenza y de otro con esa solidaridad hacia las víctimas, con una escritura tras la consciencia de la época y que pese a su aspecto experimental e inconfortable es, como lo dijo Anders Olsson, uno de sus colegas de la Academia Sueca, “precisa, autoritaria, confiada en el poder y el alcance de la imagen”.

Birgitta era una mujer de dulce trato que sabía escuchar, dicen quienes se beneficiaron de su cercanía. En sus retratos se puede ver un rostro silvestre, y fresco, incluso en su vejez, como bajo una interior luz estival. Menciono a continuación sólo algunos títulos de sus libros: De älskandes liv (La vida de los amantes, 1951), Sjukdom (Enfermedad, 1972), Bilder (Imágenes, 1954), De Utsatta (Los indefensos,1957), Ordgränser (Confines de la palabra, 1968), Anima (1982), Sammanhang (Contexto, 1996). En español existen poemas suyos traducidos por Marina y Paco Uriz y la estupenda selección que el escritor cubano René Vásquez Díaz tradujo bajo el título Confines de la palabra publicada en 1991 por la editorial española Devenir.

Ángela García

*Vukovar: Pueblo croata, donde en 1991 fuerzas paramilitares serbias torturaron y asesinaron 260 prisioneros políticos y civiles croatas y los dejaron arrumados en una fosa común. Se conoce como “La ciudad de las almas perdidas”.

Poemas de Birgitta Trotzig

Traducción: Ángela García

   contemplo lo verde, superficie en lo infinito, susurrante infinito, el cuerpo de los susurros, lenguas, lo verde, lenguas y ojos, reflejos y movimiento, humedad, chispas de luz – de qué modo estoy separada de esto, no estoy separada de esto, existo ahí en un ojo, todo, reflejos y susurros, luz en un espejo oscuro que camina más y más dentro en el bosque reflejado

   La percepción de vivir es un árbol en espiral. Crece con sus raíces hacia arriba a la luz y hacia abajo a través de todos los presagios mortales del alma y del cuerpo. La sangre luminosa circula de arriba hacia abajo, abajo y al rededor. En los bosques de los conjuros arde más fuerte la luz, es ahí donde sucede la lucha.

   ¡Effata! * – Proclama!

   ¡Roquedales! ¡Tallada tumba!

   El frío muro inmóvil atraviesa cuerpo y alma.

   ¡La palabra! – pero obsedida por el poder de espíritus extranjeros. En cadenas, en el vacío. Cuando todo gira.

   La palabra es una palpitación centelleante, se mueve y respira se ensancha se condensa, se mueve     nadando como un cuerpo elemental en el agua primordial

   Pero el mundo es un féretro de plomo cerrado, en el que yacen cuerpo alma entrañas en estado sellado lacrado. Paredes de plomo, límites de plomo.

   Él tomó saliva y tocó los oídos, los ojos y la lengua.

   Las paredes se encorvan y derriten. Mundo y alma son uno. Se derriten. Hablan –desde arriba, desde adentro, desde todas partes y todos los puntos cardinales.

*Effata(latín) Proclama.

                En la celda, oscuridad arbórea

la flor roja en la pared, una creciente boca oscura:

un sexo, un devorador ojo gravemente profundo

                        Finalmente

   la noche de mayo era completamente brumosa. El campo disuelto en luces con olor a tierra, los todavía medio abiertos cogollos oscuros de las flores brillando de humedad, silenciosas figuras. Callado mundo a la espera. Ni el más mínimo movimiento. Ni siquiera una rama se quiebra. El silencio gris amarillo, difícil de respirar – espera impenetrable. En las camas de sus casas duermen los niños con las lenguas atadas.

  Y de repente se libera la prodigiosamente salvaje desnuda voz del pájaro. El ruiseñor prematuro. ¿Qué festeja? ¿Por qué llora?

   No hay campo, ningún horizonte, sólo nocturna luz sin senderos. La voz.

                        Los indefensos

   Luego el verano se vuelve otoño y el otoño invierno, ahora es invierno: los pesados pasos de los guardias en el cobertizo, se asfixian con el fuego en el cuarto de guardia.

   Pero en el manicomio no hay ninguna chimenea y ninguna hoguera, tosen en la paja y ahí todo es callado – se pegan unos a otros, silenciosos, tiritando. Los cuerpos amontonados despiden un débil calor que no es capaz de nada; se juntan unos con otros y sueñan con fuegos, con fuegos altos como torres de iglesia.

   El invierno en la ciudad no es ni duro ni suave: es invierno.

   Pero en el manicomio todos los inviernos están en el extremo.

   “Te recibí en mi cuerpo. Resurgiste en mi sangre, en mi aliento viviste.

   Ahora se petrifica la sangre. Nadie respira más. ¡Qué puede todavía traerte a mí?

   Ahora se disipan mis miembros. Se disipan mis pensamientos. Es aniquilada mi faz. Ahora nadie me llama por mi nombre: ahora no existe nadie a quien llamar por su nombre. Ahora estoy lejos y jamás regresaré.

   No seré salvada de este derrumbado mar de silencio, me hundo en el silencio de muerte y perezco.

   Quiebras los huesos, derrites la carne. Ahora soy tierra”.

   “Como el no nacido que se alimenta de la sangre de la madre me sustentas: en ti respiro y me das a luz.

   En ti está toda mi hambre.

   En ti soy todo lo que soy: hambre.

   Y en el instante de mi penuria, en el instante de mi hambre me visitas: y eres mi hambre a través de ella entras en mí y eres en mí.

   Y ya no vivo más: soy, la hambrienta. Eres tú quien vive en mi”

  “Del seno de mi madre me arrojaste contra ti.

   Sí, a través del agua y la sangre me diste a luz en ti

   Mis manos, mis miembros, mis sentidos: a nadie más que a ti han sido atraídos. ¿Por qué te busqué tan tarde?  A ti mismo.

   No has dejado de alimentarme.

   Y el nacimiento por el hambre, por la oscuridad, son tus manos las que abarcan mi cuerpo mísero.

   Tu oscuridad es mi luz.

   Y la paridora que se lanza en angustia y ansiedad; y el grito de su cuerpo sin reflexión.

   Mira, me arrojo a ti”

–

   “Tú que me comprendes.

   Tú que eres en mí, por tu ausencia en mí: ¡Oh realidad de mi penuria! Mis labios se inundan de tu amargura, mis labios están heridos de tu dulzor; te saboreo.

   Eres lo que me falta; eres.

   Por mi hambre te toco”

   Enigma de la tierra.

   Soledad de la tierra, vacío.

   Destino abandonado de la tierra, solitario vértigo.

   Llanto de la tierra. Alegría de la tierra.

   Esta Figura y su sonido      un confuso alarido de espanto y dolor

   Su confusa boca de un millón de bocas, angustioso estremecimiento de dicha sobre su pesado y estático rostro animal, giros rotando en el vacío como un feto prematuramente expulsado girando lloriqueando en el vacío ardiente desolado elemento. Como un feto: cerebro transparente palpitante corazón extremidades. En lo imperceptible una criatura única en su especie sollozante suplicando en total soledad a lo largo del tiempo vacío, a través de los oscuros glaciales extinguidos galácticos campos solares

   (veo) el rostro – ciegamente obstruido, inaccesible, arruinado, ridículo? La luz del farol pasa por el arco de los ojos, los pómulos, el puente de la nariz, los labios. Los ojos profundos en la sombra como lívidas superficies de agua en la oscuridad bajo las bóvedas. El rostro una catedral abandonada profanada durante la guerra, sombras vacías y reflectores parpadean sobre las superficies devastadas.

   Movimiento en el rostro:

   “Sigue el punto ciego!”

   “¡No temas, enloquece!”

El rostro es la membrana del lenguaje, comunica y calla, comunica a través de callar.

   El olor del matadero

   Las partes blandas de la humanidad destrozadas, partidas, molidas

   (“Vukovar”)* La mujer alta y pesada, vestida de negro a la entrada se quedó sin palabras, boca y lengua no pudieron pronunciar lo que realmente había visto, lo que seguía viendo. El ciego incesante suceso,

   no se puede decir

   El mal y el bien. Oscuridad y luz   Es el resplandor de la vida, oscuridad inferior: Es en un pueblito de la montaña. Entre las piedras cuerpos muertos en la tierra, el planeta está poblado de muertos. El sol resplandece tiene un anillo negro en torno a sí. La luz corre sobre el agua, el agua fluye y canta. La corona agrisada del olivar se llena de luz, se mueve, pasea. La serpiente descansa inmóvil en las grietas del camino.  

   Las plantas de la primavera, los pájaros, la montaña. Labios de las flores junto al túnel de piedra, la luz. En la tierra los muertos, cubren la vida brillante. Los brillos de la vida el fuerte olor de miel y ásperos desechos. La luz corre sobre el agua, el agua resplandece y habla

–

   Los rostros se han desenterrado como piedra. El sol en el cielo, quietud. Pájaros, viento, tierra sorbida por la ardiente sombra de luz. La quietud en fuerte movimiento. La ciega piel crece sobre la herida. Los rostros se rompen.

   Los niños muertos en el camino.

   Ven visiones.

   Un mar los ve, un mar de sangre.

Tenemos nuestra historia conocida y nuestra desconocida historia.

   La conocida, la apariencia – accesible.

   Y la otra que poco a poco se completa bajo la superficie. A veces se intercambian. Un enorme y pesado portón se abre. Se queda abierto. Afuera en la gran noche, en el inconmensurable universo atiborrado de estrellas está ocurriendo la verdadera historia desconocida. Resguardada por un alto silencio singular, allí ser y lenguaje son uno

  Yo tenía un sueño. El niño muerto en el musgo. Una voz dijo: ¡Desesperad! Todo lo demás es hipocresía. ¡Desesperad!

   Pero el niño enterrado – del tierno pecho silencioso crece una tormenta, una canción furiosa más terrible que el fin del mundo total