Una de las disciplinas científicas más activas durante el nazismo fue la medicina. Numerosos testimonios quedaron de la crueldad de los médicos alemanes, pero también de la participación de los médicos judíos obligados a participar en su autodestrucción.

La Medicina durante el nacionalsocialismo: el deber de recordar

Esther Cuerda

La medicina y la ciencia tuvieron un papel protagonista, en un hecho histórico sin precedentes, en la concepción e implementación del Holocausto. Este se sustentó en teorías racistas que clasificaban a las personas según una jerarquía racial y utilitaria y determinaba quiénes y cómo debían vivir o morir. La biología, la antropología y la medicina proporcionaron el sustrato científico adecuado al ideario nacionalsocialista. El exterminio se llevó a cabo mediante la tecnificación de la muerte, programada para todos aquellos que no eran considerados dignos de vivir, y los conocimientos más avanzados del momento se pusieron al servicio de la gran maquinaria de matar.

   La memoria de las injusticias es la mejor herramienta para evitarlas. El Holocausto1 encierra en su atrocidad una reserva moral: a partir de la conciencia y reflexión de que fue posible la aniquilación programada de millones de personas, pueden definirse y transmitirse nuevos valores. Pero el efecto sedante del Holocausto, de advertencia, el que sirvió para sostener las conciencias en la intención de no reincidir, se está debilitando y es necesario identificar problemas y actitudes actuales, para fijar nuevas estrategias en su conservación y divulgación.

   La medicina durante el Holocausto despierta un gran interés, posiblemente por el morbo que suscitan los experimentos nazis. Al mismo tiempo que existe una noción muy extendida del tema, ésta es bastante superficial, en parte por la gran cantidad de información no siempre cierta, generada como respuesta a la incansable demanda del público. El doctor Mengele encarna en la memoria general el prototipo de médico sádico nazi, cruel y sanguinario, pero siempre dentro de un somero conocimiento.

Existen gran cantidad de testimonios y documentos sobre medicina durante el Holocausto. Las víctimas supervivientes de experimentos tuvieron derecho a compensaciones económicas. En las fases de instrucción de los diferentes juicios, se recogieron declaraciones, informes y datos, a los que hay acceso, lo que facilita que sigan realizándose investigaciones. Además, los médicos víctimas del nazismo, así como los médicos nazis, dejaron muchos testimonios en forma de diarios, cartas, estudios2, tesis doctorales y artículos en revistas científicas. Ningún otro colectivo ha sido tan activo documentalmente durante el Holocausto.

Memoria como experiencia individual y colectiva en Medicina y Holocausto

La memoria sobre abusos médicos durante el Holocausto, no es exclusiva de supervivientes y víctimas, sino también de perpetradores y de observadores, cuya narrativa complementa y da valor y consistencia al relato memorístico de las víctimas.

   Son pocos ya los testigos directos. Asistimos a un relevo en el relato, son ahora las generaciones posteriores las que recuerdan. Los descendientes de las víctimas continúan siempre el papel de sus antecesores: pueden optar por el olvido, pero no cambiar el discurso. Los descendientes de los perpetradores, por el contrario, tienen la oportunidad de cambiar el rol e incluso participar activamente en la construcción de memoria y conmemoración junto a los descendientes de las víctimas3.

   Los relatos individuales de la memoria provienen directamente de la primera generación o bien de las generaciones posteriores que han heredado la narración. Aunque existe una indiscutible fragilidad del testimonio por su parcialidad y su sensibilidad al influjo de factores personales y contextuales, esta memoria es una herramienta historiográfica y tiene, desde el punto de vista moral en el caso de las víctimas, un valor indiscutible.

La memoria individual precisa del entorno para ser reafirmada y afianzada. Es decir, los testimonios necesitan de una sociedad dispuesta a escuchar. Primo Levy y Tadeusz Borowski4 fueron de los primeros supervivientes que publicaron memoria directa concentracionaria. Médicos como Lensky o Nyiszli5 también escribieron relatos, pero en general todas las obras fueron publicadas casi 15 años después. ¿No tuvieron necesidad o capacidad de dar testimonio en todos esos años? En la primera generación de supervivientes, víctimas, perpetradores u observadores pasivos, la construcción de la memoria, el sólo hecho de verbalizar los recuerdos en público o privado, se hace casi imposible. Los motivos en el caso de las víctimas son múltiples: el gran trauma que supuso la monstruosidad del Holocausto, la imposibilidad del relato, el querer proteger a sus seres queridos ahorrándoles la narración de sus vivencias, evitar el estigma de haber pasado por un campo de concentración o el sentimiento de culpa de la propia supervivencia.  Por parte de los perpetradores las razones son diferentes: miedo al castigo, sensación de no ser entendido o arrepentimiento.

   Aquellos pocos que sintieron la necesidad y la responsabilidad de expresar desde el principio, no siempre encontraron un público dispuesto a escucharlos.

   Jan Stasinski sobrevivió durante cuatro años a varios campos de concentración. Detenido en 1941 por escuchar la emisora prohibida de la BBC, fue trasladado a Auschwitz y de allí a Flossenburg en 1944. Cuando volvió a su ciudad natal, Poznan, ni siquiera su familia le preguntó acerca de sus vivencias en esos cuatro años. En la radio local le encargaron que escribiera y relatara la vida en Auschwitz. A la tercera entrega le censuraron: contaba la vida en el campo como había sido y no como debía haber sido y la audiencia no quería, no estaba preparada, para escuchar6. Se esperaban relatos propagandísticos, de condena del verdugo por una parte y de elogio de la víctima por otra. Relatos edificantes, moralizadores, de cómo el bien venció al mal, cómo el humanismo y la nobleza de espíritu resistieron y se sobrepusieron a la barbarie. Pero la realidad fue muy distinta, mucho más cruda y cruel, la lucha por sobrevivir en los campos hizo descender al hombre preso a niveles fisiológicos que muchas veces significaba la supervivencia a costa de la muerte del otro. Así lo explicaba Jan Stasinski, Imre Kertesz7, o lo muestra la película El hijo de Saúl.

   Las generaciones posteriores sienten en muchos casos la necesidad de preguntar, de reconstruir una historia familiar o personal sin los condicionamientos de la primera, viviente directa del trauma8.

Para la sociedad europea, como un conjunto de ciudadanos que comparten el relato de la memoria del Holocausto y su legado, es imprescindible respetar los recuerdos de los protagonistas y sus descendientes, honrar a las víctimas y perseguir de forma activa y mediante un marco legal el negacionismo.

   En un momento en que los supervivientes directos son cada vez menos y surgen o renacen corrientes que claman por enterrar la memoria del Holocausto, es necesario tener la intención conjunta, clara y firme de perseverar en la construcción y conservación de la memoria del mayor desastre acontecido en nuestro territorio. ¿Se recuerda en Europa hoy el Holocausto y la medicina durante el nacionalsocialismo? ¿Cómo se recuerda?

Desmemoria y superficialidad en la memoria

Algunas sociedades europeas, por su lejanía geográfica y/o distanciamiento político durante el conflicto, no rememoran lo que no ha ocurrido en su comunidad. Resulta difícil, si bien no imposible, construir un relato sobre el Holocausto. En otros casos, pese a haber sido parte implicada y teniendo mayor facilidad para el relato memorístico, escogen la opción de formular una memoria débil.

   En la memoria colectiva el Holocausto se siente como un hecho ajeno y se conoce de forma fragmentaria y superficial a través de medios que no son rigurosos: hay ausencia o mala información, fomentada por la promoción de libros o películas comerciales de escaso contenido histórico mientras que obras de mayor valor pasan desapercibidas.

   No se dedican recursos suficientes a la transmisión de las enseñanzas del Holocausto. Si bien muchos países son miembros del IHRA (International Holocaust Remembrance Alliance)9, y por tanto están sujetos a ciertas obligaciones educativas, la memoria del Holocausto en la sociedad, en el currículo escolar o universitario o en la sociedad civil está mal representada. Es cierto que comienza a ser una disciplina incipiente en algunos ámbitos académicos, pero en los planes de estudios escolares generalmente consiste en citas breves o directamente ni se menciona y depende del interés personal del docente.

     El Holocausto es un hecho europeo y ningún país es ajeno a él, pero ¿cómo construir una narrativa firme cuando una sociedad no se siente concernida? Tomando el ejemplo de España, pueden encontrarse algunos puntos sobre los que trabajar el relato. Hubo muchos sefardíes, casi todos griegos que en aquel momento eran españoles10 y fueron asesinados durante el Holocausto sin que España como gobierno hiciera nada por intentar auxiliarlos. Hubo salvaciones a través de varios diplomáticos españoles, que a título personal y oponiéndose a las políticas oficiales del franquismo, expidieron pasaportes que salvaron vidas de miles de judíos. Cerca de 10,000 españoles terminaron en los campos nazis, donde muchos de ellos murieron.  Previamente estuvieron internados en campos de concentración del sur de Francia donde compartieron destino con judíos y gitanos. España además fue un país de paso de huida de judíos durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente de colaboracionistas y nazis, donde algunos encontraron refugio bajo identidades falsas.

Conmemoración y recuerdo

En algunas sociedades, por motivos obvios de una implicación ideológica, geográfica o física directa durante el nacionalsocialismo, la conmemoración y memoria del Holocausto están muy presentes material e inmaterialmente.

   Monumentos, museos, exposiciones o memoriales forman una memoria directa, expositiva y educativa: Hadamar y T4 en Berlín sobre las víctimas de la eutanasia11, Sachsenhausen con una exhibición permanente sobre medicina o el Museo del Holocausto de Washington son algunos ejemplos.

   Los espacios no físicos de memoria, como símbolos, contenidos culturales o políticos o nuevas relaciones con los espacios, mantienen y trasladan la memoria a las nuevas generaciones. En medicina se consideran espacios inmateriales de memoria los juicios de Núremberg o la figura del doctor Mengele. En 2012 se celebró el congreso médico alemán en Núremberg y la sociedad médica hizo una declaración pidiendo perdón por los desmanes cometidos por sus colegas durante el nacionalsocialismo12. El recuerdo en forma de premios, becas o placas conmemorativas con nombres de médicos que fueron asesinados o perseguidos es otro ejemplo de memoria inmaterial13.

   Las publicaciones en revistas científicas, libros, documentales o reportajes rigurosos sobre el tema, la enseñanza del Holocausto en la educación obligatoria o en carreras biomédicas, representan una forma de extender en la sociedad un relato sólido y transmisor de valores.

   Las iniciativas civiles, siendo la propia sociedad la que siente la necesidad de la memoria son en mi opinión las más efectivas. Un ejemplo de ello es Grodzka Gate – NN Theater, una institución cultural de Lublin (Polonia) creada a principios de los 90. El lugar físico donde se encuentra la sede solía ser el paso de la parte cristiana a la parte judía de la ciudad. En 1939, Lublin contaba con casi 120.000 habitantes de los que unos 45.000 eran judíos. Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis asesinaron a casi todos y destruyeron el distrito en el que se asentaban. Esta plataforma ha desenterrado la memoria del pasado y realiza actividades de memoria que implican a la sociedad civil14, con exposiciones y visitas. Ayudan a familias de víctimas o supervivientes a recuperar su pasado y representa un ejemplo de cómo edificar una memoria civil, apartidista y activa.

   Los proyectos de investigación, sobre todo aquellos que involucran a jóvenes investigadores, ayudan a la construcción de un relato sólido y a la trasferencia de roles intergeneracionales.

   Los Stolpersteine15 constituyen un enorme proyecto de memoria descentralizada en Europa. Son piezas de bronce que se colocan en una ceremonia a la entrada de la casa desde donde fue deportada la víctima, asesinada o exiliada. Entre ellos también se incluyen víctimas de la eutanasia y de esterilización forzosa.

Utilización de la memoria

Todo lo anteriormente descrito, en función del discurso, puede ser utilizado para tergiversar la memoria16. En España existe por ejemplo una distorsión del relato en el que parte de la izquierda presenta a los republicanos españoles como víctimas del Holocausto englobándoles en el genocidio judío, mientras que parte de la derecha presenta a Franco como salvador de judíos, cuando las salvaciones fueron posibles por iniciativas personales.

La competición por la victimización entre los distintos colectivos no es nueva, pero sí el uso de ésta. El mal uso de la memoria de las víctimas es un hecho que se está produciendo últimamente, sobre todo asociado a gobiernos o movimientos de marcado carácter nacionalista.

   Aquellos países que tras la Segunda Guerra Mundial estuvieron bajo la dominación de la Unión Soviética y previamente fueron ocupados por los nazis, tienden a auto definirse como víctimas de ambos y a hacer escaso ejercicio de autoevaluación de su propia responsabilidad. La historia se reinterpreta a capricho, ocultando los episodios oscuros, presentando a un colectivo como víctima o exagerando sus buenas acciones. Se promocionan y ocultan publicaciones en función de los intereses. Esto se utiliza como propaganda, generalmente de corte ultranacionalista y conlleva obviamente falsedades en el discurso.

   En el año 2018 se publicaron dos volúmenes de un libro titulado Más allá es ya noche17, que basándose en una rigurosa investigación científica en archivos de todo tipo cuenta la complicidad de polacos durante la Shoah. En él se relata detalladamente la situación de los judíos en 8 provincias polacas durante la ocupación alemana, sobre todo en pequeños pueblos y aldeas. El resultado es sobrecogedor e irrefutable. Se describen todo tipo de actitudes de los polacos de a pie y de la policía local polaca, permitida por los ocupantes: complicidad con los nazis, delaciones ante la Gestapo, participación física en asesinatos y también casos de ayuda y salvación heroica. La derecha nacionalista polaca ha tenido una reacción hostil y negacionista de este texto.

   En Medicina y Holocausto existen también algunos ejemplos de estas actitudes en la memoria. Una de ellas, si bien no la única, es la de presentar a los médicos judíos prisioneros en los campos siempre como víctimas y bienhechores, y a todos los médicos nazis como sádicos y malvados, cuando hoy es plenamente aceptado que casi siempre se movían en la llamada zona gris, fuera de los extremos. El concepto de “zona gris” fue usado por Primo Levy para referirse a la vida de los judíos en los campos, quienes eran obligados a contribuir a su propia destrucción. Este concepto rompe la distinción entre víctimas y verdugos puros, pero al mismo tiempo distingue entre los que formaban parte de la máquina destructora del nazismo y quienes eran obligados a ello.

Negación

Algunos grupos políticos cuestionan la necesidad del mantenimiento de símbolos y estrategias de memoria colectiva sobre el Holocausto, aduciendo que Europa ya ha pagado un peaje muy alto por sus crímenes y que se necesita olvidar18.

Cuando parecería que el discurso testimonial del Holocausto y su necesidad están plenamente aceptados, han aparecido algunos colectivos que rechazan escucharlo. En países como Holanda o Inglaterra, alumnos musulmanes de colegio o instituto se niegan a acudir a las clases obligatorias sobre Holocausto o a participar en actividades que tengan relación.

En muchos casos se mezclan de forma equivocada las críticas a la política de Israel como estado, legítimas por un lado, con antisemitismo o la negación al derecho a existir del estado de Israel.

Memoria e Historia, ¿incompatibles?

El discurso historia contra memoria, haciendo prevalecer una sobre otra, es una visión parcial que deja fuera muchos matices. Puede parecer que son realidades opuestas, desde planteamiento de que la memoria es siempre subjetiva y sujeta a marcos referenciales, mientras que la historia es un relato objetivo.  Ambas pueden ser manipuladas, por el hecho de que tanto puede escogerse lo que se recuerda como falsear un documento.

La historia ha de apoyarse en la memoria, no de forma exclusiva, recoger la relación de los hechos ocurridos a partir de las distintas fuentes existentes (documentales, testimoniales y referenciales), y perseguir como fin último comprender y explicar los hechos contextualizados.

¿Qué relación deben tener la memoria y la historia en Medicina y Holocausto? La cantidad de prisioneros de Auschwitz, o de otros campos, que afirman haber sido víctimas de experimentos del doctor Mengele o atendidos por él, o recibidos por él en la rampa de selección a la llegada del campo, o testigos directos de sus atrocidades, es tan inmensa que hoy sabemos que es imposible que esta memoria describa una realidad en todos los casos. ¿Qué aporta este dato con respecto a la historia? ¿Debemos considerar falsos todos los testimonios de los prisioneros, desde el conocimiento de que algo de lo que afirman en su memoria es imaginario o irreal? No tendría sentido desmontar esta memoria individual directa o indirecta y colectiva a base de datos, pero sí contextualizarla con la objetividad de los datos históricos.

La falsedad de la memoria puede tener como propósito conseguir algún beneficio. Generalmente es no intencionada, por omisión o porque un recuerdo resulte falso. En cualquier caso, la memoria ha de ser respetada, convertirse en una herramienta complementaria de la historia y ser tamizada por los datos objetivos documentales y científicos para mantener su valor.

Memoria como proceso activo en Medicina y Holocausto

La Memoria debe ser un proceso buscado activamente.

No se debe abandonar la búsqueda de fuentes y testimonios, y en este punto los descendientes se revelan como un instrumento de memoria imprescindible además de que pueden aportar nuevos documentos que hasta el momento se encontraban en archivos familiares. Sería interesante explorar la posibilidad de creación de un archivo común con testimonios.

El mantenimiento o promoción de las políticas de espacios físicos e inmateriales de conmemoración debe ser constante.

La transmisión del conocimiento que se obtiene de las investigaciones debe reflejarse en publicaciones y congresos, en la producción científica y traducción de las obras a distintas lenguas. La enseñanza de los valores éticos que encierra el Holocausto debe ser transmitida como docencia a los profesionales sanitarios a distintos niveles: universitario o posterior, de forma curricular o extracurricular.

No debemos dejar pasar la oportunidad de implicarnos mucho más en los debates actuales. Es muy importante seguir haciendo investigaciones y publicar los resultados en revistas científicas que sólo leen algunos expertos, pero es igual de importante que nos volquemos hacia la sociedad civil y comunicar al público general mediante libros de divulgación que al mismo tiempo sean obras de rigor.

Una guerra, un conflicto, no termina cuando se firman los tratados de paz, sino cuando se cierran las heridas. Y éstas pueden tardar años, generaciones en cerrarse o bien no hacerlo nunca.

Sus enseñanzas no deberían perderse nunca.

  1.  Usaré la palabra Holocausto para resumir la culminación de la ideología exterminadora nazi, asociado al asesinato de millones de personas y llevado a cabo en su máxima expresión en un periodo relativamente corto de tiempo (verano de 1942). Un matemático de Israel lo ha calculado, sus conclusiones pueden leerse en Stone, L. Quantifying the Holocaust: Hyperintense kill rates during the Nazi genocide. Science Advances 2019; 5: eaau7292. Sin embargo, además de los 12 años de gobierno nacionalsocialista, con el término quiero incluir el tiempo previo de construcción del ideario y el posterior con el estudio de sus secuelas. ↩
  2.  Por ejemplo el estudio sobre el hambre en el ghetto de Varsovia, en Offer, M. The study of Jewish Medicine during the Holocaust: Its creation and preliminary steps. The Israeli Journal of the History of Medicine and Science 2014; 22: 129-154. ↩
  3.  The March of Life (www.marchoflive.org) es una fundación internacional que organiza marchas de reconciliación en localizaciones históricas del Holocausto, en las que participan juntos descendientes de perpetradores nazis y de víctimas, además de estar abiertas a cualquier otra persona que quiera perpetuar la memoria. Abogan por la memoria de las víctimas, la reconciliación de los descendientes y el apoyo a Israel como estado. Estas marchas se han realizado hasta ahora en más de 350 ciudades pertenecientes a más de 20 países. ↩
  4.  Borowski T. Nuestro hogar es Auschwitz, Ed. Alba 2004. Los textos de Borowski describen la vida en el campo de concentración de forma descarnada, contraponen la narrativa cadente y poética con el horror más absoluto. Este contraste dota a la obra de una fuerza memorística y de un significado tan profundo, que es difícilmente comparable a la mayoría de relatos concentracionarios. ↩
  5.  Dos ejemplos de testimonios tempranos de médicos son Lensky, M. A Physician inside the Warsaw Ghetto. Ed: Yad Vashem, 2009 o Nyiszli, M. Fui asistente del doctor Mengele. Ed: Frap-Books, 2008. ↩
  6.  Para leer la historia completa de Jan Stasinski, ver en el número 263 de Claves de Razón Práctica, el relato escrito por su hijo, Maciej Stasinski: Mi padre, el número 20716. ↩
  7.  Kertész. Sin destino. Ed: Acantilado, 2006. En esta obra cuenta la historia de un adolescente que pasa por varios campos de concentración nazis, mostrando una realidad hiriente y ahondando en el sentimiento de culpa tras la supervivencia. ↩
  8.  Valverde Gefael, C. Desenterrar las palabras. Ed: Icaria 2014. En este libro se trata la transmisión generacional del trauma de la violencia política del siglo XX en el Estado español. La autora apunta que si una sociedad no elabora los traumas causados por la violencia del pasado, sus efectos interfieren en las siguientes generaciones. Aunque se centra en la Guerra Civil española, los esquemas de transmisión de memoria intergeneracional y los problemas que acarrean, son superponibles a todos los conflictos, incluyendo el Holocausto. ↩
  9.  El IHRA es un organismo internacional que cuenta actualmente con 32 países miembros. Su labor se centra en identificar problemas posteriores al Holocausto en todo el mundo, promoviendo acciones prácticas para abordarlos. El programa de los últimos años focaliza sus acciones en contrarrestar la distorsión del Holocausto y conservar el registro histórico. Una de sus últimas publicaciones lleva por título Mass Murder of people with dissabilities and the Holocaust (Asesinatos en masa de personas discapacitadas y el Holocausto), que se basa en una conferencia celebrada en 2017 en Berna https://www.holocaustremembrance.com/index.php/press-releases/publication-mass-murder-people-disabilities-and-holocaust. El libro tiene acceso libre en internet. ↩
  10.  El 20 de diciembre de 1924, mediante un Real Decreto, Primo de Rivera concedía la nacionalidad española a aquellos sefardíes que la solicitaran. Si bien se acogieron a este derecho apenas 3000 personas, proporcionó el marco jurídico que permitió a algunas legaciones diplomáticas durante la Segunda Guerra Mundial proteger a ciudadanos judíos expidiendo pasaportes españoles. ↩
  11.  La exposición itinerante sobre esterilización forzosa y eutanasia https://www.dgppn.de/schwerpunkte/psychiatrie-im-nationalsozialismus/wanderausstellung.html    ha recorrido más de 59 ubicaciones y ha sido visitada por más de 377,000 personas desde 2014. Se ha presentado en diversas instituciones, como parlamentos, sitios conmemorativos, congresos, colegios de médicos y hospitales. ↩
  12.  Los médicos alemanes, en su 115 Congreso Nacional en 2012, adoptaron un texto conjunto en el que pedían perdón a las víctimas de todos los crímenes cometidos por médicos durante el nacionalsocialismo. Anteriormente, en el 2008 durante el Congreso Internacional de Genética celebrado en Berlín, la sociedad de Genética alemana se disculpó por las esterilizaciones forzosas y asesinatos de enfermos que sus colegas cometieron en el pasado. ↩
  13.  La calle en la que se encuentra el colegio de médicos de Colonia, cambió de nombre para sustituirlo por el de Herbert Lewin, ginecólogo judío que fue deportado a varios campos de concentración y tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial y de haber perdido a su mujer en uno de los campos, decidió continuar su carrera profesional en Alemania. En 1949 le cesaron como director del hospital de Offenbach, una ciudad cercana a Frankfurt, acusándole de ser superviviente de varios campos de concentración y alegando que por ello no podría tratar de forma correcta e imparcial a las mujeres alemanas. Aquello supuso un gran escándalo y finalmente se le restituyó en su puesto. ↩
  14.  Para ver más sobre esta institución puede visitarse su página web, en inglés y polaco en http://teatrnn.pl/en/ ↩
  15.  Dice el Talmud que “un hombre es olvidado cuando se olvida su nombre”. Este fue el motivo que movió al artista berlinés Gunter Demnig a comenzar este proyecto. En la página web http://www.stolpersteine.eu/en/home puede consultarse dónde están colocadas estas placas, ya en 21 países europeos. ↩
  16.  En 2016 se abrió un museo en Markowa, Polonia, para “mostrar la postura heroica de los polacos que ayudaron a judíos durante la ocupación alemana”, en un lugar donde ocurrieron asesinatos de judíos a manos de polacos y la propia familia de salvadores a quien se dedica el museo tuvo que huir del pueblo. Para ver más sobre el museo: https://muzeumulmow.pl/en/ . En Grabowski J, Libianka D. Distorting and Rewritting the history of the Holocaust in Poland. The case of the Ulma family Museum of Poles saving Jewish during the Second World War in Markowa. (Distorsionando y reescribiendo la historia del Holocausto en Polonia. El caso del museo de la familia Ulma, polacos salvando judíos durante la Segunda Guerra Mundial en Markowa). El texto está disponible online en https://www.academia.edu/36897160/Distorting_and_Rewriting_the_History_of_the_Holocaust_in_Poland_The_Case_of_the_Ulma_Family_Museum_of_Poles_Saving_Jews_During_world_war_ii_in_Markowa_1 ↩
  17.  Engelking, B,  Grabowski J.  Dalej jest noc. Losy Żydów w wybranych powiatach okupowanej Polski. (Más allá ya es noche. La suerte de los judíos en escogidas provincias de la Polonia ocupada). Ed: Centrum Badań nad Zagładą Żydów, 2018 (Centro de Investigación del Holocausto). ↩
  18.  Para ver algunas noticias del AfD. https://www.efe.com/efe/espana/portada/tormenta-sobre-la-afd-alemana-al-tachar-de-verguenza-un-monumento-a-las-victimas-nazis/10010-3152373 https://www.elmundo.es/internacional/2019/01/23/5c484f4efdddff639f8b45bb.html  ↩