Escrituras Creativas de la Universidad Nacional de Colombia, capitaneada por Juan Manuel Roca, quien ha puesto la semilla de la insatisfacción activa en el horizonte literario de estos apasionados jóvenes: Lucía Parias, Manuel Pachón, Gustavo Andrés Valdés Acero, Marco Cardona Giraldo, Diego Camilo Mendoza Rodríguez.

Las Escrituras Creativas. Universidad Nacional de Colombia. Coordinador, poeta Juan Manuel Roca.

Lucía Parias

Manuel Pachón

Gustavo Andrés Valdés Acero

Marco Cardona Giraldo

Diego Camilo Mendoza Rodríguez

Lucía Parias

Útero

¿Podré volver a casa un día

ser de nuevo agua

llamar a la oscuridad

mi reino?

Lo he intentado más de ochenta veces.

Sumergir el tiempo

en una “realidad sin verbo”.

En los resonantes hoyos negros

de unos ojos sin luz.

En la eterna posibilidad

de un ser que no ha nacido.

Bautismo

Vi en sueños

la pila bautismal.

He sumergido mi rostro en el agua.

No vamos a bañarnos

de nuevo

en el charco
que agrieta las miradas.

No vamos a verter

de nuevo

lágrimas

en los cuencos

de ese rostro.

Me he sumergido en el agua.

Espero ser nombrada.

Primera siembra

De nuestras manos

brotó la lluvia negra.

Y en el sueño

–donde caminamos dormidos–

se cubrieron nuestros pies

de fango.

Era azul

tiempo de cosecha.

Habían lombrices

tierra sobre la lengua.

Las semillas

no habían germinado.

Lucía Parias, nació en Bogotá en 1992. Es Artista visual de la Pontificia Universidad Javeriana con énfasis en expresión plástica y audiovisual. Actualmente es candidata a magister en Escrituras Creativas en la línea de poesía en la Universidad Nacional de Colombia. Desde el 2014 su trabajo como artista plástica está enfocado en la escultura en cerámica.

Manuel Pachón

Las palabras

Como el mundo

existe sin nombrarlo

en el principio

no estaban las palabras.

Fue preciso inventarlas.

Primero fue el grito

de placer o dolor

en la noche sin medida.

Luego o antes

el balbuceo que quería decir

aquello que no podía

señalarse con el dedo…

Desde allá,

de una a otra boca

como un beso heredado,

por el aire y el tiempo

hasta aquí han llegado

estas palabras.

Canto por la recuperación de una laguna

¡Qué alegría volver a ver tu rostro hoja de luz!

Laguna sagrada de Tibabuyes,

madre de los niños de oro,

vientre de agua…

Saludo tú manera de repetir el cielo,

de multiplicar en láminas la caída del sol

y permitir que el viento te acaricie rizándote la piel.

La diosa Sie se nutre de tus aguas,

habita, juega, duerme dentro de ti

y aguarda con abrazo mortal

al que no te respeta.

Has despertado para recordarnos

que aun somos criaturas del agua.

Tu presencia serena nos refresca

y nos hace pensar

que se romperá la profecía

y no pagaremos con monedas de sangre

el precio de la sed.

Cuento de hadas

Aquel mito del sapo transformado en príncipe por la magia del beso de una bella mujer, siempre me pareció un asunto de fábula; bella leyenda que simboliza el poder del amor. Sin embargo, después de nuestro beso, libre de compromiso y requisitos, soy más brillante, menos húmedo, y unas palabras dulces como tu nombre han sustituido mi ronca costumbre de croar.

Surubu loma

35

Va lejos

el camino

ensimismado

en sus piedras.

50

Es dulce

la música

de la lima

en la reja.

74

Untado de nube

 el puma desciende

de su salto

acrobático.

Manuel Pachón, poeta, escritor y educador bogotano. Licenciado en Lingüística y literatura de la Universidad Pedagógica Nacional y Magíster en literatura de la Pontificia Universidad Javeriana. En la actualidad adelanta  Maestría en Escrituras Creativas en la Universidad Nacional de Colombia.

Ha publicado cuatro ediciones de su poemario Rastro de alas, tres ediciones de Manual de seducción (poemas), Cuentos premiados (relatos), Incitación a la lectura (ensayos), Surubu loma (poemas) y Viaje corsario en busca de los principios de la desobediencia civil (disquisición política); y el CD BOLeros  (sus poemas cantados por Javier Muñoz).          

Ha dirigido talleres de creación literaria (cuento, poesía y ensayo) en la Casa de poesía Silva, Corporación Magisterio, Ministerio de Educación…en localidades como Apartadó, Barranquilla Quibdó, Istmina, Málaga, Pereira, Tumaco, Leticia, Puerto Nariño, entre otras.

Su voz de poeta y conferencista ha sido escuchada en centros culturales como la Feria Internacional del Libro, la Casa de Poesía Silva, Poesía al Parque, universidades y colegios.

Leyendo el tarot dice tener algo de mago, algo de loco, algo de ermitaño, poco de emperador.

Gustavo Andrés Valdés Acero

Nocturno

Tengo una inquietud que me paraliza. Presencio cara a cara
el rostro de lo Inmóvil. La luna es más grande que cualquier gota de plata
sumergida en el azul. Chispas de luz, breve rocío que recorre pelos de chacal.
Mirada-juicio.
Deseo que contagia corazones de esmeralda, letargo puro de odio

y roca fundida, juramento homicida de los arrepentidos.
Que se llenen los pulmones con el perdón momentáneo,
que palabras de acero traspasen la membrana de esa mente que duda.

Sé que esperan la voz sin sonido, la voz sin labios, la voz que surge

en el pantano al regurgitar el alimento de los fuegos;
La voz fantasma reza: ¡Adelante! Como si el verbo no existiera,
esa palabra que el Ojo del perro sucio grita, con la certeza

de la mañana muerta, la total destrucción de los relojes.
Condenación a un mundo pletórico de víctimas…

Los colmillos se reagrupan en los valles,
agazapados detrás de las colinas,
con la furia elemental de la violencia; esperando la orden

de un ojo que vigila y nunca parpadea, que en la oscuridad acecha

al desobediente.
Si verdaderamente están arrepentidos, remuevan el cajón

de los cuchillos enjaulados, aquellos que han bebido

la sal de las heridas; dejen que la Noche, como un río de bocas
y de brea, desemboque en sus almas y contamine

su sed en ardor de llamas púrpura. Ánimo

que el cielo tiene el color del odio,
es la venda y la mordaza en los párpados de Dios,
cuando el hombre y el demonio son al fin libres.
La paciencia del chacal es raíz en las cadenas
pero el Ojo no descansa, el Ojo que insulta las estrellas.
Flotando sobre rencores contenidos en los puños,
juzgando con el peso de una sentencia que nos tiende de rodillas:
La venganza es la respuesta a todas las promesas,

la noche será eterna en la pupila dilatada.

Tascarazo

No sé cuánto llevo así, cuanto lleva sin bailar el muñeco de adentro. Como resultado de eso escribo lo que escribo, escupo esta papilla insípida y decepcionante. Ya vendrán los versos, espero. Pienso en las almas que piensan en mis versos. Son ellas las que deciden. Todo el tiempo estoy hablando de mi formación como poeta, pero estoy tan perdido como siempre. ¿Qué es un verso, ya que tanto hablo de “mis versos”? Un día me sorprendí buscando en el diccionario la palabra poesía. Di con el significado, no con la respuesta. Dicen, y yo repito como un perico, que el poeta es un creador. Entonces ese título (o lo que sea) debería ser otorgado a pintores, arquitectos, panaderos, ebanistas, músicos, confiteros, sastres; a gente que en verdad cree. Pero ese apelativo lo termina vistiendo un mediocre emborronador de cuadernos. Caprichos de la vida y de la gente. ¿Hace cuánto Platón prohibió los poetas en su prospecto de país de las maravillas? Pero ahí siguen, pululando en silencio, amenaza solapada. A lo bien, ¿Para qué existen los poetas? ¿Para qué sirven? ¿Cuál es el beneficio de dejarlos persistir? Los poetas son los que mantienen, cuales máquinas de asistencia artificial, viva a la esperanza. Y es esa cosa agónica la que a diario impide que el caníbal pueda dar el mordisco como le gustaría darlo. Es esa cosa semimuerta la que nos hace planear en la caída.

Líderes de la nación caníbal, si en verdad quieren echar a perder al género humano y devorar todo lo que palpite, tienen que empezar por los poetas. Acabarlos a todos, uno por uno o de a montoncitos. Muerto el poeta se apaga la esperanza. Entonces podrán morder a sus anchas pilas y pilas de seres muertos.

Yo y mi otro yo (sin Irene)

Lección tras lección tras lección tras lección

Así es la vida

la maestra vida1

No hay tiempo para sangrar

no hay tiempo para recreo

Cualquier descanso significa

que va a arder el corazón

Que justo estaba cerrando

cuando ha tenido que abrir

de nuevo

Y dejar pasar ese rostro hermoso

pero retorcido

de “odio, desprecio, burla”

La píldora que usaba Raúl

para no vivir tanto

Píldora que en este momento mastico

para mayor efecto

Sé que es un sueño estúpido en este país

pero quiero justicia, carnicera justicia

Que el autor intelectual caiga a un pozo de cemento

Que a los materiales se los coman las hormigas

Que esa risa que me clavó su lanza

se quede sin dientes

Quisiera, con mis propias manos,

azotar esa carne, estrellarla contra la pared

y contra el piso

Pisotearla, escupirla, patearla como nunca

he pateado un balón

Martillarla con los puños

a la usanza del gorila

hasta que quede inerte

Después llorar, llorar mucho

Lamentarse

Decir: “yo no soy así”

Algo ha cambiado, me han cambiado,

y hacer como quien busca al culpable

Sabiendo en el fondo

que no hay otro culpable.

Una lección de humanidad y nada más

Durante el cuento “Espuma y nada más” de Hernando Téllez, todo el tiempo estuve deseando que el barbero le rajara el pescuezo al capitán Torres. El cual se vanagloriaba de las capturas que había hecho, de la gente que había matado y de la gente que iba a matar. El barbero estaba con los rebeldes, y nadie más estaría en una posición tan privilegiada para acabar con este verdugo del pueblo. Reconozco que si estuviera en los zapatos del barbero la tentación por matar al capitán Torres sería enorme. Especialmente por el hecho de que quienes sufren los atropellos del Estado casi nunca reciben justicia. Vivimos en un país donde las víctimas no son resarcidas sino re- victimizadas y los asesinos son recompensados y ascendidos. La diferencia entre los que tienen y los que casi no es cada vez más grande. Y el oprimido carece de fuerzas y esperanzas para oponerse al brutal poder de  los que ejercen el gobierno. La justicia divina nunca se hizo presente, y los que sufren, al rebelarse, son asesinados por montones. Ante tamaña desproporción de fuerzas y de recursos. Eliminar una pieza clave de las fuerzas armadas que en vez de proteger al pueblo, lo golpean y lo desangran, puede parecer una forma de nivelar la balanza. Pero una pequeña reflexión bastaría para deducir las nefastas consecuencias de ceder a la ira y al oropel de esa oportunidad única. En primer lugar Torres, aunque capitán, no es más que un peón prescindible de la gran maquinaria bélica y opresora que agobia al pueblo. Si el muriera sería inmediatamente reemplazado por uno igual o peor que él. Además, habría que esperar que la respuesta del ejército fuera contundente y despiadada. El barbero no tendría manera de escapar a la captura, pues se supone que hubo testigos que vieron entrar al capitán en la barbería. A la captura seguiría la tortura, y quizá la confesión del paradero de sus camaradas. De esta manera mataría un mero capitán, pero comprometería seriamente la labor revolucionaria. No obstante nuestro barbero se resiste a liquidar a Torres, no por razones estratégicas, sino que podría decirse que es por dignidad que el héroe del cuento declina a esta oportunidad de oro de tomar la cabeza de su enemigo. Su dignidad como barbero, pues aunque sea el enemigo, al sentarse en su silla se convierte en un cliente, y en calidad de cliente no ha de recibir sino un impecable servicio. También podríamos hablar de una dignidad netamente humana, consciente del valor de la vida, sin importar la vida que sea. Esta dignidad podemos verla completamente expresada en la siguiente reflexión del barbero: “Nadie merece que los demás hagan el sacrificio de convertirse en asesinos.” Así, aunque tiene en sus manos la vida de un despiadado asesino, no por ello va a dejar de hacer a la perfección su trabajo de quitar la barba. Y no dejará que la rabia y la indignación, lo conviertan en el monstruo que como revolucionario combate.

Gustavo Andrés Valdés Acero. Nací en Pamplona (1982), Norte de Santander, Colombia. Soy egresado de Filosofía de la Universidad Nacional de Colombia, durante la carrera realicé colaboraciones en poesía y relato a las revistas, Contestarte (con los poemas Nada poética y Efecto Marea), Capital Letter (Con el cuento Separación y el poema Algún día las mujeres me dejarán algo más que sus cabellos), La Ventana (con lo poemas Desplazados y Sano), Revista Online Cronopio (Edición 59 con el relato Historias con gato), y más recientemente la publicación de un poema Malestar para la edición número 16 de la revista de ciencia ficción Cosmocápsula, y un relato Todo en orden, para la edición 16 de la revista Phoenix. En la publicación del 26 de septiembre de este año, la revista internacional La Raíz Invertida, publicó mi poema Perra de las perras, el cual se puede apreciar en el siguiente enlace: http://www.laraizinvertida.com/detalle.php?Id=2195. En el número 43 de la revista de poesía Luna Nueva (ISSN 9121 – 666X), aparece una selección de textos míos en las sección Nuevas Voces. Actualmente me encuentro realizando la Maestría en Escrituras Creativas en la Universidad Nacional de Colombia en la línea de poesía.

Marco Cardona Giraldo

Vaticinio de Abel
(o de por qué la guerra siempre es entre hermanos)

Sonríe, Caín, y no dejes de abrazarme.
Antes del martillazo final
que quieres darme en la cabeza
y de que huyas entre sollozos cobardes,
                                cobarde,
abrázame y lléname de piojos.

Que tus piojos anden por mi nuca
para que mates más de una centena
cuando te escondas a la orilla de cualquier camino
y salgas de súbito,
oculto tu rostro tras eufóricas sonrisas,
y me asestes ese martillazo con que sueñas,
                                        cobarde,
ese martillazo que también destrozará mis vértebras
(las treinta y tres al mismo tiempo)
y que me hará caer sobre mis pasos.

Abrázame, Caín sonriente:
sigue creyendo que no comprendo tus insultos
ni el pánico que te invade
cuando te asomas al abismo de mis presagios
sin comprender por qué las paredes que lo forman
están llenas de flores
que a tus ojos inyectados de odio
son la encarnación de tus pesadillas.

En tus sonrisas, en tus abrazos
veo el horror que se desbocará en tu rostro
cuando mi sangre
                y la de nuestros piojos
corra hacia tus pies.
Y en el rojo oscuro de mi sangre y de la tierra
verás el rojo de tu sangre.
Y huirás en vano,
                                        cobarde,
de tus huellas que, sin prisa,
aguardarán en la puerta de tus guaridas.

Una pobre invitación para Tom King en su derrota2

Déjeme elogiar el dolor de sus nudillos rotos,
la boca de su estómago huérfana de un bistec
que acaso, en su juventud, tiró saciado a la basura.

En las peleas que le sobran
es usted más que un canoso obstáculo
en el camino de la fama y de la fortuna de los jóvenes:
La juventud es siempre joven,
y en su frente, en sus facciones
ya no dolerá el nudillo roto de su joven contrincante.

Tan solo el hambre suya
y la de sus hijos y la de su mujer
lo morderán en la boca del estómago,
como en esta noche, cuando
el aire se llenó con un ininterrumpido rugir de aplausos
que fueron el preludio del velo de la noche ante sus ojos.

Permita que le cante a su derrota por ser más lúcida
que aquellas victorias de joven indolente,
que las risas ante el llanto del viejo Stowsher Bill.

Ahora que usted y su gran pelea
son el viejo Stowsher Bill hambriento y fatigado,
ahora que lo encuentro disimulando el llanto a la intemperie,
ahora que en su vuelta a casa
sus facciones esculpidas por los puños serán noticia de la ruina,
ahora que su guardia es un lastre de cien kilos de plomo
y que lo invade un odio terrible contra los carniceros
que le negaron un bistec pero lo hicieron comprender los arquetipos,
acepte de mi parte un vaso de cerveza.

Paisaje con ahorcados

A Juan Manuel Roca

Se diría, mirando estas uñas, que son la comprensión profunda de los calendarios; de las manos y las cartas que escribieron, en otro tiempo, sin fatiga; de los dedos cuando intentan terminar de golpe con el cuerpo. Un hombre colgado de un árbol casi siempre se confunde con una fruta descompuesta sin tocar el suelo. Y los ángeles carroñeros se dan banquetes ante los ojos de los paseantes. En la lejanía, el viento mueve las corbatas anudadas y seca las camisas y los pantalones antes de que otros lleguen a dejar sus prendas suspendidas de sus propios cuerpos, o en busca de un abrigo casi limpio. Al árbol se llega muy tarde o muy temprano.

Hay también en las uñas una crónica de mutilados y de oficios. Hasta no pender como un arcano, a la vida se le pide el dedo índice para deletrear nombres en el aire. Tan solo el índice para llevárselo a la garganta cuando se quiera suspender el aire. También, para seguir la ruta de los ángeles que en los transeúntes ven semillas. Y las uñas que faltan, tal vez se vuelvan árboles en cuyas ramas abunde la angustia vestida de gala.

Marco Cardona Giraldo (Bogotá, 1987). Profesional en estudios literarios de la Pontificia Universidad Javeriana. Su trabajo de grado se tituló La poesía mestiza de César Vallejo frente a las vanguardias: un conflicto para la historia literaria. Actualmente cursa la maestría en escrituras creativas de la Universidad Nacional de Colombia y se desempeña como editor de texto escolar y de material investigativo. En 2008 fue el ganador del Primer premio Nacional de Poesía Estudiantil el Quijote de Acero, de la Universidad Tecnológica de Pereira.

Diego Camilo Mendoza Rodríguez

A Hans Magnus Enzensberger, el hundimiento del Titanic.

Témpano.

Frío, pálido y calmo

observa desde lejos el fantasma.

Una década enmudecido,

un naufrago de días pasados,

buscando en el ayer los rastros del hielo,

la profunda herida del acero

y los cuerpos congelados.

Una década buscando versos pronunciados,

diez años de cambios,

3650 días de vida (un estimado)

te distancian del pasado.

Imposible escucharse hablar del todo,

lograr oír de nuevo, lo que dijiste hace diez años.

Aún así ese es tu esfuerzo,

ir más lejos, más atrás, hasta volver a abordar el barco

y navegar en él hasta el medio del atlántico

para encontrarlo

para ver de nuevo al fantasma

frío, pálido y calmo

quien esconde su grandeza de los ojos humanos

translúcido refleja, juega con las luces del escenario;

se camufla en la noche, es uno con el cosmos

al buscar su rumbo en las infinitas aguas

y choca, rompe la burbuja

para dejar a la deriva,

aunque a flote,

la bajeza del humano.

Diego Camilo Mendoza Rodríguez, nació el 31 de diciembre del 1988 en la ciudad de Bogotá  (Colombia), estudio filosofía en la Universidad Nacional de Colombia donde se encuentra cursando la maestría en escrituras creativas en la línea de poesía.

  1.          Gracias Rubén Blades. ↩
  2.          Los pasajes en itálicas fueron extraídos o adaptados del cuento “Un bistec”, de Jack London, en la traducción de Patricia Willson. ↩