Como quiera que sea, el nadaismo colombiano envejeció con todos los derechos de una madurez sin nostalgias y si, más bien, con ajustes de cuentas médicas, buscando distancia del mundillo literario. Estos textos de Jotamario son prueba de la falsedad del anuncio.
Del libro: “X SE ESCRIBE CON J”
De Jotamario Arbeláez a Jaime Jaramillo Escobar en Medellín
Villa de Leyva, marzo 26 de 2018
Querido Poeta X-504:
Quién iba a creerlo. Llegamos al año 60 desde cuando surgimos como insurgentes, los vivos y nuestros muertos que continúan sentados a nuestra mesa.
Con ellos tomo café todo el tiempo, más que con los del más acá que viven más lejos.
Se nos va borrando el camino pero hicimos lo que quisimos, con el beneplácito final del mundo que empezamos contraviniendo.
Creo que mientras cumplimos cambiamos. No digamos que de pensar, sino de parejas y de parajes.
A la par con Eduardo Escobar, que nació con la vocación montaraz, vivo ahora en el campo, que no podía ver ni en pintura,
reconciliado con los animales de monte porque ya los de la ciudad me aburrieron.
Escribo contra el paisaje temas bucólicos y a medida que avanzo siento el aplauso cerrado de las chicharras.
Aquí estoy con mi mujer que me masajea y una perra que me está enseñando a ladrar
y las 30 cajas que me quedan de los archivos del Nadaísmo a partir de las que tuviste a bien obsequiarme, por allá por el año 70, de donde tantas maravillas he recobrado.
Y mi estudio está presidido por ese cuadro de Leandro Velasco donde figuramos al lado de Elmo y de José Rafael Arango y del propio pintor,
que me entregaste por el precio simbólico e irrisorio de 20 pesos y ahora quién sabe cuántos millones valdrá, aunque habría que restaurarlo porque está más descaecido que la última cena.
Como en el caso de Dorian, nos vemos más acabados en el retrato de 1960.
Como por arte de magia simpática o simpatética, de Los Sagrados Archivos, como los bautizara nuestro buen U, salieron para ser publicadas por Eafit y lanzadas en la inminente Feria del Libro de Bogotá,
la novela de Amílcar Osorio “La ejecución de la estatua”,
las “Memorias de un presidiario nadaísta”, de Gonzalo
y “X se escribe con J”, nuestra alada correspondencia.
Yo quería irla publicando en los periódicos a medida que la íbamos escribiendo, pero Elmo me dijo que había que esperar a ponernos viejos para que la publicación tuviera sentido.
Ya no es literatura epistolar sino historia patria.
Te escribo, pues, para participarte de esta explosión editorial triple.
Las memorias del ‘canazo’ del Profeta en La Ladera la coleccionaste de la revista Contrapunto, de Jaime Soto, con cuyo producto nos invitaba a comer fríjoles en el restaurante Avenida, de la Jiménez.
Casi 40 años después el alcalde Sergio Fajardo convirtió la pavorosa cárcel en un parque-biblioteca
e invitó a todos los nadaístas vigentes a un gran homenaje de desagravio institucional al profeta por tan flagrante injusticia.
Y “La ejecución de la estatua” fue el plante que se trajo U de los Estados Unidos cuando lo pusieron de patitas en el avión de retorno.
La dejó en tu poder, luego de haber sido finalista en el Premio de Novela Seix Barral en 1968, y tú me la cediste y me ha acompañado en todos los matrimonios
y la he perdido por años y vuelto a recuperar, y la he entregado a editoriales que la devuelven, considerándola un hueso duro de roer,
pues entre una novela de la violencia –que era lo que se esperaba en Colombia de los escritores de garra– y un Ulises, cosa que no espera nadie, nuestro hombre se fue por un Ulises de la violencia.
Una violencia tal de salvaje que luego de la masacre en el pueblo de Saldeguaca se termina ejecutando la estatua de la Madre,
a la manera como tú lo recuerdas, en 1948 en Andes las turbas conservadoras degollaron la efigie del Indio Uribe.
Me siento orgulloso de ser el contrapunto de “X se escribe con J”.
Desde cuando me llamaste a Bogotá para empuñar el estoque publicitario en lo que persistí y terminé pensionándome.
Siempre estuviste pendiente de mi supervivencia y además me cantaste y hoy te doy las gracias por ello.
Sé que tu médico, según el estado de tu salud, te ha pronosticado cien años. De modo que nos quedan 14 de celebraciones mientras seguimos hurgando en los sagrados archivos a ver qué más encontramos. Te abrazo
Jotamario
60 años
Jotamario Arbeláez
Cuándo me iba a imaginar, a los 18 años, bachiller reprobado y lleno de novias, lector impenitente y rey de la carambola, que iba a hacer parte de un movimiento en apariencia literario que iba a cambiar el mundo, ni siquiera para mejor, porque lo sacamos de las cavernas a mirar el cielo lleno de estrellas y de mísiles a punto de ser disparados.
Gonzalorango, Jotamario, Raquel Jodorowsky, Elmo Valencia, Pedro Alcántara. Aeropuerto.1964
La llegada de Gonzalo Arango con su nadaísmo a mi vida fue como recibir la visita del Zarathustra llegado de la montaña. No traía buenas nuevas sino dinamita mental para socavar las pasmadas instituciones.
Y a toda una generación de muchachos que andábamos por ahí descocados nos graduó super- hombres de la destrucción emotiva.
No teníamos en que caer muertos pero por entonces éramos inmortales. Nuestro lecho era de flores marchitas, pero sobre él practicábamos amores aberrantes como si estuviéramos volviendo a crear el mundo. Para poder camuflar nuestro perfil de devastadores por entre las intonsas gentes y el bolillo de los agentes del orden impostamos el cariz de poetas, con tan mala fortuna que algunos nos lo creímos, y no nos fue mal con la farsa lírica. Nos ganamos todos los premios, que enseguida perdimos a la ruleta. Así el establecimiento se fue volviendo nadaísta, tanto que hasta presidente nadaísta tenemos a punto, se volvió bendita la marihuana, las faltas del ayer en virtudes se transformaron, impusimos la vanguardia por sobre todas las cosas hasta que se inventaron las posvanguardias retaguardistas, las mujeres se liberaron de su eterna feminidad e inventaron el feminismo, los maricas estigmatizaron esa palabra y se proclamaron gais orgullosos, la guerrilla dejó las armas, Cristo se independizó de su iglesia, la poesía volvió a ser el ojo de Dios apuntando a los criminales, imprecando, pero también la voz de Dios entonando aleluyas. En lo único que fallamos fue en hacer la revolución comunista, que no era nuestro programa, pero hicimos la nuestra que consistía en cambiar la vida —como si fuera poquito—, aun al precio de nuestras desvalorizadas cenizas. En lo que no nos descachamos fue en nuestra avanzada lisérgica a partir del cacho. La alucinación entró a hacer parte del pensum. Los que sobrevivimos entramos a la vejez como a una tercera juventud libre de espinillas. Hasta en la cruz roja de la religión se convirtió el nadaísmo.
Dibujo de Álvaro Barrios, 1965
Han pasado 60 años. La Biblioteca Nacional de Colombia me ha encargado una antología extensa de lo que fue la poesía nadaísta en toda esta guerra en Colombia a la que le trajimos la paz. Resultaron ‘51 poetas nadaístas de los últimos tiempos’, 620 páginas que estoy a punto de entregar. ¿Y dónde está la obra?, nos preguntaban nuestros enemigos para corcharnos. Esta es sólo una muestra. Faltan los novelistas, los cuentistas, los libelistas.
Jotamario Arbeláez, Jaime Jaramillo Escobar, Eduardo Escobar, Elmo Valencia. 2010.
El 18 de enero el profeta Gonzalo Arango estaría cumpliendo 87 años.
Michael Smith y Gonzalo Arango, 1966.
Desde hace 5 se vienen celebrando fiestas nocturnas en ciudades varias del país y del mundo, coordinadas desde Nueva York por Michael Smith, heredero del baúl de recuerdos de Rosa Girasol, amante gringa del profeta en su extensa época negativa, porque después
volvió a Dios de la mano inglesa de su Angelita. Quien está lanzando su libro Máximas, una especie de I Ching a nuestra medida.
Las fiestas, bajo el nombre ‘V Internacional Nadaísta’, se están programando desde hace 6 años, el día del nacimiento del profeta de la nueva oscuridad que alcanzó la luz, en por lo menos doce ciudades y villorios de Colombia y del mundo. Se celebra al filo de medianoche en bares de distinto calibre a ritmo de rock, se pasan videos con textos de Gonzalo en su voz recubierta de imágenes de la época, y al final se hace una lectura de poemas a cargo de jóvenes inficionados por el nadaísmo. Todo ello a mayor gloria de Dios, “sí es que a Él le interesen tales porquerías.”
Es curioso. El 25 de septiembre de 1976 se fue el profeta de bruces contra el mundo matándose de inmediato camino de Villa de Leyva, adonde iba a despedirse de los monjes del monasterio del Ecce Homo porque viajaba a pedir asilo en el Tibet o en Inglaterra. Ya había renunciado al nadaísmo, cambiándolo por el amor a Angelita y a Jesucristo, en negocio que por entonces le reprochamos. Nuestros enemigos corrieron a ponernos la lápida a los sobrevivientes de la aventura, diciendo que con la muerte del fundador el nadaísmo se desintegraba. Y lo que hizo fue continuar con más fuerza por 42 años hasta la fecha. El que se desintegró fue Gonzalo.
jotamarionada@hotmail.com
Jaime Jaramillo Escobar