Palabra ligera
Los hombres dicen: allí va la muerte. Póngale el ojo a esa vivaracha. Todo lo absorbe, todo lo arrincona. Llega a cualquier lugar, oronda, con su astucia de coordenadas: manos de fuego y de viento y de agua y de hielo en el norte y sur y este y oeste. Sus dedos son tan largos como la absurda vida. Nada se le escapa. Es, como quien dice, una diosa cardinal. Cumple su fin y deja colgando la duda en vergel humano. ¿Qué si tiene extremidades? ¡Sólo lamentos! Su silbido, salvaje, es de lamento. En el bosque contiguo, donde arruma su despojo, el aceite del desconsuelo forma una nube voraz decidida a cargarse de llovizna sin parar. Guarecidos, aguardamos. ¿Qué se espera? La palabra ligera sosteniendo la primavera ignorada. La muerte sólo se abastece de la lúnula del silencio: sin palabra biforme que la reclame.
Tópico insalvable
Nació como quien ha perdido la razón y viene a este mundo desquiciado, en su protagonismo ludita, para dar una lección de desvarío. Llevó una carta firmada por la ventisca amable, escrita con la sangre del nonato herido por la lanza de Céfalo, suspicaz e infame, dando con la diestra maternidad del error. Hizo de su cuerpo, gusano de fuego alimentado por las cenizas futuras, subrepticio aliento en haberes, primitivo en aciertos, serpenteando las tablas viejas: erial de salvación abisal en su tópico insalvable.
El crucificado
De la cabeza a los pies era la figura de un hombre. De agónica propiedad, robustecido en único verbo. Las burlas y difamaciones no ausentaron su lucha de inconforme labor; de críptica clarividencia. Llevó el amor a puertos mellados por los extravíos de la naturaleza. Supo, en rostro calcado de túnica audaz, que la victoria y derrota son por igual sangre humana. Los curiosos, de dubitativo andar, secretearon las lecciones de la parturienta historia: los héroes sacrifican el rebaño del porvenir y aterrizan la muerte, en sermón de pan matutino, a bocas díscolas hambrientas; gazuza penitente en su omisión incesante.
Estos poemas en prosa que manda Francisco Camps Sinza son una especie de retratos o etopeyas. El primero sobre la muerte es de un tono humorístico, como si la muerte le hiciera los mandados, su descripción se lee con una sonrisa de calavera. Tiene frases muy acertadas como la del final y “Sus dedos son tan largos como la absurda vida. Nada se le escapa.” Sin embargo, luego pasa a preguntarse si tiene extremidades, pero ya ha mencionado la mano…continua y menciona que solo tiene lamentos, para en la siguiente frase repetir la palabra: “Su silbido, salvaje, es de lamento”. Yo me quedaría con esta última y eliminaría la anterior sobre las extremidades. Si en el primer y tercer poema está claro de quién se trata: la muerte y el cristo católico, En el segundo poema no queda bien definido quién es el personaje a quien se refiere, ¿un nonato? No queda claro. El humor y el desenfado con que escribe sus poemas son un gran acierto de este poeta venezolano.
Francisco Camps Sinza (La Guaira, Venezuela, 1988). Antropólogo por la Universidad Central de Venezuela. Relatos y poemas suyos fueron incluidos en publicaciones como Brevelectric, Sello Cultural, Transtextos, Letralia, Papel Literario, Digo.Palabra.Txt, Revista Literaria Ligeia, Pasillo, entre otros