A una niña Palestina
Me veo en tus ojos
mientras el mundo es detenido
por el horror.
Hay que bajar en la próxima estación
de cualquier parte
y escribir un poema.
Un poema que alimente tu hambre.
Un poema que mitigue tu sed.
Un poema que te abrigue el gélido olvido.
Un poema que truene contra el cómplice
y asesino mutismo de la canalla.
Un poema con lunas,
Amamantadas por tus lágrimas.
Un poema para que cantes
cuando retornen los colibríes y los ángeles.
Un poema que florezca en la risa
de una muchacha que en la mañana
sueña el amor.
Un poema como el himno
de un pueblo victorioso.
*Este poema fue escrito la noche en que fuerzas sionistas,
no humanas, atacaron los barcos de la Flotilla Global Sumud
[2 de octubre de 2025].
Mi país Palestina
Hace años, una muchacha árabe
me enseñó a comer tabulé.
Eran tiempos en que soñaba visitar Al-Mughraq,
su mar y su monte Carmelo,
donde alguna vez transitó el profeta Elías.
Me gustaban los profetas porque tenían
conversaciones con Dios.
Pero Jehová sometió a Job a las peores ignominias
y avergonzado enmudeció.
Como el mundo actual, silenciado por la bestia,
con la lengua tragada por la peste de la avaricia.
Mientras Al-Mughraq es arrasada por las bombas
junto a la totalidad de la geografía Palestina,
asesinando a más de 58.000 palestinos,
la mitad, mujeres y niños.
Pero dice Mahmud Darwix:
Siempre que te alejes, te acercarás / y siempre que te maten, / vivirás”
Aleya del martes
Mi padre escuchó el llamado,
“venimos por la sangre de nuestros hijos,
prepara la piedra del altar”
Él respondió,
“solo obedezco la voz de mis versos”.
Sus cabellos encanecieron de repente,
su voz viajó con el humo de las piras.
Los enemigos de nuestra casa salaron el solar.
Todo es erial.
Aleya del miércoles
El desierto es mi casa.
Una huella en la arena
es la memoria de la infancia.
El viento acentúa el ultraje.
Dijeron que venían
en nombre del pueblo de un Dios.
Degollaron a mi padre.
A mis hermanos los pasaron a cuchillo.
Mi madre y mis hermanas,
vendidas como esclavas.
El horror secó mi vientre.
Aleya del jueves
La nieve cubre mis huesos.
De mi costilla no hay posibilidad de hombres.
Nos refugiamos a la sombra de Alá.
Pero fue más poderosa la metralla del Tamud.
Es el bautizo. El Dios del odio celebra su victoria.
Omar Ortiz Forero. Nació en Bogotá – Colombia en 1950. Poeta y ensayista, gestor cultural y abogado de la Universidad de Santo Tomás. Actualmente vive en Tuluá y está vinculado como docente de tiempo completo en la Universidad Central del Valle. Dirige desde 1987 la revista de poesía Luna Nueva. Ha publicado los libros de poesía: La tierra y el éter, 1979; Que Junda el Junde, 1982; Las muchachas del circo, 1983; Diez Regiones, 1986; Los espejos del olvido, 1991; Un Jardín para Milena, 1993; El libro de las cosas, Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia, 1995; La luna en el espejo, 1999; Los espejos del olvido, Antología, 1983-2002; Diario de los seres anónimos, 2002. Las Calles del Viento, 2004. Cequiagrande, 2011. Lista de Espera, 2017. Pequeña Historia de mi País, 2021. El Árbol es un pueblo con alas, Colección Piedra de la Locura de Nueva York Poetry Press, 2022. Paisajes mexicanos, 2024.