Soneto I
Me pierdo de mañana en tu mirada
y el bosque de tu luz, –verso y camino–,
que busca, en el sendero peregrino,
la llama en tu mirar –camino y nada–.
Me pierdo donde vive enajenada
la brizna del amor –canto mezquino–,
si nace en la pasión donde adivino
el brillo del albor –color y helada–.
Camino y verso, canto desgarrado,
amor y brizna, lágrima escarchada,
castillo y nada, nada en el sendero,
mañana, bosque, luces y alborada,
pasión y brillo, brillo emocionado,
me hieres con tus ojos y su acero.
Soneto II
Dejadme que me pierda en la belleza
que siento caminando por su seno,
pasión de luz, amor, puro veneno,
rincón sin fe, la jungla y la maleza.
Dejadme que me pierda en la dureza
que siento cuando nada tiene freno,
silencio, calma, verso tan ajeno
como un soneto triste que bosteza.
Dejadme que la siga y que la vida
desviva su color, si sus colores
se pierden en la selva donde vive.
Sus ojos serán luz con los albores,
sus besos una noche inmerecida,
sus curvas la pasión de quien la escribe.
Soneto III
Me siento como el vino inmerecido
que gusta de la boca que lo ampara,
bebido por tu labio en la almenara
de labio y labio en fuego colorido.
Y sigo mi camino, aunque perdido,
buscando la mansión del alba clara
que mira en tu belleza, al sol avara,
la rara claridad del oro habido.
Las briznas, la hojarasca, los albores,
las llamas del crepúsculo lejano,
verano, invierno, rara primavera,
lo dice tu mirar siendo temprano,
lo dice su belleza, sus colores,
la luz enajenada de la espera.
De Me pierdo de mañana en tu mirada
Sonetos de una muy buena factura con sus rimas en el primero: ABBA ABBA CAD ACD; el segundo: ABBA ABBA CDF DCF; y el tercero ABBA ABBA CDF DCF. Y sus anáforas: “Me pierdo” en el primero, donde también se repiten palabras como camino verso canto, sendero y nada; y “Dejadme que me pierda” en el segundo, que en el tema parece una continuación del soneto anterior, ese camino que puede ser el cuerpo de la amada es una jungla, maleza por donde desea perderse el yo poético y donde se destacan los versos: “silencio, calma, verso tan ajeno/ como un soneto triste que bosteza.” El tercero parece haber satisfecho sus deseos y haber disfrutado felizmente la belleza, “la luz enajenada de la espera”. Sonetos que se prestan muy bien para ser leídos en voz alta y escuchar su ritmo, su musicalidad.
José Ramón Muñiz Álvarez. Licenciado en filología hispánica y especialista en asturiano Profesor de Lengua castellana y Literatura en la Comunidad de Castilla y León. Ha publicado con Letralia, Tierra de letras y otras revistas